El sonido de la trompeta ha quebrado el silencio de un paisaje pacífico e inocente. Jinetes sin rostros o de rostros desfigurados por la soberbia y el orgullo desmedido surcan el cielo de un pueblo perdido en la confusión y en la incertidumbre. Ataques verbales, ataques físicos, ataques entrecruzados. He aquí nuestro país, nuestra amada Argentina. Frágil tablero de una partida de ajedrez que anuncia un final difícil, cruel, violento. Los antiguos patronos han vuelto a adornar la historia de estos días con su voz de yeso. Pensábamos que ya no volverían y, sin embargo, aquí vuelven los jinetes. Insultos, trampas, desvaríos, contradicciones. Un poder oficial, una oposición controlada por los ecos de las voces de viejos personajes, un conflicto, un campo, tractores, camiones y caminos imposibles de transitar. La nueva película carente de diálogo, el novedoso episodio de una novela en donde hay de todo menos razonamientos y palabras. Ahora bien: ¿se acordará algún protagonista de esta historia de que las idas y venidas enmudecen la sonrisa y tornan color sepia la mirada de todos los niños del país? Deseemos que la directora de esta película tenga pensado un final feliz.

































