La presidenta Cristina Fernández arribó ayer por la tarde a Los Cabos, en el Estado mexicano de Baja California Sur, para participar desde hoy y por dos días de a VII Cumbre del Grupo de los 20 (G-20). Llegó proveniente de Nueva York, adonde el jueves, ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, volvió a reclamar al Reino Unido que acepte sentarse a negociar para discutir sobre la soberanía de las Islas Malvinas.
La primera actividad de Fernández en tierras mexicanas fue anoche en una cena ofrecida por su par y anfitrión, Felipe Calderón, en homenaje a los mandatarios del G-20 que se lleguen a ese exclusivo destino turístico ubicado sobre el Mar de Cortés.
El tiempo para el inicio de la Cumbre del G-20, la nueva cita cara a cara de los principales responsables de sacar al mundo del borde del precipicio al que la crisis de la eurozona amenaza de nuevo con lanzarlo, se cuenta ya por horas.
Entre la noche del domingo y la madrugada del lunes, los jefes de Estado y de gobierno del G-20 llegan para tratar de evitar a orillas de un apacible mar un nuevo tsunami económico de consecuencias impredecibles.
Muchos de ellos aún volaban cuando se conocía uno de los factores claves para el futuro del euro y, por ende, de la coyuntura global: el resultado de las elecciones en Grecia, donde el país heleno se juega su futuro en la unión monetaria europea.
Otros, como el español Mariano Rajoy, llegan a Los Cabos entre la ansiedad y el desconcierto por la falta de respuesta positiva de los mercados a decisiones como la oferta de un rescate multimillonario a la banca española que el eurogrupo aprobó apenas una semana atrás.
Con unas perspectivas tan sombrías, se multiplican los mensajes de apremio a los líderes reunidos a partir de hoy en Los Cabos para que hagan un gesto contundente que devuelva la confianza en la hasta ahora potente maquinaria económica europea.
La presión le llega a Europa ya de todas partes. También en los días previos a la cumbre otros altos responsables de la economía mundial le dieron un nuevo toque de atención urgente a los europeos, desde el FMI al gobierno de un Barack Obama que teme que una nueva recesión europea pueda afectar sus aspiraciones de reelección en noviembre.
Una unidad en los mensajes a Europa que sin embargo no caracterizaron el sentimiento reinante las últimas semanas entre los líderes apelados.
De hecho, éstos llegan a Los Cabos marcados por lo que amenaza con ser una división difícil de superar entre la estrategia de austeridad reclamada por Alemania y la demanda de combinar esto con una agenda del crecimiento que proclama Francia, que con la llegada del socialista François Hollande al Elíseo rompió el eje Berlín-París que venía dictando la estrategia europea.
Sin embargo, en Los Cabos podrían darse cuanto menos algunas esperadas señales de acercamiento.
Hollande le envió a la canciller alemana, Angela Merkel, y a otros líderes europeos una propuesta para un "Pacto de Crecimiento en Europa" por valor de 120.000 millones de euros, que también contendría algunas concesiones de Francia respecto de los eurobonos.
Si bien buena parte de estas propuestas deberían madurarse en la cumbre de la UE que se celebrará a finales de mes, en Los Cabos cualquier palabra, gesto o señal que pueda dar una mínima indicación de hacia dónde se dirige Europa será analizada hasta el mínimo detalle.