El sábado pasado estuve en la cabecera del puente acompañando la propuesta de crear un área protegida frente a Rosario. Volví con sabor amargo al ver tan baja concurrencia, sobre todo cuando se difunde en cualquier medio de comunicación el constante reclamo de la gente por los humos molestos que cubren nuestra ciudad. Actualmente circula por nuestras computadoras un mail sobre el nacimiento de un panda en cautiverio. Días atrás se comentaba en este diario que el video más visitado en Youtube es el de un león que reconoce a sus dueños. Además vemos en las lunetas de los autos locales calcos de colitas de ballenas y hay orcas de peluche en las jugueterías. Los canales de TV dedicados a la naturaleza son copados por tiburones, felinos africanos, lemures y suricatas. En síntesis, los rosarinos sabemos más sobre esa fauna que de los carpinchos, coipos y yacarés, solo por nombrar algunos que pertenecen a estos hábitats húmedos, tan cercanos a nosotros. Ni hablar de aves zancudas y palmípedas; o los peces, que son un verdadero misterio, incluso para las ciencias. Cuatro lunes atrás estuvo en Rosario el subsecretario de Planificación y Política Ambiental de la Nación, José María Musmeci, quien expuso en una charla abierta a la comunidad sobre la política y estructura de su área relacionada especialmente con la flora y fauna. Fue triste para mí que haya cerrado el debate contestando una pregunta sobre qué pasaba con el castor en Tierra del Fuego. Esto nos muestra qué tipo de interés tenemos los rosarinos por nuestra región. ¿Quién puede proteger lo que no conoce? El humo es temporal, por el viento o las lluvias, también por las épocas, y por qué no tal vez a futuro se cambie el método para desmalezar. Pero el daño al medio ambiente puede ser eterno si se pretende modificar la función que tiene esa "esponjosa" franja entrerriana.































