Economía

Ajustar pasado, presente y futuro

El gobierno está mostrando un cambio brutal en la forma de manejar la economía.

Domingo 15 de Julio de 2018

El gobierno dio un giro copernicano. Enterró el gradualismo y va a un durísimo ajuste fiscal y monetario. Las consecuencias serán muy duras, pretenden planchar al dólar, con la suba de la tasa a sangre y fuego.

El gobierno está mostrando un cambio brutal en la forma de manejar la economía.

El Banco Central va camino a un gran saneamiento, lo capitalizaran y buscarán limpiar su pasivo de Lebac. Esto dejará un Banco Central con pocos pasivos financieros, se buscará fortalecer las reservas y mostrar una entidad verdaderamente independiente. En el mientras tanto, la principal función del organismo es mantener el dólar con poca volatilidad, entre $27 y $28. Para ello, en lo que va de junio y julio subieron fuertemente los encajes y sacaron de la calle unos $125.000 millones, si no hubieran tomado esa medida el dólar hoy estaba arriba de $30.

Con la suba de encajes el Banco Central busca tener menos dinero en la calle, y moderar el crecimiento del crédito al sector privado, con una tasa sumamente cara. En buen romance, lleva a la economía a una dura recesión. La tasa de política monetaria está en el 40 por ciento anual. La tasa de Lebac arriba del 50 por ciento anual. Son exitosos conteniendo el tipo de cambio, pero dejan tierra arrasada en la economía real.

El Tesoro va a una reducción muy fuerte del déficit fiscal. Hace meses que los ingresos de Estado suben más que los gastos, y comienza a observarse una marcada corrección en el resultado fiscal. El gasto está bajando fuertemente en obras públicas, y se siguen tomando medidas para achicar a la mínima expresión al Estado. Las metas fijadas con el FMI son cumplibles, los desembolsos de fondos llegarán, lo que no podrán evitar es una menor actividad económica. Está asegurado el financiamiento hasta diciembre de 2019.

El tipo de cambio alto es necesario para licuar el gasto público. La suba del tipo de cambio es necesaria para licuar el gasto público que está en pesos, esto traerá como correlato una pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores del Estado y mayor conflictividad social. Con tipo de cambio alto, los viajes al exterior, la venta de autos y motos, como los créditos hipotecarios están cayendo notablemente.

Se viene una suba muy importante para combustibles, energía eléctrica y gas. Las tarifas se irán ajustando a la realidad, en pos de disminuir los subsidios y alivianar el gasto público. La suba de tarifas dañara el poder adquisitivo de los asalariados, les quitará rentabilidad a los negocios y esto invitará a un mayor consumo de las segundas marcas, que ya rondan el 20 por ciento del consumo masivo. En ciudades como Rosario dicho porcentaje trepa al 30 por ciento según la consultora Kantar Worldpanel.

La inflación para el año 2018 rondaría el 37 por ciento anual. Vemos una inflación que se acelera notablemente en la medida que atravesamos el segundo semestre. Esto obligara a que el Banco Central mantenga una tasa de política monetaria muy alta. La inflación reprimida por la no suba de tarifas y las paritarias que llegarán pronto hará que tengamos una suba importante de precios en los próximos seis meses. Salvo que, vuelvan a cambiar el cronograma de aumentos.

Que nos falta para poder estar mejor:

1 Nos falta inversión. Con las actuales tasas en pesos nadie está dispuesto a invertir. Por otro lado, una rigurosa legislación laboral y una alta presión tributaria no son buenas amigas de la inversión. Sin un plan de desgravación tributaria y flexibilización laboral será imposible que los indicadores de desempleo y pobreza mejoren en los próximos meses.

2 La falta de inversión implica menos oferta. La economía argentina se caracteriza por una baja oferta de productos, tenemos pocas empresas por rubro, no hay competencia, y cuando aparece un nuevo jugador opera en el sector informal lo que hace que el Estado siga oprimiendo al sector formal. No hay una política impositiva diferenciada para nuevos emprendedores, que tengan que pagar menos tributos hasta que ganen más escala. Como tampoco a las empresas que estén instaladas en el mercado y realicen inversiones nuevas.

3 El riesgo país es muy elevado. Los bonos argentinos a 10 años rinden el 9 por ciento anual, el bono de tesorería americano a 10 años rinde el 2,85 por ciento anual. El riesgo país es del 6,15 por ciento, o como se lo llama en la city 615 puntos. La media del riesgo país del mundo emergente se ubica en 380 puntos, esto implica que estamos 235 puntos por encima de la media de la región. Por un lado, no generamos confianza y, por otro lado, por no hacer nada ganas 9 por ciento anual en dólares, con este escenario imposible invertir.

4 No tenemos buenos precios internacionales de los productos que exportamos. Los precios de la soja y el maíz siguen bajando en Chicago. Si bien por el momento Argentina vivió una situación muy particular, y producto de la sequía la soja y el maíz cotizan por encima de las paridades de Chicago, sembrar a estos precios trae perdida en muchas zonas de la geografía argentina. El país se salva con una buena cosecha, eso implica una gran cantidad y buenos precios, por ahora no vemos la segunda parte de la ecuación, y la primera está si el clima nos acompaña.

Conclusión

El país mejora si ingresa más de lo que gasta, y exporta más de lo que importa. En el corto plazo no se pueden asegurar estas premisas, se está trabajando para superar los errores del pasado lejano, y los del pasado reciente. No ayudan mucho los negocios que hacemos los argentinos. Compramos la mitad de YPF a Repsol por u$s 5.000 millones, un fondo buitre nos reclama u$s 3.000 millones por dicha operación, y la empresa en Bolsa vale u$s 6.000 millones. Así no hay país y economía que aguante.

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