Ovación
Viernes 14 de Octubre de 2016

Club Padre Montaldo: un trabajo de hormiga

Un club que congrega a 80 chicos de 5 a 12 años en una cancha prestada. Los padres concurrieron de niños al comedor del cura salesiano y ahora trabajan para que los pibes del barrio "jueguen".

Hace nueve meses nació el Club Social y Deportivo Padre Montaldo, en barrio Ludueña sur. El patrimonio del club se puede contar con los dedos de una mano, sin embargo no escasean los triunfos: cuatro de sus siete categorías salieron campeonas de la primera rueda 2016 de la Asociación Rosarina de Fútbol Infantil (Arfi). Los 2004, 2005, 2006 y 2009 se las traen.

El Montaldo tiene una sede prestada por una comunidad salesiana y una cancha (en Casilda y Teniente Agneta) con más tierra que césped, sin cercar y también prestada. No tiene cuota societaria pero sí cuenta con dos arcos sin redes, 80 jugadores de 5 a 12 años (4 nenas) y 7 directores técnicos.

En los partidos los chicos visten camisetas celestes con la foto del cura salesiano que en 1968 comenzó a trabajar en Ludueña y no paró más. Junto a esa imagen hay un dibujo de una hormiga que alude a la laboriosa tarea que desarrollaba allí el militante social asesinado por la policía en 2001, Pocho Lepratti.

En este club hay pocos botines (se agradece la donación, aunque sean usados, de talla 23 a 39). Tampoco abundan las pelotas. Y las pecheras y conitos brillan por su ausencia.

Pero el Montaldo cuenta con algo más valioso que las piernas de Messi: un puñado de padres que ofician de directivos, técnicos y hacedores de empanadas, pollos, canelones y rifas, que venden el barrio. Son hombres y mujeres que almorzaron toda su infancia en el comedor de Montaldo y luchan para que, ahora, los pibes del barrio tengan una niñez mejor que la de ellos. No quieren que los chicos trabajen ni mendiguen: sólo que jueguen.

Ovación presenció ayer una jornada de práctica y cocción. Mientras nenes y nenas entrenaban bajo las directivas de Santiago Martínez, el técnico de la categoría 2007 (quien ad honorem se llega al club desde Funes los martes y jueves), un equipo de adultos cocinaba.

Desde el presidente Miguel Pereyra, pasando por su mujer Haydeé (al que el grupo denomina "Awada", como a la primera dama del presidente de la Nación), hasta el vicepresidente, familiares y vecinos: todos amasaban, repulgaban y freían 36 docenas de empanadas para recaudar los casi 5 mil pesos que necesita cada fin de semana el club para alquilar un colectivo y llevar a todos los chicos a los partidos.

"Nos falta luz, para que los nenes entrenen en invierno, nos gustaría cerrar la cancha pero la provincia quedó en darnos el permiso porque el terreno es de ellos. No querríamos trabajar para cercarla y que un día nos pidan el terreno. No contamos con subsidios, sólo nos apoyan la hermana de Pocho Lepratti (Celeste Lepratti) y Carlos Del Frade (concejal y diputado provincial del Frente Social y Popular). Antes teníamos juveniles pero no pudimos sostener la actividad con ellos porque no nos dan los fondos, y necesitan no estar tanto en la calle, una actividad deportiva es vital para ellos, que no pueden pagar la cuota de un club", lamentó el titular de la entidad, Miguel Pereyra,

Kevin, un adolescente de 14 años, que ayudaba ayer con las empanadas, escuchó al dirigente y asintió: "Es verdad, yo jugaba de delantero, y ahora, sin fútbol, acá me ves, no hago nada", comentó.

Cada fin de semana los padres-directivos del Montaldo deben pagar 1.400 pesos por las planillas de los partidos, 3 mil de colectivo si juegan de visitantes por afuera de Rosario y 850 pesos al árbitro si juegan de locales. Y a todo eso le suman los 2.700 pesos mensuales para pagar la cuota de Arfi. Un esfuerzo para ellos infinito: un trabajo de hormiga.

El vicepresidente Matías "Canario" Marangoni ayer no sólo acomodó el cartel en el frente de la sede del club, sino que fue en bicicleta a comprar harina, cebó mates y organizó a los chicos para la foto. También comentó que mantener la cancha, así sencilla como se la ve, les cuesta mucho. "Tuvimos que pedir tierra para nivelarla. Antes del club este terreno era la pileta de los pibes, nadaban en los charcos", aseguró.

Cuando se habla de simpatías, el Montaldo ofrece un amplio abanico de hinchas: "somos canallas, leprosos, bosteros y gallinas", apuntaron los propios chicos, quienes sin embargo visten más camisetas de Barcelona que las de los clubes nacionales. También es variada la calidad del calzado con el que entran a la cancha. Los hay en patas, en zapatillas de distinto par y algunos en botines. ¿El clásico? Con el Inter y también con el club Amistad y Unión, ambos del noroeste de la ciudad.

"Nosotros les decimos a los chicos: acá lo importante no es ganar, sino jugar y divertirse. A veces les cuesta", dijo Patricia Molina, de 28 años, madre de seis hijos (4 jugadores) y técnica de la categoría 2010. Una mujer que explicó sin vueltas el por qué del nombre del club. "Todo se lo debemos a él, acá todos nosotros comimos gracias a Montaldo".

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