Economía

El Rosariazo proletario: la rebelión de los trabajadores

Los hechos de septiembre de 1969 que comenzaron con la huelga ferroviaria en la ciudad y desataron el levantamiento popular.

Domingo 22 de Septiembre de 2019

“La Unión Ferroviaria”, había sido intervenida, por la dictadura del general Onganía, anulándose convenios y conquistas, hubo rebajas de categorías y de sueldos, 116.000 empleados y obreros fueron castigados por haberse plegados a varios paros, se aplicó la ley de represión al comunismo, y se encarceló a numerosos dirigentes.

El 8 de septiembre de 1969, el cuerpo de delegados de la Seccional Rosario del Ferrocarril Mitre y la Comisión Coordinadora de la Unión Ferroviaria comunicaban que “se iniciaba una huelga de brazos caídos en los lugares de trabajo”, tras la suspensión del delegado administrativo Mario J.Horat por su negativa de notificarse de su suspensión por la adhesión a varios paros nacionales.

Pararon ese día los 1500 trabajadores de los Talleres de Rosario y los 2500 de Pérez, de Villa Diego, personal administrativo y del Galpón de Alistamiento de Máquinas Diesel. Por la noche en una masiva asamblea se voto continuar la huelga, esta vez por 72 hs, con la adhesión de La Fraternidad. La medida se extendió a las Seccionales de Arroyo Seco, Empalme, Villa Constitución, San Nicolás, Cañada de Gómez y Casilda.

La empresa anuncio suspensiones masivas, los delegados ferroviarios contestaron declarando la huelga por tiempo indeterminado a partir del día 12.

La CGT Rosario se declaró en estado de alerta y convoco a un plenario.

Mientras la solidaridad del resto de los ferroviarios se extendía por todo el país a través de paros, la empresa continuaba amenazando y el gobierno nacional a través del Consejo Nacional de Seguridad (Conase), advertía primeramente y luego por el decreto 5324/69 ordenaba la aplicación de la “Ley de Defensa Civil”, por el cual todo el personal ferroviario era movilizado, con convocatoria militar y les sería aplicado el Código de Justicia Militar.

Los diarios titularon “Dispusose la movilización del personal ferroviario”, y el decreto no dejaba dudas de las intenciones represivas “el personal masculino convocado, mayor de 18 años queda sometido a las disposiciones del código de justicia militar, a su reglamentación, por lo que el incumplimiento de las órdenes que reciba para la realización de las tareas y las demás infracciones delictivas o disciplinarias en las que incurriere será reprimido”.

Del estado de alerta al paro

La solidaridad, ya no provendría solo de los ferroviarios, sino que tras el plenario de 32 gremios de la “CGT Unificada de Rosario”, donde asistieron 5000 personas entre trabajadores y universitarios, se resolvió realizar un paro por 38 horas, los días 16 y 17.

La convocatoria decía: “Los trabajadores rosarinos paramos 38 horas, en total solidaridad con los compañeros ferroviarios represaliados por el actual gobierno por ejercer un derecho Constitucional que la insensibilidad del régimen cercena. La nueva farsa de las paritarias donde se pretende legalizar un nuevo congelamiento de salarios, las leyes represivas y la de movilización son pautas elocuentes de que se nos quiere retrotraer a épocas que muy bien conocemos los trabajadores”.

Los estudiantes universitarios y los más diversos partidos políticos se sumaron al paro.

Columnas obreras por las calles

El 16 desde las 10 hs las masivas columnas de los sindicatos comenzaron a marchar desde sus sedes sindicales o de los lugares de trabajo. Desde La Fraternidad (Crespo 163) más de 7000 ferroviarios, se dirigieron a la empresa Minetti (Molinos Harineros), se sumaron los obreros textiles de Extesa, luego se incorporan los trabajadores del vidrio, de la construcción. Partiendo de Bv. Oroño al 1300, marcho una columna de Luz y Fuerza, otra salió de la Usina de Sorrento. Del sur, venían los obreros portuarios, del frigorífico Swift, y los metalúrgicos.

Los estudiantes concentrados en las distintas facultades se unían a las columnas obreras. Todos trataban de converger al local de la CGT, en Córdoba al 2100.

Al comenzar la represión policial, esta lograba parcialmente dispersar a los manifestantes, que resistían y al estar organizados para la autodefensa, se reagrupan y continuaban luchando.

Por toda la ciudad, se levantaban barricadas en donde se encontraban peronistas, radicales, comunistas, socialistas.

Los puntos de concentración aumentaban, se incendiaban los colectivos y troles que no paraban, y la policía se fue replegando, sólo tenían aseguradas las manzanas que rodeaban y concentran distintas instituciones estatales, entre ellas la sede del Comando del II Cuerpo de Ejército, la Jefatura de Policía, los Tribunales y las radioemisoras más importantes.

El II Rosariazo o Rosariazo proletario estaba en marcha.

Todos a los barrios

Con el correr de las horas, era cada vez mayor la cantidad de vecinos que se suman a la protesta, y la lucha se desplazó a los barrios, concentrándose principalmente en las zonas norte y sur.

Se incorporan las amas de casa y los niños, que durante toda la jornada se turnaron para mantener en actividad las barricadas, donde se improvisaban espontaneas asambleas donde se discutía como seguir la resistencia y se controlaban quienes ingresaban a la zona.

Las fuerzas policiales provinciales, de la Federal, y de Gendarmería, fueron desbordadas, no conseguían penetrar en Empalme Graneros, Tablada, en algunas zonas de Arroyito, en los barrios de la zona sur y oeste.

El Ejército, se hizo cargo de la represión, comenzó a recuperar el control de la ciudad, y emitió una serie de comunicados: Comunicado Nº 1. Advertía que se abriría fuego sin previo aviso ante cualquier desmán o atentado. El Comunicado Nº 2 informó que la Agrupación de Combate G ocupó objetivos ferroviarios en reemplazo de la Gendarmería Nacional. El Comunicado Nº 3, notificaba que habían abierto fuego en la zona de Sorrento contra grupos de activistas. Participaba de la represión un desconocido general Leopoldo Galtieri.

La furia anti dictatorial se extendió por toda la ciudad, y luego de dos días de lucha por las calles rosarinas, el saldo de esas jornadas fue: Dos muertos, veinticinco heridos, centenares de detenidos. Daños materiales, 11 trolebuses y 15 ómnibus del servicio urbano e interurbano incendiados, otros 40 deteriorados; 3 estaciones ferroviarias incendiadas, 100 garitas, retenes y cabinas, vagones, vidrieras rotas, algunos incendios de galpones de fábricas.

Una historia bien guardada

Ante esa masiva protesta de la clase obrera y el pueblo de Rosario, por lo que significó política y socialmente en el desarrollo y crecimiento de distintos gremios, activistas sindicales, agrupaciones obreras y políticas, muchos nos preguntamos junto con la historiadora Beba Balvé ¿Porque el “Rosariazo proletario sigue siendo el hecho maldito de la ciudad. De eso no se habla, no se recuerda, pareciera que el fuego anti dictatorial continuara quemando”?

¿Por qué se sigue pensando que solo hubo un Rosariazo? ¿Por qué la movilización de masas en lucha más importe de la historia de la ciudad, los cálculos de la población que participó de esas jornadas van desde las 100.000 a las 250.000, no se recuerda, o se lo recuerda en pequeños círculos?

¿Por qué? Se hacían actos, notas, mesas redondas, por otros acontecimientos, y no de ese alzamiento popular.

Pero la tozuda voluntad de varios militantes por recuperar y mantener viva la memoria histórica de ese acontecimiento, hizo que desde hace unos años de eso se Hable, se Recuerde, cada vez aparecen más publicaciones, videos, películas, jornadas de homenaje y debate.

Debemos recordar a los dos Rosariazos, el de mayo y el de septiembre, porque si algo los caracterizo fue la decisión de luchar de cada columna, en todas las barricadas hubo solidaridad, bronca anti dictatorial, y alegría por la libertad conquistada en cada barrio.

¿Qué significaron los azos del 69?

Desde 1969, todo se aceleró y constituyo un punto de viraje en la evolución del país. Se vivió un proceso de cambios entre los trabajadores, estudiantes universitarios, partidos políticos, y en las principales tendencias que se expresaban dentro de la dictadura.

El Cordobazo y los Rosariazos, expresaron la explosión de la bronca, acumulada en varios años de deterioro económico-social, opresión política y gremial, la proscripción del peronismo, perdida de conquistas históricas de los asalariados y deseos de cambios.

Esos alzamientos populares tuvieron como protagonistas, fundamentalmente a la clase obrera y a los universitarios que fueron las fuerzas con que contó el movimiento anti dictatorial. Esos movimientos de masas actuaron como factores de presión para cambios dentro del propio gobierno nacional y dejaron dos consecuencias: comenzó a enterrarse el proyecto que no tenía plazos, y se inició un proceso político en toda la sociedad. Las grandes movilizaciones demostraron la capacidad de lucha, creatividad, y solidaridad del pueblo.

La esquina peligrosa

El impacto de los alzamientos populares, abrieron un profundo debate entre la militancia, donde las diferencias aumentaron, se puso en cuestión a los partidos populares, planteos, métodos, ideas, y las formas de resolución de los conflictos sociales o políticos.

Se fracturaron y estallaron los partidos tradicionales de la izquierda, además la polémica se extendió entre el activismo peronista, donde surgieron nuevos grupos y organizaciones. En los pasillos y las aulas de las facultades, tanto estudiantes como docentes polemizaban desde el tipo de Universidad que necesitaba el país hasta las transformaciones necesarias.

En las fábricas y los gremios, los intercambios de opiniones se dieron sobre distintas problemáticas de los trabajadores y la sociedad. Aquí se adoptó una forma más encubierta, más en grupos, las asambleas y los debates en las fábricas llegarían con los conflictos sindicales.

La etapa abierta en 1969, fue un periodo de grandes cambios, en la que surgieron partidos políticos con un claro planteo anti sistema, gremios clasistas, combativos, grupos político-militares. Mientras que la movilización popular fue en ascenso.

Un tiempo plagado de sueños, encantamientos y de esperanzas por quienes los protagonizaron. Años idealizados por algunos y descalificados por otros. Años en que apareció una verdadera contracultura en las artes, las letras, la vida cotidiana, la sexualidad, la vestimenta, las costumbres. Y como escribió Adolfo Gilly, años que marcaron una “esquina peligrosa, una de aquellas en donde la historia pudo haber dado un viraje”.

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