Hay ciencias fácticas y las hay formales. Se ocupan respectivamente, del estudio de los hechos de la realidad y de sus estructuras lógico-matemáticas. Con sus correspondencias recíprocas.

Otra medulosa incursión del pensador rosarino en terrenos que ya ha convertido para nuestros lectores en familiares
Jean Piaget.
El gran jurista Hans Kelsen.
Hay ciencias fácticas y las hay formales. Se ocupan respectivamente, del estudio de los hechos de la realidad y de sus estructuras lógico-matemáticas. Con sus correspondencias recíprocas.
Jean Piaget, encomiable por haberse interesado en el estudio del desarrollo mental en la infancia, ve al inconsciente no sólo en lo instintivo sino en todo lo que en el niño no se conceptualiza. Entiende que el pasado infantil no condiciona -como se derivaría del complejo de Edipo en psicoanálisis- la vida del adulto de forma total sino que la personalidad es el resultado de una interacción entre el pasado y el presente de modo que éste modifica, también, retrospectivamente al anterior.
Y en todo caso, acotemos, el presente es fugaz (“tempus fugit”, ya decían los latinos), el pasado irrecuperable y el futuro incierto. Es por eso que la historia, desde que se la escribe, se lo hace con letra indecisa (aproximadamente...en tal época).
La psicología genética es la disciplina que se ocupa del origen y desarrollo evolutivo de la inteligencia infantil. Disciplina que Piaget considera rigurosamente experimental. Comprobando, con su método, que la actividad racional se inicia cuando el sujeto infantil aplica en los problemas que se le plantean, un orden susceptible de ser controlado por el pensamiento; y que es reversible el carácter con que se piensa y se experimenta, “intrínsecamente vinculado a las formas en que opera la inteligencia”.
Si bien ésta no es estrictamente una facultad congénita; los factores genéticos “no hacen más que abrir ciertas posibilidades”; y es que todas nuestras estructuras mentales tienen que construirse y la inteligencia es una facultad que opera merced a una sucesión de adaptaciones en equilibrio, entre dos mecanismos según él “indisociables”, de asimilación y acomodación: la inteligencia asimila los datos de la experiencia y los acomoda a las diversas circunstancias del medioambiente; entre éstas, algunas que se reproducen de forma general, como el lenguaje que emplea una sociedad, sus formas de razonamiento (socialmente) validadas, sus valores, las relaciones entre sus componentes.
Siendo la ontogenética la rama de la biología que estudia los cambios funcionales durante la vida de un ser. Sus etapas: la embriogénesis y la organogénesis. Por su parte, la ontogenia es el desarrollo del organismo individual y la filogenia la evolución de la especie (hasta el establecimiento de las primeras relaciones de parentesco).
Ya de adulto, el animal consciente y autoconsciente que creemos ser, opera en un medio cooperando con otros… sin dejar de estar ligado a sus propias coordinaciones nerviosas. Experiencia vivida que dejará en él huellas emocionales. Dentro de un desarrollo del conocimiento en general que es tanto individual como colectivo y en un tiempo histórico que se extiende, en nuestra civilización occidental, desde la filosofía antigua hasta la ciencia contemporánea.
Filosofía que no habrá de desaparecer sino ser el supuesto que abarca y comprende a otras disciplinas; como la Ontología (que se ocupa de la naturaleza del ser, la existencia y la realidad) y la Epistemología (que estudia precisamente los fundamentos, métodos, límites y validez del conocimiento científico).
Y “huellas emocionales” dijimos. Porque si Dios, como se ha sostenido, se expresa en sus obras, los humanos lo imitamos con las nuestras. Es cuando, como en nuestros mejores intentos, la sensibilidad eleva el sentimiento y empuja una emoción que nos devuelve a ese silencio contemplativo que es anterior, inclusive, a la palabra escrita.
Y hay asimismo un conocimiento sociológico que condiciona aún a la epistemología misma en su propio objeto o contenido, puesto que el conocimiento humano es esencialmente colectivo y la vida social constituye uno de los factores esenciales de su formación y aumento.
En primer lugar hay entonces una sociología animal así como una psicología animal, estrechamente ligadas, pues las funciones mentales de los animales que viven en sociedad están también por ésta condicionadas; y las investigaciones muestran la directa interacción que ocurre en toda organización viviente, tanto en las elementales como en las sociedades en sentido propio.
Sólo que a partir de la sociología animal, el modo de explicación propiamente sociológico comienza a distinguirse del análisis biológico. Es que el hecho social se diferencia ya del hecho orgánico y requiere de una interpretación especial: al lado de las conductas instintivas (de montaje hereditario ligado a estructuras orgánicas) existen ya, en los animales sociales, interacciones exteriores entre individuos del mismo grupo familiar o gregario, las cuales modifican su conducta (lenguaje por gestos, gritos en vertebrados superiores, educación a base de imitación, adiestramiento…) constituidas por transmisiones que son externas y modifican el comportamiento individual, suponiendo pues, un nuevo análisis que atienda al conjunto del grupo como sistema de interdependencias constructivas, no alcanzando ya con la sola explicación biológica de estructuras orgánicas o instintivas.
Y en segundo lugar, la misma sociología humana tiene relaciones con esa rama de la biología que es la antropología o estudio del hombre físico en sus genotipos (razas) y en sus poblaciones fenotípicas (el genotipo, relativo a la herencia y el fenotipo, a las adquisiciones del medio).
Adquisición de operaciones intelectuales que, como se ve, no se reducen a lo neurológico sino que, entre lo biológico y lo social, anida lo mental; en un paso que es simultáneo: de lo biológico a lo psicológico y social. Es que no hay tres naturalezas humanas (física, mental y social), sino conductas humanas con dos aspectos: el mental y el social. Sólo que aquí, el “yo” es reemplazado por un “nosotros” y las acciones y operaciones, por interacciones que son conductas que se modifican las unas a las otras… sin dejar de ser el hombre una unidad, con sus funciones mentalizadas, asimismo socializadas. Y siendo las representaciones colectivas por su parte, irreductibles a las individuales (cuyas síntesis constituyen).
Habiéndose intentado por ello una “inter-disciplina” entre ciencias fácticas y formales: los hechos, su cuantificación y formalización, mencionados al principio de este trabajo.
Que es algebraica y axiomática. Lo primero, por aplicación de las ciencias formales y exactas (Lógica, Matemática), con un lenguaje algebraico para expresar la necesidad del ordenamiento social y del equilibrio de los intercambios interindividuales… Y axiomática decíamos, como la intentada por Hans Kelsen en el Derecho, con su “teoría pura” y su “norma fundamental”, de la cual él dice derivar (deductivamente) todo su sistema… sólo que tal norma no es más que un hecho, y es que la sociedad reconoce el valor normativo de ese orden… con lo cual nos vemos devueltos a la realidad social, que nos sirviera de base al presente análisis.
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