Cultura y Libros

El homenaje como punto de apoyo de palabras que palpitan

Orlando Valdez emprende una particular reescritura de la obra del poeta Fabricio Simeoni.

Domingo 29 de Septiembre de 2019

Luego de la lectura, intensa, repetida, visceral de los ocho libros que Simeoni publicara en vida, aparecen los poemas de este volumen, homenaje por un lado, pero también especie particular, donde se produce, rumiando la obra ajena. Podríamos pensar en aquellos Versos sobre fragmentos de Heráclito de Francisco Gandolfo incluidos en Plenitud del mito.

Nueve poemas extensos —donde la voz citada, cuando es textual, aparece destacada—, que son precedidos por un poema completo de Simeoni, y donde Valdez deja de lado la brevedad que se advierte en general en su obra —ha publicado en poesía ya El hondo silencio de toda locura, La cobardía feroz del silencio y El mezquino trazo del acto—, pero no la personal respiración de su voz.

En estas correspondencias, Valdez dirá "que sólo los que caen/ prueban la dulzura/ de lo dulce/ la carne al corromperse", llama a su homenajeado "compadre/ de la sed". Atisba que si bien "un lugar/ es un montón/ de tierra/ desparramada/ algo/ que se atasca/ en la intemperie", hay "algo más que un soplo/ en la unción del tiempo".

Se traza entonces una simetría, una correspondencia entre las palabras, siempre vivas, siempre palpitantes, que hacen que sigan resonando los ecos de ese verbo creador en nuestra frágil condición; y entre las personas también, en el asombroso entramado de los afectos, trascendiendo las dimensiones.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

LAS MAS LEÍDAS