El gobierno nacional sigue con máxima expectativa las gestiones por la posible llegada del Papa León XIV a la Argentina en noviembre próximo. El acontecimiento es visto en los despachos del oficialismo como un bálsamo político clave para cerrar el año de modo positivo de cara al cronograma electoral.
La chance de que el sumo pontífice concrete su visita pastoral antes que termine el año dejó de ser una mera conjetura diplomática para transformarse en una carta estratégica de la Casa Rosada.
En el entorno presidencial admiten que la presencia de León XIV en suelo argentino generaría un clima de distensión social, permitiendo al oficialismo coronar el año con una foto histórica de enorme peso simbólico.
Señales positivas del oficialismo
Aunque la Santa Sede mantiene su habitual prudencia y no ha emitido una confirmación oficial, las señales emitidas por la propia Cancillería argentina y los movimientos en los países vecinos alimentan el optimismo oficial sobre una gira sudamericana para la primera quincena de noviembre.
El impulso más reciente para esa hipótesis llegó de la mano del canciller Pablo Quirno, quien trasmitió al presidente Javier Milei una “buena noticia” que, según sus palabras, “hará feliz a todo el pueblo argentino”.
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El mensaje fue difundido en redes sociales con la frase: “Sólo resta definir la fecha, ¡qué linda primavera!”. De inmediato fue interpretado como el adelanto del demorado desembarco papal. Los sugerentes gestos virtuales del propio Milei no hicieron más que convalidar el avanzado estado de las negociaciones.
Los movimientos en la región también confluyen hacia noviembre. En Uruguay, fuentes diplomáticas confirmaron que se trabaja a contrarreloj en la logística, mientras que dirigentes de ese país, como el intendente de Florida, Carlos Enciso, precisaron que el itinerario del Papa sumaría escalas en la Argentina y Perú.
Prudencia en el ámbito eclesiástico
Pese al entusiasmo que se respira en Balcarce 50, en el ámbito eclesiástico impera la cautela. Si bien el cardenal uruguayo Daniel Sturla consideró la visita como “casi segura”, advirtió que el protocolo vaticano exige una comunicación formal a las conferencias episcopales antes de dar el hecho por sentado. En esa línea, fuentes de la Iglesia estiman que el anuncio formal podría postergarse hasta mediados de junio.
La ingeniería del viaje comenzó a tejerse en febrero pasado, cuando Quirno entregó en mano al Papa una carta de invitación formal firmada por Milei para aceitar los vínculos bilaterales.
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Antes, el 7 de junio de 2025, Milei fue recibido por el Papa en la Santa Sede, quien le expresó su deseo que visitar el país.
Desde que asumió el pontificado el 8 de mayo del año pasado, tras suceder a Francisco, León XIV colocó a América latina en su radar de prioridades, incluyendo en su hoja de ruta a México, Uruguay, Perú y la Argentina.
Para el gobierno, el valor de la visita excede lo estrictamente religioso. La Argentina no recibe a un Papa desde 1987, cuando Juan Pablo II protagonizó una histórica gira por diez provincias.
Ni Benedicto XVI ni el propio Francisco pisaron el país durante sus pontificados. De concretarse el arribo de León XIV, la Rosada no solo rompería un ayuno papal de casi cuatro décadas sino que capitalizaría un hito de enorme repercusión popular justo en las puertas del año electoral.