La detención del hincha de Rosario Central que desde la tribuna arrojó el proyectil que hirió al jugador de Peñarol Maximiliano Olivera en la Copa Libertadores fue resultado de una pesquisa donde la tecnología aplicada a la seguridad y control de espectáculos deportivos resultó clave. El agresor fue identificado porque distintas cámaras lo captaron desde el momento previo al ataque hasta su salida de la cancha. La información adicional en el sistema de admisión al estadio jugó también su aporte.
Pero una vez más, junto con la novedad de la pesquisa, hay otro rasgo saliente derivado de la identificación de la persona de 50 años que irá a audiencia imputativa entre lunes y martes próximo solicitada por el fiscal Fernando Dalmau. Se repite algo que no es novedad en el campo de la violencia ligada al deporte. Y es que, según se advierte, el ejecutor no pertenece a la clientela usual del sistema penal, que suelen ser personas de limitados recursos materiales y culturales. El detenido es un empleado de una empresa de telefonía, que vive en un barrio de sectores medios y que en sus redes sociales muestra haber estado de vacaciones en el exterior. Se trata además de un socio del club que, según otros asociados, debió pagar 42 mil pesos para asistir a los tres cotejos que como local jugará Central en la fase inicial del más importante certamen continental.
Algo que recuerda a una tragedia, de dimensión incomparable por su gravedad, que es el ataque letal que sufrió Ivana Garcilazo hace seis meses. Es la joven de 32 años que fue atacada a pedradas luego de que Rosario Central se impusiera 1 a 0 a Newell's en octubre pasado. La agresión a Ivana, el 30 de septiembre último, fue cuando pasaba en moto con un atuendo de Central por cercanías del estadio de Newell's. Por el hecho que terminó en homicidio están indicados Ariel Cabrera, imputado y detenido, y Damián Reinfenstuel, que se encuentra prófugo. Ambos son personas de clase media, sin antecedentes penales, dedicados a tareas docentes. Cabrera es profesor de Educación Física y Reinfenstuel profesor de Química.
¿Cómo fue el trabajo para ubicar al agresor presunto? Se utilizaron cámaras para cuadricular la zona desde donde se había arrojado el proyectil en el partido en que Central derrotó 1 a 0 a Peñarol el 4 de abril pasado. Se determinó el movimiento del atacante que arrojó un proyectil que, no está determinado, podría haber sido un encendedor. Se estableció que el agresor tenía indumentaria de Central: un buzo atado al hombro, un pantalón negro, unas zapatillas luego secuestradas. Algo que fue decisivo fue un gorro del equipo canalla blanco con el escudo en el medio, que no es de uso tan común. Desde el lugar donde arrojó el proyectil no había nadie cerca con un gorro parecido.
>>Leer más: Crimen de Ivana Garcilazo: se entregó Ariel Cabrera y quedó detenido
Se realizó un seguimiento de esa persona empalmando con todas las cámaras que tomaron su recorrido hasta la salida del Gigante y también antes de la agresión. Se advirtió que el seguido tenía los antebrazos cubiertos de tatuajes de manera particular. El gorro fue importante para su seguimiento
En ese horario además se controlaron los pases de las tarjetas de ingreso junto con las cámaras y en el molinete queda la referencia de la persona. Luego, el Club Atlético Rosario Central aportó al Ministerio Público de la Acusación la ficha de socio del agresor presunto identificado, donde constan su dirección y datos personales. La autoría, según fuentes del MPA, no presenta ninguna duda.
La acción que ocasionó un corte en la cara del jugador uruguayo que requirió sutura merecerá una imputación penal por lesiones leves agravadas por ser cometidas en un espectáculo deportivo, lo que regula el artículo 2 de la ley 24192, lo que intensifica la penalización justamente los delitos que se producen en esos contextos en el ámbito de concurrencia pública. Estará en concurso con el delito de promoción de tumultos y desórdenes públicos, referido a la intimidación pública.
Este último accesorio legal es el más grave y puede implicar una pena de dos a cuatro años de prisión, lo que habilita una condena de ejecución condicional, lo que implica que es muy probable que el señalado, tras la imputación, atraviese el trámite en libertad.
Una cosa que se determinó es que el proyectil que concretó el ataque es un objeto pequeño aún no determinado. Podría ser un encendedor, pero no es según los participantes de la pesquisa un trozo de hormigón que circuló en fotografías.