Literatura infantil

"No hay que infantilizar al lector, ni menospreciarlo"

La ilustradora Yael Frankel goza de reconocimiento internacional y su último libro, El ascensor, está enteramente elaborado en blanco y negro

Domingo 01 de Noviembre de 2020

Una vez más, la literatura infantil argentina da muestras de la calidad de sus autores al obtener un nuevo reconocimiento internacional. Esta vez fue El ascensor, de la ilustradora Yael Frankel, publicado por la editorial Limonero, el título elegido para integrar el catálogo White Ravens de este año. Elaborado por la Biblioteca Juvenil Internacional de Munich, Alemania, sus especialistas en literatura infantil eligen cada año doscientos títulos de todo el mundo que consideran dignos de destacarse por su calidad y originalidad.

Con un formato alargado que reproduce el interior de un ascensor e ilustraciones enteramente en blanco y negro, cuenta un particular viaje en ascensor y todo lo que puede suceder cuando los vecinos de un edificio se quedan encerrados en él.

Su autora (cuyo libro A simple vista ya había sido seleccionado en 2015 para integrar ese mismo catálogo) agradece nuestras felicitaciones y asegura que, aunque no es un premio sino una selección entre muchos libros, se siente honrada de integrarlo junto a autores tan importantes de todo el mundo. “Es un lujo que un libro tuyo forme parte de esa biblioteca que tiene tanto prestigio. En el ámbito de la literatura infantil todos están esperando a ver a quién seleccionaron. Para la editorial también es un reconocimiento importante que le da a tu trabajo proyección internacional”.

—¿Cómo es el proceso de elaboración de tus libros?

—La verdad es que tengo “cero método”. Nunca empiezo por el mismo lugar, en principio para no aburrirme, porque soy muy inquieta. Tengo, como la libreta de notas de un escritor, una carpeta enorme llena de dibujos que podrán convertirse en historias, aunque la mayoría de las veces queden en una ilustración. En general, abordo cada libro por un lugar que no haya tocado porque me entusiasma explorar, entonces voy buscando técnicas nuevas, que no siempre me dan buenos resultados. A veces me doy cuenta de que por ese camino no pasa nada. Pero te diría que uso mucho papel, mucho collage. De hecho, recorto cien veces mejor de lo que dibujo.

—¿Cómo llegaste a la literatura infantil?

—Yo soy diseñadora gráfica y trabajé muchos años haciendo packaging en una empresa de juguetes para chicos, y lo que hacía era ilustrar las cajas de los juegos. En un momento me di cuenta de que yo no quería que mis ilustraciones quedaran en una caja sólo porque fueran lindas, que lo que yo quería era narrar. (Ahora que lo pienso, es una muy buena asociación el juego con la literatura infantil).

El ascensor tiene todos los componentes de un relato clásico: comienza con un viaje en el que se van sumando personajes (en un procedimiento propio del humor, como la escena del camarote de Una noche en la ópera, de los hermanos Marx) y termina con un relato enmarcado.

—¿Las referencias a la literatura son una característica en tus obras?

—No estoy muy segura. Esto fue un poco producto de una casualidad, como todo lo que pasa con mis proyectos inconclusos. Entre ellos había un cuento que se llamaba A mí no me importa. Cuando la historia de El ascensor llegaba a que los mellizos lloraban y entonces al señor Miguel se le ocurre contar un cuento, dije: voy a contar uno mío. Y al principio eran dos o tres frases solamente. Cuando lo presenté en Limonero, la editorial que lo publicó, la historia se fue ampliando y terminó como un relato dentro de un relato.

—Con un formato alargado -eso ya es una cosa rara-, las ilustraciones son xilografías en blanco y negro con pequeños detalles en rojo. Contame un poco las técnicas con las que trabajaste.

—En este caso es una simulación de un grabado, más que de una xilografía. Yo agarro partes de fotos para construir cada personaje y esos fragmentos fotográficos los voy ajustando según lo que voy necesitando. Los ojos y las expresiones faciales se las agrego yo con un lápiz digital. Todo el proceso es digital, de hecho El ascensor está elaborado enteramente con computadora.

Ascensor2.jpg

—¿Las herramientas del diseño gráfico te sirvieron para la elaboración de tus libros?

—Sí, porque el diseño te da una mirada, una estética, una manera de componer las imágenes propias del oficio y todo eso está en mi background evidentemente.

—¿Qué tipo de literatura infantil es la que más te gusta?

—Yo siempre fui fanática de la literatura infantil y les compraba muchos libros a mis hijos, pero en algún momento me di cuenta de que la biblioteca me la estaba armando para mí. Lo primero que a mí me llama la atención es lo estético así que, si la ilustración me gustaba, me lo llevaba sin prestarle atención al texto. Después me pasé al otro bando y empecé a poner atención en las buenas historias. Hoy necesito saber que la persona que lo escribió no infantilizó al lector, no lo menospreció.

—¿Estás trabajando en algún proyecto futuro?

—En este momento tengo tres libros infantiles a punto de salir. Uno en Italia, (Amor) a primera vista, por la editorial Kite. Y en Chile están por salir dos libros para bebés, de cartoné. Uno es Los músicos del barrio (del que no soy la autora del texto) y el otro, Té para los limones (del que sí soy la autora), por Amanuta.

Por otro lado, una editorial española me propuso que eligiera textos para adultos que me gustara ilustrar y yo elegí los cuentos de una escritora argentina que me encanta, Alejandra Kamiya, y la novela de Philippe Claudel La nieta del señor Linh. En este momento están negociando el tema de los derechos de autor, así que es muy probable que en breve estén saliendo.

Lejos de los estereotipos

Yael Frankel nació en Buenos Aires en 1967 y sus libros hoy son publicados en Francia, Italia, España, China, Corea del Sur, Colombia y Chile.

Entre todos sus referentes, elige a la argentina Isol en primer lugar, porque cree que puso a los chicos en un lugar de relevancia. Encuentra en todas sus historias complejidades, diferentes niveles de lectura y comparte con ella algo que muchos autores (y algunos editores) parecieran desconocer: que los libros para chicos son multiedad, circulan a través de distintos mediadores de lectura, y por lo tanto, siempre va a haber alguien que aclare lo que el pequeño lector no alcance a entender.

Cansada de las críticas a sus ilustraciones por tener “demasiado color negro”, considera que mostrarles a los chicos únicamente imágenes ultracoloridas y alegres es ponerlos en un lugar menor y estereotipado del que ella, definitivamente, elige desmarcarse.

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