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El escultor que revive a los árboles

El artista rosarino Fabián Rucco crea un mundo de formas a partir de madera recuperada. Su obra, reconocida en el mundo, dialoga con el paisaje urbano y abre ventanas a la sensibilidad. Un diálogo revelador en su estudio del barrio La Florida.

Domingo 05 de Agosto de 2018

Basta con atravesar la puerta de la casa de Fabián Rucco en el barrio La Florida para comprobar que la madera está ahí. Firme, sólida y cálida, aparece como parte de su cotidiano. Late en las obras acomodadas en fila en el ingreso, en el pasamanos de la escalera perfectamente tallado en forma de curvas, en los trozos apilados que conducen a su taller también plagado de trabajos en proceso.

La madera es algo que lo acompaña desde hace ya años. Rucco es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Nacional de Rosario, donde actualmente es docente con especialización en escultura, y expone desde hace más de quince años, individual y colectivamente, en museos, centros culturales y galerías de arte. En 2016 fue declarado artista distinguido por el Concejo Municipal de Rosario. Su obra, con figuraciones humanas y expresiones que denotan muchas veces cierto dramatismo, interpela y convive tanto en espacios públicos de la ciudad, plazas y parques, como en lugares privados y acaso exclusivos, como las torres Nordlink o el hotel RosTower.

Aunque la madera no fue desde el comienzo el insumo que eligió como parte de su creación, una vez que lo descubrió, dice, "me conecté con ella de una forma particular y para siempre".

"La madera me atrapó como material por lo que expresa. La calidez que tiene me cautivó. No sabía mucho cómo se trataba, tuve que conocerla. La experiencia y el diálogo con ese material requiere de años para poder hacer lo que uno pretende en la obra", explica.

A veces la intercala con hierros y metales pero nunca la abandona por completo. Posee más de una treintena de obras emplazadas en espacios públicos en diferentes ciudades de Alemania, Argentina, Chile, Dinamarca, España, Francia, Holanda, Japón, Lituania, Perú, Tailandia y Uruguay. En Rosario parte de su trabajo a cielo abierto se puede ver en el Paseo Pichincha, ubicado en la Estación de Trenes Rosario Norte, donde instaló Instrucciones para volar, que más que obra es un recorrido. "Está compuesta por cinco esculturas que representan a un hombre y su comunicación con un ave. El personaje va transformando su fisonomía hasta que al final y, como conclusión de la obra, se transforma en un pájaro en vuelo", cuenta Rucco.

La serie utiliza como materia prima madera de árboles que, por motivos técnicos, fueron retirados de la vía pública y posteriormente reemplazados por nuevos ejemplares. El proyecto nació de la Secretaría de Parques y Paseos de la Municipalidad de Rosario, que fue la que convocó al artista.

"Trabajamos con árboles que estaban viejos, dañados, y que fueron retirados por riesgo de caídas", dice el escultor. Curiosamente las obras no están hechas con el tronco de los eucaliptos, sino con las ramas podadas, que son de gran porte. Al interior están atravesadas por un esqueleto de hierros cruzados y entarugados, y la madera fue tratada para que pese a estar al aire libre tenga durabilidad en el tiempo.

Realizar las esculturas del paseo fue para Rucco un desafío, y trabajar con madera recuperada todo un gusto. Porque reciclar es otra de las partes del proceso que más más le gusta: toda la madera que trabaja es de desecho. Nunca utiliza material orgánico que le provoque un daño al ambiente natural.

"Si las tienen que desechar deben llevarlas a un relleno sanitario hasta que se biodegraden en un tiempo que podría ser de más de cien años. La idea de este paseo fue devolver al espacio público esta madera, que también estaba en el espacio público", explicó.

El tema que aborda con el recorrido de esculturas es el de la incomunicación con la naturaleza. "Aprender de los pájaros es algo fabuloso", asegura.

Soledad, pobreza, intemperie, abandono y angustia son algunos de los mensajes que se desprenden de sus obras. Como la escultura del niño desnutrido que realizó en 2001 y fue premiada ni bien terminó de cursar la carrera de Bellas Artes o la del niño descalzo, con camiseta de Argentina, sentado sobre una pelota de cuero y un paraguas (que parece dejarlo más desprotegido que amparado) que hasta hace poco se pudo ver en el hall del hotel cinco estrellas de Mitre y Catamarca. Actualmente esas figuras de la infancia dialogan con otras menos dramáticas, como el prototipo de la escultura de un niño sobre una patineta sosteniendo a una nena que lleva en su mano una flor, y fue diseñada para una plaza de la provincia de Entre Ríos.

"Mi tema es la niñez. Tengo dos hijas y eso hoy me vuela los pelos como nada en el mundo. Las observo, las miro todo el tiempo, me enseñan", cuenta, tan feliz como conmovido.

En 2017 expuso una serie de trabajos en el Centro Cultural Fontanarrosa bajo el nombre de Juegos unplugged. Están dedicados a sus hijas con la idea de reivindicar esos juegos desenchufados, que no tienen nada que ver con las nuevas tecnologías. "Una niña agachada debajo de una silla es una obra que trata de jugar a la escondida, o la de una pelota, o la de un avión de papel, o la de un papá que lleva a cococho a su hija, que es la última que hice", explica.

Para Rucco el arte es un puente de comunicación. Elige figuraciones directas que ―pese a lo poético― se basen en la simpleza del mensaje. Y es así que esos árboles, que antes estuvieron vivos, en sus manos reviven a través de formas que impulsan sí o sí a ser miradas.

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