Durante la última dictadura argentina hubo un deterioro en la inversión y el apoyo a la investigación científica, lo que afectó negativamente el avance de la ciencia en el país. La represión y la censura limitaron la libertad de expresión y el intercambio de conocimientos científicos. Con la llegada de la democracia en 1983, hubo un cambio significativo. Se buscaron reconstruir las instituciones científicas y académica y se promovió la libertad de investigación, lo que permitió a los científicos retomar sus investigaciones y colaboraciones internacionales.
La ciencia también desempeñó un papel importante en la consolidación de la democracia al proporcionar conocimientos objetivos para la toma de decisiones políticas y sociales. Pero la mirada de los diferentes gobiernos democráticos fue diferente.
De los dichos de Domingo Cavallo que mandó a una científica a lavar los platos y la fuga de cerebros por la crisis económica de Fernando de la Rúa a la transformación de la secretaria de Ciencia, Tecnología e Innovación en Ministerio hubo muchos matices. Daniel Filmus, es el actual ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de Argentina. Pero también estuvo a cargo de esa cartera -que, además, incluía Educación- cuando Néstor Kirchner llegó al gobierno en 2003.
“La dictadura significó la etapa más oscurantista de la historia argentina para la ciencia y la tecnología. Con la vuelta a la democracia con el gobierno de Alfonsín y la incorporación de Manuel Sadowski como secretario de Ciencia y Técnica comenzó a recuperarse la tradición argentina y al mismo tiempo se produjo un proceso de normalización de las universidades, lo cual también introdujo pensamientos científicos, libertad de cátedra y libertad de investigación. Fue una etapa virtuosa. La década de los 90 fue muy dura porque para el modelo neoliberal la ciencia era totalmente intrascendente, de hecho Cavallo respondió a las críticas de los científicos mandándolos a lavar los platos”, recordó Filmus.
Luego hubo un período de crecimiento muy importante de la inversión en ciencia y tecnología entre 2003 y 2015. En 2007 se creó el Ministerio de Ciencia y Tecnología. “El presupuesto pasó del 0,2% del PBI en 2003 a 0,37% en 2015. Se incorporaron muchísimos investigadores, se crearon universidades, centros de investigación, se desarrolló el plan espacial y el plan nuclear, el plan Pampa Azul. También hubo leyes como la de biotecnología y la de software. Fue una etapa virtuosa que se agota con Macri, que vuelve a bajar el presupuesto de 0,37 a 0,22”, relató.
En medio de ese ajuste, muchos científicos repatriados desde 2003, con el programa Raíces, vuelven a irse por falta de perspectiva en la Argentina. En 2019 se retoma la iniciativa. “Las acciones más importantes tuvieron que ver con la ley de financiamiento de la ciencia y técnica, la ley de nano y biotecnología, la de economía de conocimiento, el plan de fortalecimiento de la innovación”, señaló.
En suma, Films evaluó que “con la vuelta democracia hubo un período de políticas pendulares y zigzagueantes, con una época de esplendor entre el 2003 y el 2015 , que se está recuperando ahora”.
“La principal enseñanza de la democracia es que tenemos que avanzar en política de Estado que no estén sometidas a los va a vivir en ese electorales”, subrayó.
¿Qué hitos se pueden mencionar en estos 40 años en materia de logros respecto de las políticas públicas de ciencia y tecnología?
Durante todos estos años Argentina ha desplegado en algunas áreas un trabajo enorme y sin lugar a dudas seguro, si uno tuviera que elegir alguno para destacar el plan espacial ha sido un éxito. Argentina es el único país de la región que fabrica sus propios satélites. En el sector nuclear exactamente lo mismo. Uno de los hitos más importantes fue la exportación del reactor Opal a Australia, que se inauguró en 2007. Otra área en la que Argentina tiene un desarrollo enorme es biotecnología, tanto la aplicada a la agricultura como a temas médicos. Quizás el HB4, la semilla transgénica que se desarrolló resistente a la sequía es uno de los logros y la de los hitos más importantes. También yo señalaría como un hito importante que la tercera exportación de Argentina en este momento sea la economía del conocimiento, con más de u$s 7.700 millones el año pasado. Eso genera la posibilidad de transformación de la matriz de exportaciones.
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Jura. Filmus fue ministro de Educación y Ciencia en el gobierno de Kirchner.
¿Qué significó la pandemia para la ciencia argentina?
La pandemia en Argentina fue un punto de inflexión para la ciencia argentina. La pandemia mostró lo contrario. Mostró la importancia de la investigación en ciencia básica porque fue justamente la que nos permitió rápidamente adecuarnos a esas nuevas necesidades cuando el mundo nos daba la espalda. Recordemos que desde el Conicet que se vendieron más de 10 millones kits de detección de Covid. Argentina no podía importar porque no había disponible. Hoy llevando la fase 2 y 3 de la vacuna contra el Covid que tanto Conicet como la Universidad de San Martín y el laboratorio Casará están llevando adelante, que esperamos tenerlo en los próximos meses la primera vacuna desarrollada Argentina. Eso va a generar tecnología para desarrollar muchas otras iniciativas más adelante. El prestigio de los científicos volvió a ocupar un lugar central en Argentina.
¿Cuáles son los desafíos para los próximos años para la ciencia en el país?
A mí me gustaría señalar tres grandes desafíos. El principal es transformar la ciencia en política de Estado para que no esté sometida a los vaivenes electorales. Esto está fortalecido por las leyes que se aprobaron y las que hoy están todavía en el Congreso para ser aprobadas, como la de innovación tecnológica en el 2030. En segundo lugar, hay que aplicar ese plan 2030, que plantea 10 prioridades para el país. Son prioridades que tienen que ver con las principales necesidades de nuestra gente, con la transformación del modelo productivo, con la posibilidad de aplicar las nuevas tecnologías digitales y de la Inteligencia Artificial en los procesos productivos, con la posibilidad de desarrollar estrategias que nos permitan hacer la transición energética, y utilizar los recursos que tiene Argentina hacia un mundo de energías renovables. Un plan que tiene temas como Pampa Azul, para investigar en la plataforma continental en el Océano Atlántico y que también incorpora la Antártida como parte de ese objeto de estudio. Pero también las problemáticas sociales están puestas entre los 10 temas el tema de la pobreza. Es un tema en el que la investigación puede aportar mucho. Está el tema de la educación, en la que hay que mejorar la calidad, y la investigación tiene mucho que decir. Está también el tema de los derechos humanos, las instituciones y el fortalecimiento de la democracia. El tercer desafío sería descentralizar la ciencia, que se encuentra concentrada todavía en 80 por ciento en Buenos Aires y la zona metropolitana, y hacer una ciencia mucho más federal, que atienda las necesidades de cada región y que permite agregar valor a las materias primas de cada región. Implica construir muchos centros de investigación en el interior, invertir mucho en equipamiento pero también generar las condiciones para un programa como Raíces Federal, que va a intentar que muchos investigadores tengan su sede de trabajo en el lugar donde nacieron, en el lugar donde son requeridos en cada una de las 23 provincias del país.