Eduardo Curia fue uno de los economistas alineados con el modelo de la
posdevaluación que salió primero a advertir que el gobierno debía tomar en serio el problema
inflacionario. Ahora, está preocupado por la política cambiaria. El ex viceministro de Economía
advirtió que la decisión del Banco Central de planchar el dólar es entendible en la medida que sea
una "respuesta circunstancial" a las repercusiones financieras del conflicto agropecuario. Pero
advirtió que esa reacción "agrava una tendencia" de apreciación que está minando la competitividad
de las empresas.
El asesor de la Unión Industrial Argentina (UIA) estuvo en Rosario para
participar de los actos de celebración del 65º aniversario de la Asociación de Industriales
Metalúrgicos (AIM). Advirtió que la "perpetuación" del conflicto agropecuario puede "horadar las
expectativas" y sugirió al gobierno "retonificarlas" a través de una política que incluya moderar
la demanda nominal y evitar que el dólar se siga depreciando.
—¿Cuánto afectó el conflicto agropecuario a la economía?
—El conflicto, con los decibeles que tomó en los últimos meses, empalmó
con algunos problemas que venían de arrastre. Este fenómeno llevó a contaminar bastante el paisaje
económico global. Fue como una onda expansiva que afectó expectativas y tuvo repercusión en el
frente cambiario y financiero, a punto tal que el Banco Central salió a responder con esta política
tan particular de dólar bajo y tasas que se van para arriba. Si bien el nivel de actividad general
viene con una inercia impresionante, hubo mordidas al crecimiento. Lo más grave es la perpetuación
del conflicto, porque puede horadar las expectativas y tener un elemento de entropía muy
grande.
—¿La inflación es la principal variable que afecta la salud del modelo?
—Es el tema urgente pero el tema importante es el cambiario. El problema
de la inflación empieza porque se mide con un barómetro muy discutido. Los ajustes salariales para
este año, que van del 24% al 35%, traducen una visión tácita de inflación muy alta. Cargan con esa
referencia. Esto ocurre con un dólar planchado, que, nominalmente, incluso baja. Esto es muy
riesgoso. Quiere decir que tenemos que accionar urgente la inflación, con metas bianuales
descendentes, políticas salariales ajustadas a esas metas, políticas fiscales con más disciplina y
algún trabajo sobre los subsidios. Pero también hay que dar respuesta en el frente cambiario. El
tipo de cambio ya no es claramente competitivo.
—¿Esta política de dólar bajo es de largo plazo o está relacionada con la necesidad
de maniobrar en el marco del conflicto con el agro?
—Hay una tendencia que viene de antes de esta situación, y que está
marcando una apreciación cambiaria complicada y complicante. Uno quiere creer que frente a esta
contaminación ambiental por la crisis agraria, con efectos en el mercado financiero y cambiario, el
Central salió a copar la parada. Pero hay que reconocer que en función de una respuesta que
suponemos circunstancial se agravó la tendencia.
—Si en algún momento se retoma la política de sostener el tipo de cambio, también
impactará en la inflación.
—Estamos en un dilema. El valor de equilibrio del dólar es hoy cuatro
pesos. Eso no quiere decir que aliente una macrodevaluación para llevarlo a ese nivel. Quiero
marcar el desvío que hay. Hay que ir por partes. Lo urgente es atacar la inflación, luego hay que
empalmar con el tema cambiario. Lo que uno tiene que hacer es no perder más paridad y, quizás
marginalmente, recuperar algo. Eso se hace con una política de deslizamiento, atendiendo a la
inflación interna. No es seguir cualquier inflación sino inflación ordenada. Este es el juego que
hay que hacer y los más rápido que se pueda.
—Los gremios aceptaron anclar las expectativas salariales, pero los precios no tienen
ancla. ¿Esto no significa que hay otros sectores que tienen resignar ingresos?
—Los gremios hicieron un análisis de la inflación anual y pactaron un
salario. En lugar de pensar en un ajuste nuevo todos los meses, los convenios se hicieron al plazo
más largo posible, pero cubriéndose como con una prima de riesgo. Por supuesto, si el tema
inflacionario trepidara, nadie está exento de un planteo en el último trimestre. En la medida que
esto suceda, el costo salarial en dólares volverá a la época de la convertibilidad. En un proceso
en el cual, no hay que olvidarlo, si bien baja el desempleo, el empleo crece menos. El tema crucial
es que el modelo necesita una demanda fuerte, pero hoy está sobreexpandida. Lo que muchos sectores
creen que son ingresos, en rigor son ingresos nominales. Debería tratarse de podar este juego de
expectativas, que se realimentan. Entonces, con una inflación esperada que baje, incluso pensando
que en este proceso de afianzamiento alguien pudiera perder algo, en definitiva termina ganando. Es
importante que la inflación de mañana sea menor que la de hoy. Hoy estamos en una puja de ingresos
nominales. Si la sociedad se deja llevar por la alegría de esa puja, estamos fritos.
—¿El sector industrial puede resignar rentabilidad para bajar la inflación?
—Los sectores que eran ganadores del modelo tenían altos porcentajes de rentabilidad.
Ahora se ha producido una caída muy clara. Por eso hay que llegar a un esquema de relativa
estabilidad en los márgenes de todo tipo. Llegó el momento en que si el gobierno no hace un
esfuerzo por lograr que se entienda que estas son las referencias, la puja abierta será cada vez
más peligrosa.