"Hay que modificar el modo de gestión política". Así definió el presidente de Federación Agraria
Argentina, a la hora de analizar la forma en que se puede capitalizar la protesta agropecuaria.
Convencido de que es el momento de una construcción desde el interior a través de gobernadores,
legisladores y presidentes de comunas, el titular de los federados cree que la crisis con el campo
fue el detonante de un "malhumor subyacente y acumulado" que "explotó todo junto".
Más allá de la oligarquía "hay también una pequeña y mediana burguesía que en
estos cuatro o cinco años vio que se podía prosperar y hoy está muy irritada", dijo para ponerle
forma a la expresión de las bases que hoy están nuevamente en las rutas. Pero también, a su juicio,
"aparecen condiciones que demuestran que ya no hace falta pedirle permiso a la Casa Rosada",
agregó.
—¿Cuál es el desafío para el sector en términos de construcción de aquí en
adelante?
—Hay que alterar, modificar, el modo de gestión política. Hay condiciones
para eso. Empieza a haber un microclima interesante y con los intendentes, con los dirigentes que
incluso son del Frente para la Victoria que terminan poniendo la cara en las asambleas y
comprometiéndose con sus lugares.
—¿Hay margen para que los gobernadores avancen sin cortar con el gobierno
nacional?
—Eso se expresa en cosas concretas. Por ejemplo, el miércoles un conjunto
de 25 diputados nacionales, incluyendo kirchneristas como Depetris de Barrios de Pie, Victoria
Donda o Humberto Tumini de Libres del Sur, firmaron un comunicado en el que fijan una agenda
parlamentaria donde ponen la extranjerización de la tierra, la ley de arrendamiento, las juntas
nacionales de granos y carnes. Entonces, me pregunto por qué no firmarían y aprobarían estos
proyectos en el Congreso los legisladores que son de las provincias. Acá aparecen condiciones que
demuestran que ya no hace falta pedirle permiso a la Casa Rosada. Sería bueno que se animen a
legislar en función de la gente que los votó. Este problema no se resuelve con una modificación de
la resolución 125. Se empieza a resolver por la vía legislativa, pariendo las leyes que hay que
parir.
—¿Qué cambió para generarse este escenario enrarecido? ¿El campo fue el fósforo que
encendió la mecha?
—Creo que sí. En realidad había muchas cosas subyacentes. Había malhumor
incluso en los que mayoritariamente le otorgaron la continuidad a Néstor Kirchner, porque eso es
Cristina. Pero también había conflictos pendientes que se exacerban con las mentiras del Indec. No
existen lugares para discutir. Se van acumulando cosas. El gobierno asegura que la macroeconomía
está bien pero mientras tanto se dan necesidades de caja. Se combinan la crisis internacional y el
problema de los 6.000 millones de dólares de financiamiento necesarios para refinanciar deuda.
Entonces dicen "hagamos una especie de autoblindaje y vamos por más recaudación". Se imaginaron que
tocar a un 3 o 4 por ciento del electorado no podía generar problemas en un momento en que había
una renta extraordinaria en la soja y fueron por eso. Pero resulta que había muchas cosas que
estaban acumuladas y explotaron todas juntas. Los lecheros, los ganaderos y, con eso, el impacto
sobre la agroindustria y demás sectores y, en consecuencia, en el poder político local. Esa
necesidad de financiamiento hace que el intento de llevarse de un manotazo 2.000 millones de renta
agropecuaria derive en la puesta en discusión de muchísimas otras cuestiones que estaban
anestesiadas.
—Sin embargo el gobierno es respaldado por otros sectores económicos.
—El gobierno mantiene su alianza con Techint y con el sector financiero,
sobre el cual «cacarean» pero no modifican la ley de entidades financieras que es de la época de
Martínez de Hoz. Hacen una elección sobre quiénes son sus aliados, que le garantizan cierta
estabilidad. Por caso, la CGT pactó un techo salarial del 19,5 por ciento y a la Unión Industrial
Argentina (UIA) le siguen dando condiciones para producir a costos más bajos. Entonces, Techint
puede exportar y tener rentabilidad, Urquía (de Aceitera General Deheza) y Pagani (Arcor) también.
Esa es la elección. Me parece que no midieron el impacto que iba a desencadenar tocar al actor
rural.
—¿Hay una concepción vieja del campo?
—Hoy el campo es el 34 por ciento del empleo nacional, tanto agropecuario
como agroindustrial y agroalimentario. Eso es el sector. También la industria frigorífica,
metalúrgica. Se parte del concepto de la oligarquía ganadera, que existe, pero que ha mutado. La
vieja oligarquía ganadera ya no es parte del gobierno ni puede incidir. En todo caso ahora
habilitan a que existan nuevos terratenientes, como los extranjeros o los dueños de aeropuertos y
supermercados que compran tierras. Frente a eso también hay una pequeña y mediana burguesía que en
estos cuatro o cinco años vio que se podía prosperar y hoy está muy irritada.