Hace algunos años atrás, esta frase que le escuchamos decir al histriónico Tato Bores nos llamó mucho la atención y se quedó grabada en nuestra cabeza para siempre. Porque refleja el "no compromiso" de aquellos que no quieren pasar por irreverentes o disconformes con lo que los rodea pero a la vez quieren que otros les solucionen aquellas cosas que les molestan o que les causan incomodidad o hasta perjuicio. Y la verdad es que los primeros responsables y hacedores de nuestro futuro somos nosotros mismos. Es cierto que es más "cómodo" culpar a la sociedad, al entorno, al gobierno de turno o la propia familia por lo que nos pasa, pero en esa culpa estamos inmersos de cabeza cada uno de nosotros en nuestras propias conductas, actitudes, procederes y decisiones. A veces hace falta levantar la cabeza del nido y asomarse tratando de entender lo que nos rodea, haciendo una abstracción de lo que sentimos íntimamente, para poder comprender lo que pasa y lo que nos pasa. Y cuando alcanzamos esa imagen nueva, está en nosotros actuar en consecuencia. Este proceso es el que hemos hecho los vecinos de Pichincha cuando, finalmente, decidimos tomar el "toro por las astas" y arremeter contra todo aquello que nos modificaba la vida de manera grosera, angustiante, irresponsable y dañina. Somos un grupo en crecimiento, abierto a contener a todo aquel que se identifique con nosotros y que padezca nuestros mismos problemas. Pero no somos un "organismo municipal" ni una "sociedad de beneficencia". Necesitamos que cada uno se comprometa, asuma su responsabilidad y tome cartas en el asunto. No somos los padres de nadie, en todo caso, nos "hermana" cierta problemática. No nos demanden que hagamos o digamos lo que cada uno no está dispuesto a demandar o decir. O mejor aún, hagamos valer nuestro status de "ciudadanos" ante quienes ejercen el poder que les delegamos. "No se queje, si no se queja". Nosotros nos quejamos. ¿Y ustedes? ¿Qué es lo que están esperando?


























