Teatro | Emiliano DIonisi
Sábado 22 de Abril de 2017

"Somos más monstruos de lo que pensamos"

El director Emiliano Dionisi adelantó que su obra "Los Monstruos" se interna, con humor y música, en el terreno "más incómodo" de las relaciones entre padres e hijos. La pieza, ganadora de los premios ACE, Hugo y Florencio Sánchez, se presenta hoy en La Comedia.

"Somos más monstruos de lo que pensamos. Tenemos que celebrar esa monstruosidad. Si no nos amigamos con nuestro costado monstruoso estamos fritos". Así define el director y dramaturgo Emiliano Dionisi el trasfondo de "Los monstruos", la pieza de teatro musical en la que aborda las relaciones entre padres e hijos de manera original. Sin idealizarlas y mostrando contradicciones y ciertas formas de violencia cotidiana, con momentos de humor y atravesado por canciones, todo sin intentar convertir su trabajo en "un tratado filosófico sobre la paternidad". "Los monstruos" se presenta hoy, a las 21, en el teatro La Comedia (Mitre y Cortada Ricardone), con las actuaciones de Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. Estrenada hace casi dos años, obtuvo cuatro premios ACE, siete premios Hugo y cuatro Florencio Sánchez, todos en los rubros principales, además de distinciones en los premios Trinidad Guevara y en los premios Argentores 2016.

—¿Cuál fue el punto de partida para el texto?

—"Los monstruos" es un texto original. Es una obra que fue germinando. La idea primaria era una idea muy chiquita. A mi me interesaba mucho la infancia de niños que no pueden vivir una infancia tradicional. Eso como que los corre de ciertos parámetros y eso es visto a los ojos de los demás como niños monstruos, digamos, lo niños que tienen formas expresarse mucho más adultas, o que tienen experiencias que tendrían que vivir a otra edad. Eso como germen empezó a crecer como una especie de árbol genealógico donde uno va depositando en el que sigue algunas frustraciones, algunos miedos, algunos deseos inconclusos, se va como retroalimentando una especie de legado familiar. En esos terrenos se mueve "Los monstruos", tratándolo con bastante humor porque te enfrenta a un espejo interesante para poder meterte y desempolvar ciertas cosas y también en un terreno un poco más incómodo, un poco más violento, va mutando mucho y eso hace que sea una experiencia bastante impactante.

—¿Qué temas toca la obra puntualmente?

—En principio la relación de padres e hijos. Ese es un universo sobre el que va pivoteando y después todo lo que se desprende a partir de eso. Los personajes son una ficción, tampoco es un tratado filosófico sobre la paternidad pero tal vez en esas situaciones más cotidianas uno se encuentra más reflejado de lo que a veces uno quisiera.

—El título es muy ambiguo. Puede puede interpretarse como algo gracioso o siniestro...

—A mí me interesaban incluso esas dos lecturas que tiene la palabra. También puede remitirte por supuesto a persona muy cruel, que causa dolor físico o emocional, y también el monstruo es un personaje típico de la literatura infantil. Los monstruos no existen. Solo existen en la cabeza de los niños. Y las personas crueles y monstruosas son otra cosa.

—¿"Monstruo", como adejetivo, también es extensivo al niño o es solo para los adultos?

—Eso me gusta dejarlo a criterio del espectador, que vaya sacando sus propias conclusiones. Me parece que el mundo en el que vivimos es monstruoso y que por consiguiente todo se impregna un poco de esa monstruosidad. Es inevitable que no nos impregnemos de esas cosas y que no nos acostumbremos. Creo que vivimos cosas monstruosas y que estamos acostumbrados.

—¿A qué llamás "cosas monstruosas" y en qué ámbitos las ves?

—Particularmente lo que veo más notable es la violencia. Nos estamos acostumbrando de a poco a la violencia, a vivir situaciones violentas todo el tiempo, como si eso fuera parte de la vida cotidiana. Y en realidad es mucho más monstruoso de lo que creíamos. Creo que se puede y que debemos vivir de una manera mejor. Pero nos acostumbramos a una cosa cotidiana de exacerbación y de inmediatez y de búsqueda de éxito constante y de exigencia y de miedos, y todo eso es un monstruo muy grande para llevar en los hombros de cualquier persona. Sin embargo estamos acostumbrados y los monstruos existen y están más cerca de lo que creemos.

—Ese clima de violencia también es el contexto en el que crecen los chicos...

—Y pensar que eso está exento en el mundo de los niños es errado. Los chicos son mucho más esponja de lo que creemos y ellos viven en el mismo mundo que nosotros, y los mismos miedos que uno puede tener como padre inevitablemente se los va a pasar a sus hijos.

—¿Cómo interpretás la familiaridad que genera el cine para chicos en algunas películas donde lo monstruoso resulta amigable?

—En el mundo de los chicos como adultos intentamos transformar y edulcorar todo para que los chicos puedan aceptar una realidad que les es ajena. En el mundo de la literatura para chicos en su gran mayoría es color, alegría y esperanza como si nos creyésemos que la vida de los pibes está plagada de un montón de otras circunstancias. Hay autores para chicos que a mí me conmueven muchísimo como Roald Dahl, un poeta para pibes de una oscuridad tremenda y bellísima que inevitablemente lleva a sus lectores a zonas más incómodas e inevitablemente de crecimiento y no por eso son zonas incorrectas. Al contrario, son zonas muy valiosas. Lo que pasa es que es lo menos conocido del mundo para chicos. Yo hago espectáculos para pibes y estoy cansado de ver espectáculos para chicos donde las únicas emociones son el amor, la alegría y las canciones. En la versión que estoy haciendo de "Romeo y Julieta" los personajes se suicidan al final. Pareciera a priori un tema tabú para tratar para pibes, y sin embargo no lo es. Sin embargo la muerte está mucho más cerca de los chicos de lo que nosotros quisiéramos por nuestros prejuicios. Entonces, depende de cómo lo presentemos, todo se puede tratar en un espectáculo para pibes porque todo es parte de la vida y los chicos viven la misma vida que nosotros. Igual me estoy metiendo como en un sistema de crianza. Un poco la obra es un ejercicio de imaginarme yo como padre. Me da la sensación que estoy exorcizando mi miedo imaginándome padre, que todavía no lo soy.

—¿En la obra está implícita cierta crueldad de parte de los padres hacia los hijos?

—Sí, hay zonas muy crueles. Si yo te digo "crueldad para pibes" vos me vas a decir, "la tortura", y no. A veces la crueldad son cosas mucho más simples, son cosas implícitas y que los adultos hacemos todos los días con los chicos, como exponerlos a situaciones, decirles cosas que no pensamos en el impacto que pueden tener sobre ellos. Eso es crueldad. Es como un vaso vacío que lo vas llenando de a poquito. Esa es la pequeña tragedia de la obra. Cómo ves de a poquito una pequeña gota que va horadando una piedra y que va llevando a un desgaste enorme. La obra tiene que ver con torturas y crueldades mucho más cotidianas, y ahí está el impacto del material porque de verdad la crueldad y la violencia está muy cerca, la tenemos muy a mano, y muy naturalizada, mucho más de lo que debiéramos.

—Algo parecido a lo que pintó Goya en "Saturno devorando a un hijo"...

—Es esa cosa maravillosa y compleja del rol padre e hijo, esa relación entre un padre que se puede devorar a su hijo o el hijo, cuando crece, la psicología te dice que los niños tenemos que matar a nuestros padres para poder independizarnos y crecer. Es una forma de decir, algo simbólico, y al mismo tiempo no. Y es increíble si uno piensa esos lazos en términos de matar o devorar. Es tan intenso lo que se genera en ese lazo que todo el tiempo estamos pasando por esas situaciones y por esas fantasías.

—¿Qué rol cumple la música y el humor en la obra?

—Está puesto en cierta tónica que uno se ríe porque me parece que es la mejor manera de entrarle a temas que de otra forma pondría ciertas barreras. Tratar ciertos temas con humor hace que el público baje la guardia y se pueda identificar y poder jugar a lo que plantea el espectáculo sin prejuicios sobre el tema. Cualquier tema se puede tratar con humor y es un canal espectacular para poder meterse en las profundidades más dramáticas del ser humano. Mis propuestas siempre tienen algo de teatro musical en el sentido de que son muy rítmicas. Como dramaturgo escribo de una manera musical, muy sonora, y siempre tienen algo que de coreográfico en la puesta en escena, que no tiene nada que ver con lo bailado sino con lo coordinado, que tenga un tempo natural. Pero esta es la primera vez que me animo a algo específicamente de género y las canciones entran para reforzar los momentos más intensos de los personajes. Cuando ves un intérprete que puede pasar con mucha facilidad de la palabra hablada a la palabra cantada y atravesar esas emociones con la ayuda de la música, a mí me resulta conmovedor y muy potente.

—Se dijo que habría un resurgimiento del musical a partir de "La la Land"...

—El que dice que va a haber un resurgimiento del musical es porque nunca lo fue a ver. Sí hay épocas de oro en las que se produce más o menos, pero el musical está mucho más cerca de lo que nosotros creemos. También hay cierto prejuicio sobre el musical y creo que está instalado sobre cosas como "La la Land". Pareciera que el musical se reduce a ese tipo de expresiones. Creemos que a priori y de manera prejuiciosa, el musical es algo cercano al show, bailarinas y brillos. Y hay un tipo de teatro musical que es mucho más profundo. En el teatro de Brecht había canciones y pensar que Brecht era liviano y alegre está más o menos alejado... Uno puede contar las tragedias más profundas a partir del canto.

—¿Por qué las relaciones parentales siguen siendo un tema recurrente desde Edipo en adelante?

—Es ese vínculo primario, es la primera persona que vemos cuando nacemos, es el primer contacto instintivo y primario, cuando el bebé reconoce a su madre por el olfato, la vista, el tacto. Eso te queda grabado en las partes más profundas y más primitivas del ser humano. Eso, atravesado por una sociedad, por una conducta social, hace que sea de las relaciones más complejas y que son eternas. Uno no elige sus padres, sí elige a sus parejas, a sus amigos, pero lo padres son los que te tocaron. Esa contradicción tan fuerte y esos vínculos tan intensos creo que siempre se los puede redescubrir, profundizar y volver a zambullirse en eso porque siempre vas a encontrar agua.

—La televisión mostró esas relaciones complicadas entre madre e hija en "Vulnerables"...

—Sí, con Inés Estévez. Si te ponés a pensar todos podemos encontrar en nuestros padres actitudes tremendas. Lo que pasa es que uno después lo pone en un escenario y dice, "ah bueno, es ficción", pero te lo juro que todos tenemos esa charla, esa actitud, pero verlo arriba de un escenario nos hace reír. Somos más monstruos de lo que pensamos. Tenemos que celebrar esa monstruosidad. Si no nos amigamos con nuestro costado monstruoso estamos fritos.

—¿Qué pasa cuando la "monstruosidad" recae en los hijos?

—Cuando los hijos son monstruosos creo que es algo que uno tiene que pensar para arriba, no "qué hijo que me tocó si no "qué es lo que a ese pibe le tocó para transformarse en eso". Los chicos son esponjas. Los pibes crecen, absorben, ven, repiten, copian. Son un hoja en blanco. Hay que llenar bien esas líneas. Yo no tengo idea. Para nada voy a dar cátedra sobre ser un buen padre, pero sí reflexionar sobre ciertos temas para que los pensemos. El teatro no te da respuestas, te da preguntas. Pero somos una misma cosa, padres, hijos, padres de los padres, hijos de los hijos, somos todo lo que heredamos y qué hacemos con eso que heredamos.

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