En plena época de la ley federal, norma que llegó pegadita a la transferencia de escuelas a las
provincias dada a principios de los 90, las nuevas terminologías ganaban el campo educativo: ya no
se hablaba de aula sino de “espacio aúlico” y era mejor referirse a una simple
planificación para saber qué hacer ante la clase como “malla curricular” o “redes
conceptuales”.
Esta invasión del nuevo vocabulario no fue casual. Es más, los primeros en apropiarse fueron los
funcionarios —ministros y sus acompañantes de cabecera— que debían de alguna manera
justificar una transformación con sello de progreso, y de hecho convencer a los maestros que debían
capacitarse para una educación eficaz y competente. Si hasta los mismos periodistas debíamos andar
en cada entrevista con un traductor al lado para saber qué querían decir (cuando en realidad no
decían nada).
En pleno borrón y cuenta nueva para las instituciones escolares, un cuestionamiento circulaba
con fuerza en cuanto pasillo de la educación había: “¿Por qué las normales se siguen llamando
así si ahora son escuelas provinciales?”.
En cierta oportunidad una directora del Normal de Balcarce y Córdoba dio en la tecla con la
explicación: “Tratamos de preservar nuestra identidad”.
Hablar de identidad en una época donde lo que se pretendía era borrar la memoria de la escuela
argentina sonaba a contrariado. Y sin embargo, el tiempo les dio la razón.
El capricho y el empecinamiento de esta docente, como de tantas otras, en preservar la identidad
logró mantener el nombre, con él la historia y una herencia para dejar a las nuevas generaciones de
maestros, porque además tenían con qué hacerlo.
En esas anécdotas de resistencias como las de las Escuelas Normales (¿o quién las llaman hoy de
otra manera?) se inscribe el trabajo del Círculo de Supervisores Retirados de Rosario (Cisur), que
el martes pasado rindió un homenaje a los maestros con la proyección del documental de Raúl Tosso,
a partir de una idea de Susana Tozzi. “1420, la aventura de educar”.
Formación docente. El film documental recoge la historia de la llegada de las 65
maestras norteamericanas contratadas por Sarmiento, que establecieron las primeras escuelas
Normales del país e instalarían una trayectoria insuperable de formación de docentes.
La narración de las historias las va hilvanando el actor Joaquín Furriel, que se mete en la vida
de las maestras que debieron sortear desde los obstáculos de su condición de mujer (de hecho fueron
preferidas a los hombres porque se les pagaba menos), el idioma y la reacción de una negada Iglesia
Católica a impartir educación común, laica, gratuita y obligatoria como finalmente aprobó la ley
1420.
A la sala del Centre Catalá no sólo llegaron supervisores, directores de escuelas y maestros,
también estaban presentes bisnietos y tataranietos de Frances Armostrong, la maestra norteamericana
que fundó —junto a Frances Wall— la Normal de Córdoba y luego fue la primera en dirigir
la de San Nicolás. Frances era la hermana menor de Clara, fundadora de la escuela normalista de
Catamarca.
El documental recoge la historia de la creación de los colegios normales en la Argentina, entre
ellos el primero que se instaló en Paraná 1870 y se detiene también en la vida de algunas de las
educadoras norteamericanas, para de paso hablar cómo se enseñaba en esa época, cómo eran las
escuelas, qué pasaba en el país, qué modelo de enseñanza se perseguía y hasta de las reacciones de
la población al ver que las niñas aprendían disciplinas como la gimnasia, hasta el momento
reservadas para los hombres.
Entre esas docentes llegadas del país del Norte, se destaca la vida de Jennie Howard, la única
de las educadoras que dejó un libro contando la experiencia de la llegada de las norteamericanas a
estas tierras.
Howard fue maestra de vocación que debió dejar su oficio por un mal común que aqueja a los
docentes: problemas en la voz. Ya retirada es reconocida por sus ex alumnos, que se ponen de
acuerdo para reclamarle al Estado una pensión acorde a lo que la maestra aportó al país, y mientras
ésta llega deciden apoyarla económicamente entre todos.
El debate. Al finalizar el documental, el ex supervisor César Oxley prefirió
apelar a su vieja práctica de dirigente gremial dejando el micrófono de lado para hablar a viva
voz. Recogió el espíritu de educación para todos de la ley 1420 y cuestionó varias veces que
“hoy se ponga en duda la posibilidad de construir escuelas para sostener la obligatoriedad de
la nueva ley de educación nacional, cuando se demostró en su momento que se pudo hacer”.
Una de las descendientes de las maestras normales destacó “la necesidad de educar a los
chicos que aún permanecen en la calle”, otro supervisor de “ir a buscarlos casa por
casa” cuando no asisten a la escuela, tal como hacían ellos.
Otra ex supervisora valoró a la escuela como el camino para salir de la pobreza, tal como
hicieron las maestras llegadas de la mano de Sarmiento y también no faltó la que instó a que el
documental se difunda por los profesorados.
La cita a mirar el film y debatir comenzó con un reconocimiento a las educadoras
norteamericanas. Terminó con un aplauso fuerte para los maestros argentinos.