Economía

El FMI cerca, los dólares lejos

La seca, la bajante del Paraná, las divisas

Domingo 01 de Agosto de 2021

El discurso del FMI se acerca cada vez más a lo que Argentina necesita para renegociar su deuda. Los problemas estructurales que tiene el país son difíciles de sortear. El clima de sequía y la baja del Paraná nos juegan en contra.

Desde el exterior el discurso del FMI es música para los oídos del gobierno. El FMI aprobará una línea de u$s 50.000 millones para poner fin a la pandemia, sugiere un acceso irrestricto a la liquidez internacional, distribuirá el equivalente a u$s 650.000 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) la moneda del FMI. Los países que no necesiten estos fondos podrían ponerlos a disposición de economías con problemas de liquidez.

Argentina recibiría a fines de agosto u$s 4.530 millones en DEG, que en principio serían utilizados para cancelar deuda con el FMI, estaría dispuesto a firmar con el FMI un acuerdo de facilidades extendidas a 10 años, comenzaría a pagar dicha deuda a mediados del año 2026, la tasa de interés podría reducirse a niveles muy bajos, lo que le podría generar al país un ahorro de u$s 1.000 millones.

El FMI cree que las economías avanzadas crecerán rápido ya que su población ha tenido un rápido acceso a las vacunas, mientras que en el mundo emergente esto no ha ocurrido, la brecha se acrecentará en los próximos 12 meses, y el mundo emergente crecerá menos que las economías avanzadas. América Latina crecería el 5,8% en 2021 y el 3,2% en 2022. Argentina, en 2021, crecería el 6,2% según el FMI, pero en 2022 se ubicaría por debajo de la media de la región ya que se proyecta una mejora del 2,4%.

Hasta aquí todo es esperanza, pero ahora debemos pasar a la realidad cotidiana, en donde el pavimento está cada vez más deteriorado.

El Banco Central República Argentina (BCRA) sigue siendo el gran financiador de la Tesorería. En los primeros 7 meses del año le transfirió al Tesoro la friolera de $ 510.000 millones, de los cuales $180.000 millones lo hizo en el último mes. En lo que va del año el BCRA pagó intereses por su stock de deuda por $ 660.000 millones.

Las reservas del BCRA bajaron a los u$s 42.837 millones, se redujeron en u$s 550 millones respecto a un año atrás. Está claro que esta economía no genera dólares suficientes para financiar las importaciones, pagar la deuda y acumular reservas. Los dólares son y serán escasos bajo este programa económico.

El stock de deuda del BCRA ascendió a la friolera de $3.773.081.000.000, que equivale a u$s 39.068 millones medidos a dólar oficial.

Con datos al mes de junio de 2021 la deuda en pesos de la Tesorería asciende a $ 8.465.208.000.000, que equivale a u$s 88.431 millones medidos a dólar oficial. Esta deuda en pesos está constituida en un 41,6% en deuda a tasa nominal, y 58,4% en deuda ajustada por inflación.

El total de la deuda en pesos medida en dólar oficial asciende a u$s137.499 millones, es una bola de nieve imposible de financiar bajo las condiciones actuales.

Argentina tiene un déficit fiscal primario equivalente a u$s 11.159 millones, y paga por intereses de la deuda de Tesorería y el BCRA un total de u$s 17.444 millones. El déficit total asciende a u$s 28.604 millones, 8,4% del PBI.

¿Qué sucede en la coyuntura?

El gobierno está llevando adelante una tarea coordinada para bajarle presión al dólar blue. En primer lugar, vendió reservas, le pagó al Club de París una parte de la deuda, está negociando con el FMI, restringió las importaciones, vendió dólares en el mercado de futuro y está refinanciando la deuda en pesos en el mercado. Los resultados no aparecen como el gobierno desea, pero esta acción coordinada puede alejar al dólar blue de los máximos en la primera quincena de agosto.

De fondo los problemas persisten y se agravan, el déficit fiscal no se detiene, y el BCRA no para de asistir a la Tesorería. La deuda en pesos es una bola de nieve que cada vez es más grande y no detiene su marcha ascendente.

La inflación no deja de ser elevada, pero el gobierno persiste en la política de anclar el tipo de cambio, algo que por el momento está llamando a no liquidar exportaciones, dado que el dólar oficial, en lo que va del año, aumentó el 15%, mientras la inflación se ubicaría en torno del 30%.

A futuro los problemas se potencian, los pronósticos climáticos comienzan a presagiar un segundo año niña para el campo, esto significa nueva sequía, las napas están muy secas, si no hay buenos rindes hay que preparase para un problema estructural en el sector agrícola, los impagos estarán a la vuelta de la esquina.

Sequía es sinónimo de menos ingresos de dólares y recaudación fiscal para el país. A estos problemas habría que sumarle la baja en el río Paraná, los buques salen con un 20% menos de carga, esto encarece la logística y termina perdiendo el Estado y el productor.

Este escenario augura menos ingresos de dólares vía exportaciones, ergo habrá que reducir las importaciones, y la consecuencia inmediata será menos crecimiento económico. No hay súper ciclo de suba de las materias primas, el FMI se encargó de aclarar que hay muchas tareas por desarrollar, vamos a un mundo con crecimiento muy desparejo y alta desigualdad.

En conclusión, el mundo nos está ayudando, tenemos buenos precios de materias primas, hemos reestructurado la deuda privada, y el FMI está permeable para una negociación.

El clima nos juega una muy mala pasada, la seca del Paraná nos deja sin la principal vía de salida de nuestras exportaciones, mayores costos de logística, y menos generación de energía hidroeléctrica, con lo cual las importaciones de combustible crecerán en los meses sucesivos.

El resultado fiscal es extremadamente negativo, hay que financiar el 70% de todos los gastos, y no podemos reducir el gasto público porque 90% es gasto social.

El equilibrio fiscal es una condición necesaria pero no suficiente para crecer, Argentina necesita un plan de desarrollo económico que sea impulsado por la clase política argentina. Las fotos de la presentación de listas para competir en las elecciones legislativas nos muestran lejos de un objetivo común para desarrollar el país.

Animo para enfrentar a todas estas adversidades, las empresas deben ser más productivas, por ende, invertir e innovar sigue siendo el camino a pesar de que la macro no nos sonría.

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