Mafia china
Domingo 03 de Julio de 2016

Una saga de crímenes que ligan a las barras bravas de Newell's y Central con el mundo narco

Desde febrero de 2010 en Rosario hubo 16 asesinatos con víctimas de ambos clubes y nadie sabe cuándo llegará el final.

El asesinato a balazos de Maximiliano La Rocca, efímero líder de la barra brava de Newell's Old Boys baleado en Pellegrini al 5300 el 27 de junio, se inscribió como el sexto crimen que, en un mes, tiene como trasfondo la cada vez más delgada línea que separa el mundo del paravalanchas con la venta de drogas. Un fenómeno que tuvo un alocado aumento de víctimas desde el cambio de manos de la barra leprosa a fines de 2008, cuando el asesinado Roberto "Pimpi" Caminos dejó su lugar al ahora detenido y procesado Diego "Panadero" Ochoa. En ese contexto, desde la detención de Ochoa, en agosto de 2013, se hace cada vez más difuso el análisis de las razones de los crímenes cuando la víctima es un barra o "hincha caracterizado", como le gusta identificarlos a los dirigentes de los clubes y a los hombres de la Justicia. Sin embargo, no hay dudas que al contextualizar el tema se ve cómo lo narco atraviesa la vida y la muerte de los hombres del paravalanchas.

   En las últimas seis semanas fueron asesinados tres hombres ligados a la barra de Newell's, dos a la de Rosario Central y los investigadores no descartan que el asesinato de Nora Oroño, el 22 de junio pasado en la puerta de su casa de Regimiento 11 - 87 bis, pueda estar ligado a una venganza por el crimen del barra leproso apodado "Cuatrerito", a quien la unía un parentesco político. Ese mismo día Jonathan Rosales, que iba junto a su compañera y su pequeña hija en moto por Padre Giaccone al 1400, fue ejecutado de seis balazos. El muchaho era ladero de Jonathan "Jona" Fernández, vinculado según los pesquisas a la comercialización de drogas y a la barra rojinegra. Jona fue asesinado de seis tiros el 1º abril de 2015 en su casa de Padre Giaccone al 1300, a una cuadra del otro homicidio.

Explicaciones. "La disputa principal que terminó en el asesinato de (Matías Hernán) Franchetti puede estar relacionada con la barra brava, que está directamente vinculada al narcotráfico", explicó la fiscal Marisol Fabbro al darle contexto al crimen del "Cuatrerito", ejecutado en la puerta del Coloso del Parque el pasado 7 de junio.

   "Esos son delincuentes (los apuntados como los asesinos de La Rocca) que si agarran la barra llevan al club a un desastre total, lo van a arruinar", explicó un familiar de La Rocca, muerto a tiros en Pellegrini al 5300 el lunes pasado.

   Cuando se habla de "esos delincuentes" se refieren a un grupo de pesados de la zona sur con un alto poder de fuego y logística en la venta de estupefacientes que apadrinaron a un sector de la barra leprosa y hoy quieren una representación más sólida sobre el paravalanchas. La barra como medio para asegurarse la venta de drogas y para conseguir los soldaditos que hagan el trabajo sucio de ese negocio. Todo tapado por los colores de la pasión. Un negocio millonario para unos pocos al otro lado de la línea de cal.

El inicio. Tomando como punto de referencia la muerte de Walter Cáceres, el pibe de 14 años asesinado en una emboscada a los colectivos de la barra brava rojinegra que regresaba de Buenos Aires el 4 de febrero de 2010 al mando de Panadero Ochoa, se registraron al menos 16 asesinatos que ligan al mundo barra con el mundo narco. La muerte de ese adolescente fue el primer "atentado" que sufrió la gestión de Ochoa como jefe del paravalanchas lepososo. En ese caprichoso listado también hay algunos asesinatos colaterales pero trascendentes que llevaron a la apertura de nuevos expedientes judiciales, como el triple crimen de Villa Moreno o la causa de Los Monos, donde hubo crímenes de personajes con peso en el mundo narco-barra.

   Un claro ejemplo de eso fue la ejecución de Maximiliano "Quemadito" Rodríguez, el 5 de febrero de 2013 en Corrientes y Pellegrini. El muchacho había sido investigado en la causa del triple crimen, era un barra de peso en Newell's y estuvo mencionado en pesquisas por la venta de estupefacientes. Tanto, que participó del intento de golpe contra Ochoa en el incidente conocido como "La entangada", registrada en el Coloso en septiembre de 2010. Un alzamiento que, según la calle, estuvo organizado por los hermanos "Teto" y "Chamala" (vendedores de droga de barrio Tablada) y la banda de Los Monos. Otro detalle no menor es que la llegada a la barra de Ochoa marcó la judicialización de muchos altercados callejeros de la barra leprosa.

Pactos y traiciones. En noviembre de 2013, un barra que perteneció a la gestión de "Pimpi" Caminos en su ocaso, relató a Rosario/12 sobre "un pacto de no agresión" entre las cúpulas de las barras de Rosario Central y Newell's para no hacer estallar un gran negocio en ciernes que favorecía a ambos. "Cuando los barras tomaron el negocio de la droga se acabaron los problemas entre ellos en los clásicos. Había un pacto porque tenían un interés común: los negocios delictivos por fuera del fútbol. Pero se rompió cuando se fue "Pimpi", explicó el barra.

   "Lo que hicieron fue llevar la venta de la droga a los barrios más pobres y así generaron un ejército de pibes. Era plata y fácil. Pero como era mucha, los vendedores empezaron a chocar entre ellos. Así empezaron las guerras y eso no se para así nomás porque sigue habiendo mucha plata", explicó. "Para entender el vínculo de las barras con la venta de drogas alcanza con mirar los antecedentes de los policías que estaban al frente de los operativos de seguridad en el Coloso y el Gigante. Siempre eran los mismos jefes y nunca sancionaron a nadie. Ni siquiera por el trato privilegiado y a la vista de todos que esos policías le dan a los barras".

   Claro está que el mundo narco es controversial, cargado de trampas, mentiras, traiciones y contradicciones. Un contexto en el que por una razón u otra todos mienten. A ese contexto se le debe sumar que para solidificar su mandato, Panadero Ochoa buscó el apoyo del hoy caído en desgracia Luis Orlando "Pollo" Bassi, quien pisaba fuerte en Villa Gobernador Gálvez. Un territorio que hoy, ante el vacío de poder tras la caída de Bassi, se está transformando en una bomba de tiempo. Un contexto ideal para que cuadros bajos o medios se desconozcan y diriman a los balazos sus peleas tendientes a exhibir credenciales ante el pesado que tome las riendas del juego. Como ya ocurre en las zonas norte y oeste de Rosario. 

Salvo en contadas excepciones, desde la Justicia se esquiva el convite de hablar públicamente sobre el tema en cuestión. Oficialmente la fiscal Fabbro llamó las cosas por su nombre en el crimen de "Cuatrerito". Algún que otro fiscal habla en off sobre la penetración narco en las barras.Tampoco es habitual que los casos de barras se investiguen en conjunto. La excepción fue la decena de ataque violentos que tuvieron como eje a un tal "Chivo", hasta hace poco heredero de la barra brava leprosa, que quedaron en manos del fiscal Rafael Coria. Varios de los nombres investigados tomaron vigencia en el presente como víctimas o victimarios.

   Así se genera un estado similar al de la mafia china. Algo que no existe judicialmente pero que en la calle es por demás de conocida y cada vez es más habitual escuchar a los cerrados comerciantes orientales admitir los aprietes que sufren. Tampoco se visualiza un trabajo en conjunto y mucho menos coordinado entre el fuero provincial y el federal, que se ocupa específicamente del tema narco. En la Justicia federal, donde la instrucción es escrita y puede durar años, los jueces siguen hablando por sus fallos. Entonces todo es confusión y el gran público piensa que una causa resonante como la de Los Monos es sólo una investigación sobre homicidios y venta de drogas cuando en realidad es mucho más que eso.

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