Me permito relatarle brevemente a la señora Yanina M. Perrini mi experiencia como mamá de un jugador de rugby del Jockey Club de Rosario. Mi hijo se incorporó en la práctica de este deporte a los 9 años, hoy juega en la M 17; yo ignoraba todo respecto a esta disciplina pero tenía el preconcepto de que era un deporte "violento". Soy testigo de que desde que mi hijo comenzó en la escuela de rugby los mensajes transmitidos con palabras y ejemplos por entrenadores, mánagers y padres que asiduamente concurren a los partidos están muy lejos de alentar y fomentar en los adolescentes actitudes violentas y mucho menos asesinas. Sería muy largo relatar todo lo que el ambiente del rugby aportó a mi familia y a mi hijo; en particular este deporte le permitió entre otras cosas elevar su autoestima y ser incluido en un equipo tal y como él es, junto a la posibilidad de compartir con sus compañeros experiencias que lo fortalecieron física, psíquica y emocionalmente. Creo que el espíritu de todos los que aman de verdad este deporte dista mucho de las acusaciones y malas interpretaciones que algunas pícaras personas hacen quién sabe con qué intenciones. Puedo asegurarle a esta mamá que si el ambiente en el que se desarrollan las prácticas y entrenamientos en el Jockey Club fueran para estimular a la violencia mi hijo hace mucho tiempo que hubiese abandonado el ejercicio de esta noble disciplina. No hay razón... para acusar a los padres de avalar una actitud que usted califica como asesina y que para quienes entienden de rugby saben que las palabras que dijo el entrenador, "Bajá al apertura", significa tackle al apertura.































