Cuenta la leyenda que David venció al gigante Goliat sólo con su astucia y coraje. En la vida cotidiana, permanentemente nos enfrentamos con Goliat en cada situación de abuso de poder. Tan común en estos tiempos, donde impera la ley del más fuerte y no la justicia. En la vida laboral y aún social es frecuente la intransigencia de los hombres y mujeres, que amparándose en “el sistema” no atienden al sentido común ni a la bondad. A todos ellos les recuerdo que “el sistema” funciona por voluntades humanas. Y como decía mi abuela: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Entiéndase que no es mi intención burlar las leyes. Sólo digo que debemos atender las circunstancias en las que, tal vez, esas normas no sean las más adecuadas. Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente tantas reparticiones públicas en las que realizar un trámite puede ser “un parto”, pero sus empleados cumplen a rajatabla cada artículo e inciso, aunque tal vez sus interpretaciones de los mismos no sean las mismas que las nuestras. Y lo mismo ocurre con las corporaciones, donde todo es abstracto e impersonal y la culpa es del sistema. Y me pregunto quién queremos ser: ¿David o Goliat?



























