Escribo estas pocas líneas cansado de escuchar a nuestros gobernantes hablar de capacidad, sinceridad y honestidad. Hablar que el delito de Skanka es un delito entre privados y luego separan funcionarios. Que el sobre en el armario de una ministra era para negocios inmobiliarios. Que las retenciones sólo sirven para bancar la burocracia, y luego son para distribuir riqueza y luego para pagar deuda. Que cada vez hay menos pobres e indigentes, y la gente muere por desnutrición. Que los jubilados están cada día mejor, pero sus haberes no cubren el límite de la pobreza. Que el delito es una sensación, que se está luchando contra el tráfico de drogas, y los traficantes dan fondos a la campaña política. Que las valijas con dinero entran en aviones oficiales y cuando las cosas se complican hablamos de extraditar al que dejamos irse. Que los datos del Indec son reales; y es cierto, son tan reales como el Don que falta: la vergüenza.































