Hace ya dos años que me mudé a barrio Rucci. La verdad es que es un barrio muy tranquilo y estoy contenta de mi elección. El problema se presenta cuando llegan micros de media y larga distancia con contingentes de personas que acuden a la parroquia del lugar. Es un verdadero caos: en horas se arma un basural indescriptible en los jardines de los edificios; la gente almuerza o merienda y deja sus residuos esparcidos por todos lados (habiendo contenedores a pocos metros). Hacen sus necesidades contra las paredes de los edificios, los choferes estacionan los colectivos en cualquier lugar, afectando el paso de vecinos y el derecho a estacionar frente a las viviendas y dejan los motores encendidos hasta las 5 de la madrugada. La verdad, me indigna la falta de respeto con la que se comportan algunos de los que concurren a la ceremonia religiosa. Y cuando he llamado la atención de alguien que se fue dejando basura detrás suyo, sólo encontré insultos y agresiones. A los que concurren a la iglesia: por favor, antes de faltar el respeto, pregúntense si soportarían vivir un día con una montaña de residuos frente a su casa.































