Cultura y Libros

Rara baraja de memoria

Domingo 04 de Agosto de 2019

UNO

Hago memoria de lo que no he vivido. Abro los recuerdos que no tengo y los despliego sobre un viejo mantel de hule. Trazo líneas con rumbos desconocidos. Hay gente ante mí que desconozco pero con la que he compartido una sobremesa en París, en un apartamento que tiene la misma soledad que tiene la selva boliviana que ahora está tan sola. ¿Cómo te va, Julio Cortázar? Raro homenaje este desde Rosario, en el que llueve porque siempre llueve cuando te nombro, como lloviera en Paris sin Aurora con la que brillaran así como así, como solía decir Vargas Llosa, o con Carol que tanto amaste en la cosmopista. Ahora estamos todos. No falta nadie Julio. Estamos en Camiri y estamos en Paris y estamos en La Habana y en Praga. Y estamos también en Rosario, escuchando el silencio de la soledad..

DOS

Cómo te va, Robert Desnos, cómo te va, Javier Héraud. Rara baraja de memoria los dos tan juntos esta noche, los dos tan lejos en la vida, Robert Desnos, Javier Héraud, en esta mesa a medianoche mirándose desde mis ojos, fumando el mismo cigarrillo que compartimos como el trago y este silencio de París, un cuarto piso donde estamos tan solos en la medianoche, arriba hay gente y la TV, abajo hay la TV y hay gente, el mundo de hoy, no el de mañana, Javier Héraud, Robert Desnos, la mesa llena de papeles, los restos de la cena fría, un disco de Edith Piaf, la mugre del hombre solo en casa sola, el libro abierto en cualquier página.

TRES

Cuando nació Robert Desnos, en París, en el 1900, no sabía que habría de morir a los 44 años, en el campo de concentración de Terezin, en el 45. Y no sabía que habría de ser poeta ni que se uniría a la Resistencia francesa. Y tampoco sabía que estaría de sobremesa con Cortázar sin estarlo y que estaría en estas líneas junto a Javier Héraud que nació en 1942 en Lima, Perú, muerto a balazos a los 21 años y que fuera poeta y guerrillero en esa extraña y lejana categoría en el cantar de la medianoche del mismo cigarrillo, mientras la Piaf gira en el disco de la belleza eterna.

CUATRO

"Diciembre 17. Moro e Inti cazaron una pava. Nosotros, Tuma, Rolando y yo, nos dedicamos a hacer la cueva secundaria que puede quedar lista mañana"... describe el Che en su diario y ahora están estas otras palabras de sobremesa en aquel Paris y en esta reunión que no estamos teniendo, mientras el silencio de la selva se mezcla con Desnos y con Héraud en el día que transcurre tan lejano mientras me pregunto ¿Cómo te va Julio Cortázar? Desde esta mesa llena de papeles te escribo entre unos gatos que podrían ser los tuyos después de una cena fría de mi ciudad, que está tan lejos, con un libro abierto en cualquier página.

CINCO

Llueve en París, llueve en Camiri, cómo te va, Régis Debray, llueve en La Habana, llueve en Praga, Elizabeth, el día llega cantando por los cañadones, llega con Tania y Michèle Firk, iremos juntos a los bailes de las esquinas liberadas, juntos de nuevo, juntos todos los que esta noche están tan lejos fumando el mismo cigarrillo del hombre solo en casa sola, y si tenemos suerte puede que también venga ese que mira siempre a lo lejos mientras nace el alba en la profunda selva.

SEIS

¿Dónde estás ahora Régis Debray, ahora que la selva ya no es selva sin el Che? ¿Dónde quedaron tus pasos que iban detrás del Comandante Guevara? ¿Dónde los pasos de Elizabeth cuando el amor los hizo amantes en aquellos sesenta cargados de revolución? ¿Dónde estás Tania con fusil en mano y la salud quebrada ante la muerte acechando? ¿Dónde está la bala que te mató finalmente a los 29 en punto de la pasión? ¿Dónde estás en esta noche de sobremesa en la que tu nombre resuena Tamara Bunke de mujer única de la línea de fuego? ¿Dónde está tu muerte Tania? ¿Y dónde estás Michèle Firk herida en Guatemala por última vez y para siempre? ¿Dónde están todos ahora que Julio ya no está y sin embargo los nombra en esta sobremesa de París en el tiempo de los tiempos?

SIETE

"Junio 26. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron —para atenderlo—, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo, con los relojes de los compañeros muertos anteriormente... lo llevaré, toda la guerra..." continúa relatando el Che en su diario mientras Cortázar sigue, a su vez, relatándolo en sus palabras que siguen relatándose en estas palabras como si la vida fuera juego de espejos y relojes que nunca termina. La revolución es un sueño eterno, pienso, parafraseando a Andrés Rivera. La revolución es un sueño eterno.

OCHO

Ha pasado el tiempo. Han pasado las muertes y ha pasado, en cierto modo, la pasión. Ha pasado Edith Piaf y ha pasado el París del apartamento en el que tuvimos esa sobremesa, que aún seguimos teniendo, todos juntos y más allá de nosotros mismos. Sin embargo, ahora que estamos tan lejos, creo que es posible fumar aún el mismo cigarrillo de las esquinas liberadas mientras las palabras bailan y el gato de Cortázar, que se llamaba Teodoro, solo maúlla en la memoria que nos queda.

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