Cultura y Libros

Canciones que viajan en el tiempo

En un libro que compila textos de destacados especialistas se procura desentrañar las misteriosas razones por las que algunos temas musicales trascienden la época en la que fueron creados.

Domingo 22 de Marzo de 2020

¿Por qué una canción se convierte en un clásico? ¿Qué fuerzas —históricas, sociales, estéticas— se entrecruzan para que un artefacto hecho de acordes y palabras trascienda la época de su creación? ¿Cuál es el trayecto vital de una canción que, tras su publicación, se asienta en el imaginario colectivo por décadas? Estas son algunas de las preguntas que dieron origen a Las mil y una vidas de las canciones, un libro compilado por los compositores e investigadores Martín Liut y Abel Gilbert, y publicado por Gourmet Musical, en el que un grupo de especialistas busca respuestas desde enfoques diferentes.

Las mil y una vidas de las canciones nació como un proyecto del área de música de la Universidad Nacional de Quilmes, bajo el nombre de “Territorios de la música argentina contemporánea”, y los ensayos que lo integran atraviesan el tango, el folclore, la cumbia, el rock, la canción de autor y la música clásica, y examinan, entre los estudios culturales, la sociología y la musicología, el tránsito de un puñado de composiciones centrales en nuestra cultura popular.

En el prólogo del libro, Pablo Semán destaca la condición trashumante que posee una canción porque, como toda obra artística, una vez publicada, se integra a un mapa sociocultural en el que su sentido original sufre modificaciones por las posibles reinterpretaciones de otros artistas y, también, por la manera en que el público puede releerla en un contexto diferente al de su creación: “Acá se comprueba aquello que se dice de los libros y de las obras en general: una vez salidas de la intimidad del autor, son del público, de otros músicos, de la crítica, de la industria, de los algoritmos que las depositan en audiencias imprevisibles, en fin, de la historia que la dejó crecer en el espíritu del autor como obra, o de la historia que la llevó a ser en otro futuro y otro tiempo publicidad, videoclip, memoria de una resistencia política”.

Las canciones seleccionadas por los especialistas comparten una característica, la de haber viajado en el tiempo no como piezas culturales inmóviles sino como entes vivos cuyo contenido primigenio se fue modificando en las diferentes relecturas que recibieron con el paso de los años.

Así, Liut desgrana la trayectoria de Aurora, de Héctor Panizza, desde su escritura como parte de una ópera a principios del siglo XX, pasando por su omnipresencia en los patios de las escuelas durante la última dictadura hasta su reaparición en los años 90 en el solo de guitarra de Walter Giardino en la canción Patria, del grupo de heavy metal Rata Blanca, y en el film Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis.

Abel Gilbert, por su parte, para analizar Canción para un niño en la calle, que popularizó Mercedes Sosa y cuya letra es un fragmento del poema Hay un niño en la calle, de Armando Tejada Gómez, despliega un mapa atravesado por referencias políticas —la filiación de su autor al Partido Comunista—, cinematográficas —el film Crónica de un niño solo (1965), de Leonardo Favio—, televisivas —el dibujo animado Hijitus—, tangueras —Chiquilín de Bachín— y también literarias, al releer el poema de Tejada Gómez al trasluz del relato El niño proletario, de Osvaldo Lamborghini.

Gilbert también se ocupa de la historia de Todavía cantamos, que Víctor Heredia compuso tras la desaparición de su hermana embarazada y su marido. La canción, con el tiempo, se transformó en la melodía más escuchada en los estadios de fútbol y en las marchas de diferentes agrupaciones políticas.

La composición de Heredia transitó un recorrido, según explica Gilbert, que “la inscribe tempranamente dentro de la órbita cultural del Partido Comunista en medio de la dictadura militar (1976-1983), pasa más tarde a la Juventud Peronista y a las tribunas. Décadas después de sonar por primera vez llega al programa televisivo TVR como melodía de soporte para comentar la coyuntura. Todavía cantamos tiene varias estaciones más de reescritura: académica, música incidental de una película sobre la Guerra Fría y de vuelta (y devuelta) a la calle, canto identitario del kirchnerismo. Meandros que convocan a Friedrich Nietzsche: a partir de cierto momento no existe el hecho (es decir, la canción) sino sus interpretaciones espontáneas”.

La reinterpretación del cuarto movimiento del Concierto para piano N°1 de Alberto Ginastera por parte de Emerson, Lake & Palmer, el grupo británico de rock sinfónico, denominada Toccata e incluida en el álbum Brain Salad Surgery (1973), le da pie a Norberto Cambiasso para bucear en los experimentos no exentos de tensiones que, a mediados de los años 70, algunas agrupaciones del rock argentino —Alas, en particular— llevaron adelante al incorporar a sus propuestas elementos del tango, el folclore y la música clásica.

Cambalache, No me arrepiento de este amor, Quimey Neuquén y La bordona son otras de las composiciones analizadas en un libro que, al tiempo que responde algunos de los interrogantes que le dieron origen, despliega otros igualmente estimulantes, y abre perspectivas innovadoras para futuras reflexiones sobre la música popular argentina.

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