“No hay margen ni para ajustar ni para pedirle a la Argentina un cambio o volantazo brusco de la economía”, dijo Nicolás Zeolla, economista jefe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (Fide). El investigador puso el foco en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que consideró “razonable” ya que le permite al país refinanciar vencimientos que no podría haber afrontado en el actual contexto, y alcanzar un desahogo financiero.
Para el economista de la fundación que preside la titular de Afip, Mercedes Marcó del Pont, el entendimiento con el organismo internacional abre la posibilidad de sostener el crecimiento que viene experimentando la Argentina en el último año y administrar todas las tensiones financieras y del frente externo, que no hubiese podido enfrentar sin el acuerdo. También es la plataforma para la evolución de la actividad económica, que en el arranque de este año está traccionada por el consumo. “Estimamos que el crecimiento de la actividad estará cerca del 4% pero dependerá de si existe alguna turbulencia financiera con los desembolsos del FMI y de cuál será el resultado del shock inflacionario externo respecto de la recomposición del poder de compra de las jubilaciones y de los salarios”, dijo.
-El acuerdo se da en un momento muy particular en el que Argentina ya casi se quedaba sin aire para lograr la refinanciación de los pagos de los vencimientos del 2022. En breve vence un pago muy importante de más de 2.800 millones de dólares que, con las reservas del Banco Central, era imposible afrontarlo. Creo que se logra el objetivo más importante, que es refinanciar esos vencimientos con un acuerdo que, desde mi punto de vista, es razonable en sus principales puntos. Creo que está bien. Tiene algunos elementos importantes en términos de lo estructural, como la no necesidad de encarar una reforma estructural que ponga en peligro el sostenimiento del crecimiento. También se abren algunos interrogantes sobre lo que se viene. Pero lo más importante es que se hizo un acuerdo posible, razonable, que permite que Argentina continúe con la recuperación. Se analiza sobre si podría haber sido mejor. Obviamente, visto en perspectiva, quizás dos años atrás algunos planteos eran más lógicos y correctos. Pero llegado a este punto, lo importante era poder garantizar que la Argentina continúe el sendero de recuperación.
-¿Creés que el proceso de negociación fue correcto?
-Las negociaciones son una hoja en blanco. Opciones hay un montón. El tema es cómo uno llega a esa mesa, con qué fortaleza y ahí tenemos toda una gama de grises. Lo que tenemos hoy hacia adelante es un acuerdo que permite refinanciar la deuda en condiciones razonables. No hay nada garantizado pero las exigencias son alcanzables en los términos que funciona la economía argentina, más allá de los detalles finos. Recordemos que hay compromisos de disminución gradual del déficit fiscal, sobre la acumulación de reservas y de reducir la emisión del BCRA. En este caso hay diversos grados de dificultad para alcanzar esos objetivos, pero tienen que ver sobre todo con el cambio en el contexto internacional. Me parece que ese es el principal desafío que tiene el gobierno. El acuerdo necesita revisiones trimestrales y, bajo ese contexto, se habilitan los desembolsos para pagar la deuda que tenemos con el Fondo. Es como un circuito de ida y vuelta. El gran signo de pregunta es qué sucederá si el objetivo y el esquema de reducción gradual del déficit y la convergencia que plantea el FMI no se alcanza. Cuál va a ser la exigencia, si habrá o no ciertas consideraciones para la economía argentina. Yo creo que están dadas las condiciones para arribar a buen puerto. El 2022 está marcado por las dificultades del conflicto entre Ucrania y Rusia y el proceso de aceleración inflacionaria. Todo eso está sobre la mesa y no lo estaba al momento de empezar a negociar la letra chica del acuerdo. Sin embargo, creo que todo es entendible, justificable, si se trata de desajustes de la hoja de ruta original, incluso en los propios términos que el FMI entiende de la economía argentina. Porque básicamente no hay margen ni para ajustar ni para pedirle a la Argentina un cambio o volantazo brusco. Por eso, el objetivo es no interrumpir el crecimiento y administrar todas estas tensiones financieras y del frente externo, que de alguna manera se alcanzan con el acuerdo. Luego hay que ponerse a trabajar y los márgenes de error son muchísimo menores. El tiempo es una variable clave, tanto por el monitoreo trimestral como también por los tiempos políticos. Dos años atrás había tiempo para la gestión del gobierno y con las posibilidades para salirse del molde que habilitaba la pandemia. Ahora todo eso entró en una nueva etapa, en un mundo que es una fuente de shocks y dificultades. Hay que ponerse a hacer todo lo que el gobierno pensaba hacer y tenía en agenda tras el acuerdo y que éste no lo impide, como la segmentación tarifaria, el financiamiento con el mercado, etcétera.
-¿Es alcanzable mantener los niveles de recaudación o crecimiento y cumplir las metas con el Fondo? ¿Existe la posibilidad de abrir una discusión, aún en el marco del acuerdo sobre volver permanente el impuesto a las grandes fortunas o lograr alguna estructura impositiva un poco más progresiva?
-Creo que, con o sin el Fondo, eso no cambia. Todo lo que aumente la recaudación, visto desde la perspectiva ortodoxa, que es la que comparte el FMI, no representa un problema. Si vas al FMI con una propuesta de aumentar la recaudación no te va a bajar el pulgar. Creo que a veces se sobredimensiona mucho lo que el Fondo pretende de nosotros. Lo único que le importa es que la economía muestre un sendero en el que hay dólares para volver a pagarle.
-¿Cómo ve la actividad económica tanto a la luz del acuerdo como de esta aceleración inflacionaria? Fide había hecho una estimación de crecimiento para 2022 por arriba del 4% ¿Lo mantienen?
-Creo que sí. Eso se mantiene. Era un escenario base, un punto de partida. La gran incógnita es si vamos a estar más cerca del 4% o por debajo y eso tiene que ver con dos aspectos. Primero, trimestre a trimestre, como se van a ir negociando los aspectos del acuerdo, si va a haber alguna turbulencia financiera con los desembolsos y el repago con el FMI. Segundo, y considerando que todo eso se encamine, cuál va a ser el resultado del shock inflacionario externo, versus la recomposición del poder de compra de jubilaciones, salarios. Porque el crecimiento del salario, que nosotros pensamos que tiene que ser una variable innegociable del 2022, es la garantía para que la economía siga mostrando esta dinámica. Hay que tener en cuenta que en este primer trimestre el factor más dinámico de crecimiento es el consumo. El año pasado eran la industria y la construcción, pero con la normalización de todas las actividades, la economía viene escalando en niveles de actividad gracias al consumo. Y es vital que esta segunda o tercera oleada de recuperación se sostenga en el tiempo.
-En la última semana el presidente Alberto Fernández habló de comenzar la guerra contra la inflación. ¿Cómo analizás la batería de medidas que se están tomando?
-Es vital desacoplar el impacto de la economía internacional de los precios locales. Encontrar una herramienta para administrar las consecuencias de la suba de los precios internacionales y que eso no implique un aumento de la pobreza ni de una interrupción del crecimiento. Porque estas subas fueron inesperadas y pasajeras, no van a seguir estos niveles durante años sino que están asociadas a un evento extraordinario. Hay una herramienta de las más tradicionales en Argentina, que es desacoplar los precios externos con retenciones. El esquema político actual hace que eso no sea lo deseable en un 100% y se busque una salida intermedia, entre no intervenir y subir las retenciones, que son estos fideicomisos. Básicamente, parte de lo que se recaude con la modificación de algunas de las retenciones, va a ir a subsidiar de manera cruzada el precio interno de alimentos. Eso es lo que se espera. Ahí hay que ver quién lo va a administrar, cuál va a ser la magnitud del subsidio cruzado, en qué medida eso va a ser recaudación.
-Al impacto de la guerra se suma además que la FED subió la tasa interés ¿Ese combo generará un escenario más complicado para la Argentina este año?
-Esa corrección gradual de la tasa de interés de la FED ya se preveía desde principio de año. Lo que para mí cambia es cómo eso se da en un escenario internacional más complejo. Sin dudas la suba de la tasa de interés internacional nos va a pegar, no por lo financiero, ya que Argentina por la deuda no depende de los flujos de capitales, pero sí por el canal comercial. Porque hoy estamos viendo precios internacionales de las materias primas que cuando Estados Unidos corrija y suba la tasa de interés seguramente tiendan a disminuir, algo que suele pasar. Ese sería el impacto. Pero aún falta mucho. El mundo está muy turbulento como para andar proyectando cuál va ser impacto de esto sobre la economía argentina. De todos modos, marca una tendencia que es la del final de la pandemia y eso sí se preveía de antemano.