trinche

Como un fantasma

Lo vi pasando entre la gente, como un fantasma, obviamente nadie lo conocía (¡qué pecadores!)

Domingo 17 de Mayo de 2020

Lo vi pasando entre la gente, como un fantasma, obviamente nadie lo conocía (¡qué pecadores!). Me pregunté qué hacía aquí, si este no era su sitio, su lugar, y más de una vez me contaron de su simpatía por los otros colores, pero pensándolo bien, su idiosincrasia lo deja afuera de cualquier parcialidad, de cualquier color de camiseta. Pero estaba ahí erguido, plantado, canoso y viejo. ¿Qué buscaba acá? ¿Una gambeta que lo salvara? ¿Un caño que lo ilusionara? ¿Una pisada que lo rejuveneciera? No sé, me lo pregunté varias veces. Y después, ya dentro de la cancha lo vi ahí, firme, pegado al campo, al borde, tal vez incomodo; imaginé sus dolores de cadera, sus pantorrillas heridas. Las banderas le tapaban la visual, la gente de su alrededor se ponía pesada, con saltos, papelitos y todo eso. Pero él, firme. Pensé en buscarlo y darle mi asiento. Pensé en pedirle disculpas por esos 40.000 salvajes que no distinguían un poco de luz en tanta oscuridad, que no reconocían al "Rey de los potreros", que no fueron capaces de decirle "Señor, gracias por tanto". Bajé unos escalones, me decidí a buscarlo, lo miré de lejos y me pregunté otra vez, qué hace acá. En estos tiempos de carrileros, de dobles 5, de medias puntas, de tanta locura, de tanto atropello, y ahí me di cuenta, "que boludo que soy". Estaba aferrado al cemento, pegado al campo, temblando. ¿Y saben qué?, con los ojos cerrados. El entorno no le afectaba, él tenía el entorno de esa noche en su cabeza; el tipo viajaba al 17 de abril de 1974 y estaba ahí, adentro, recibiendo un balón de Pavoni, para girar y elegantemente buscar a "los Marios", estaba adentro de la cancha en cuerpo y alma, respiraba profundo, olía la gramilla, transpiraba su juventud, como un fantasma. El era el jefe, el titiritero, un caño a Brindisi, una pisada y un cambio de frente para que suba el "Negro" González, él estaba ahí. Pero no estaba ahí, se proyectaba a ese partido, del combinado rosarino y la selección argentina. Recordaba cómo se le alisaban los pelos a Tarantini y al Quique Wolf que no querían salirle más para no hacer el ridículo, y la mirada extrañada del "Loco" Houseman que haciendo montones con las dos manos decía: ¡Qué hace este? El Rey de los potreros encendía un estadio con miles de rosarinos que aplaudían el 3 a 0 parcial; buscaba la pelota de los defensores para tocar e ir a buscar, corta para Mario que la devolvía redonda, profunda para el otro Mario que le rompía el arco, y así, una y otra vez. Trinche, debemos decirte, ese, al que le hiciste el caño de ida y de vuelta era Pancho Sá, no era "un defensor que me salió". ¡Qué boludo que soy! Ya me di cuenta, el tipo, como un fantasma, cada 15 días cuando se abría el estadio Marcelo Bielsa, repetía el ritual, a él no le importaba si jugaba Newell's, Barcelona o el Olimpic de Marsella. El iba a ver su partido, viajaba en el tiempo más de 40 años para romperla, se aferraba lo más cercano posible al césped y se transportaba, para tirar una pared con Mario Zanabria, para tirarle una profunda a Mario Kempes, para pisársela en las narices a cuanto jugador de la selección argentina se le acercara. Revivía el césped de esos 45 minutos, escuchaba los aplausos y se calzaba la 5 y hacía magia, por un rato, en su mundo, el Rey de los potreros, era él, el auténtico, el Trinche. Terminado el viaje, con el corazón lleno, salía del estadio y a tranco firme se perdía entre la gente, como un fantasma.

Que nos condenen por amor

Que nos hablen de un barbijo o de un metro de distancia, que nos tilden de ignorantes, de no respetar la cuarentena; no leí ni un comentario hablando de la violencia, de arrebatarle la vida a un abuelo en bicicleta. Discúlpeme vecino si lo ofendió nuestra pasión, nos salió del corazón hacerle la despedida. Nos mataron a ese padre que te daba algún consejo, a ese abuelo que contaba alguna historia de potrero. Se llevaron a ese hombre que se sentaba en la esquina o la tribuna a ver los pibes jugar. Ese que no tuvo fortuna pero al mundo conmovió. ¡Pucha, mirá si jugó, que hasta el Diego lo admiró! Cierro estas líneas pidiendo Justicia por lo que ha pasado, que nos perdonen los hermanos y vecinos de Rosario, hoy nos tocó a nosotros despedir a nuestro ídolo.

Se están doblando los barrotes

Los barrotes de hierros se están empezando a doblar. No por acciones de presos comunes, victimarios manchados con sangre roja, son de sangre blanca. Es del mismo pueblo que se está cansando de esperar. Se esta cansando de ver a algunos funcionarios con trajes brillantes, mientras el argentino común agrega a su vestimenta un nuevo parche. Se está cansando de ver a sus abuelos con migajas de pan, que no se les valore nunca la fidelidad eterna que tuvieron en sus manos cuando les tocó trabajar. Se están cansando de ver enjambres de sánganos que se comen la miel en la colmena, mientras que millones de abejas laboriosas afuera esperan. Se están hartando de la palabra "democracia", de los tres poderes. Por inmoralidad se usa como cortina, se roba la leche de la vaca, se le roba el huevo a la gallina. Se está empezando a cansar el honesto peronista, de igual manera el radical, se esta cansando el que vota a cualquiera en tiempo electoral. Se están empezando a doblar los barrotes de hierro, esto no debe dar temor, más bien debe obligarnos a replantearnos de qué manera exigir un drástico cambio con la Constitución y el amor. Grita la Patria como en tiempos de San Martín y Belgrano. Llama a sus hijos, todos, para que cada uno salve a la Argentina, con responsabilidad en las manos.

¿Qué es lo que atraía del Trinche?

¿Su juego, su técnica, su derroche de apatía, el desgano hacia lo profesional, la bohemia con la cual se manejaba? Estas cuestiones tienen su asidero en un análisis poético. Pues si la técnica que poseía hubiera caído en manos del profesionalismo salvaje, quizás se hubiera diluido entre otros tantos jugadores dotados técnicamente, o quizás estaría en el Olimpo de la mano de Cruyff, Pelé y Diego. ¿Cómo evaluarlo al más alto nivel de rendimiento si nunca compitió? Su desempeño se dio en juegos del ascenso y ligas locales. Hay tanto de ilusión en su trayectoria que alimenta a periodistas, escritores, poetas, analistas como escasas imágenes para evaluar y poner su dimensión artística en discusión. Yo lo crucé allá por el año 85, cuando el Mago militaba en el Club NOB de la Liga Cañadense de Fútbol. No sé, ni me acuerdo si fue en un picado o en un asado, pues ese fue un año complejo, turbulento y de trascendentales cambios en mi existencia. De todas maneras, el estupor y conmoción que causó su asesinato me despertó la cuestión lógica del planteo inicial. ¿Qué generaba el Trinche con su andar cansino y su vida complaciente? Quizás necesitemos proyectar en esos personajes casi utópicos nuestras miserias, limitaciones y anhelos, nuestra arbitraria adaptación a un mundo globalizado donde encajar o quedarse al margen. Creo que la figura del Trinche, con su destreza poética con la redonda y al filo de su vejez, flotando en su bicicleta por los barrios de su Rosario, despojado de la presión social circundante y arbitraria, nos refleja nuestras prisiones y aquello que anhelamos como lo más preciado, la libertad.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario