Ignacio garabatea en el piano la melodía de “Por la vuelta” y levanta la cabeza mirando al cielo o vaya a saber qué.

Por Pedro Squillaci
En perspectiva. Ignacio Montoya Carlotto dijo que lo suyo siempre aborda “el mismo concepto musical”.
Jazz intimista. Montoya Carlotto y Reiners, en un proyecto instrumental.
Ignacio garabatea en el piano la melodía de “Por la vuelta” y levanta la cabeza mirando al cielo o vaya a saber qué.
En ese sexto tema de su disco “Sexto VI”, Montoya Carlotto, de él se trata, invita a ser parte de su viaje. Es un camino que tiene un corpus jazzero pero, sobre todo, lleva un común denominador: la búsqueda de una quintaesencia con alas de libertad.
En la previa del show que ofrecerá este jueves, a las 21, junto al guitarrista Valentín Reiners en el bar El Cairo (Santa Fe esquina Sarmiento), Montoya dialogó con Escenario sobre el hecho artesanal que cobija crear una partitura; su mirada sobre el trap y la industria de la masividad. También abordó el antes y el después del día en que se conoció públicamente que era el nieto de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto; evidenció soslayadamente cierto hartazgo sobre la grieta y exhibió, una vez más, ese amor incondicional al oficio de componer y tocar su música. Esa melodía que, como en “Por la vuelta”, lo vuelve a llevar de viaje al País del Nunca Jamás: “La música fue mi refugio contra todo lo que me pasaba”. Palabra de Montoya Carlotto.
—Sos un artista que siempre va cambiando de formaciones, en septeto, trío, o dúos con un percusionista o con un guitarrista, como en el show con el que venís a Rosario. ¿Hay un hilo conductor en todos estos proyectos que puedas identificar?
—Quizás la idea es tocar siempre la misma música, pero en diferentes contextos, pensando en contexto a las diferentes formaciones. En otras palabras, creo que tanto en trío, septeto, solo o en dúo; siempre se trata del mismo concepto musical, que se manifiesta en diferentes orquestaciones. Hay artistas que hacen de un orgánico o una orquestación específica el hilo conductor de su lenguaje, no creo que sea mi caso. Creo que tenga la formación que tenga, la música más tarde o más temprano irá por el único lugar posible para mí.
—¿Con el trap copando la industria, las preferencias de los más jóvenes y los medios de comunicación, cómo se hace para llegarle al público con el jazz y la música instrumental?
—Si bien la “industria” tiene claro que la música que se escucha masivamente responde a estéticas muy definidas y que parecería que están muy alejadas de las que tantos otros proponemos, creo que ahí está la respuesta: no me siento (y sé que somos muchos) dentro del concepto de “industria”. Somos más bien artesanos, que vamos haciendo nuestra artesanía. ¿La manera en la que vamos hacia el público? Así como lo haremos una vez más en Rosario; vamos y tocamos... viajamos y tocamos. Hacer, esa es la manera. Porque el artesano, además, perfecciona su oficio haciendo.
—¿Qué próximo álbum tenés en mente?
—Este año editaré dos discos muy similares, pero antagónicos de alguna manera. Similares porque se trata de dos dúos, antagónicos por su formación y concepción. Uno es un disco con el percusionista Facundi Ferreira, que se llama “Un rezo”, que es casi en su totalidad un disco de música improvisada. Y en el reverso de esa historia el segundo material, que estará disponible a fin de año, y se titula “En otra parte”, un disco a dúo con una extraordinaria violinista española, Marta Roca, que incluye un repertorio más cercano a la música de cámara y además la gran mayoría de esa música responde a una partitura que escribí previamente. Estoy trabajando además en el tercer disco de mi septeto, que será con música instrumental y seguimos trabajando en el repertorio nuevo de mi trío.
—La primera vez que la gente asoció tu nombre fue en 2014, por ser el nieto de Estela Carlotto. ¿A ocho años de aquel hecho que marcó tu vida, hoy ya sentís que ganaste un merecido espacio dentro de la música?
—Es todo un tema, al principio cuando la noticia saltó, naturalmente esa fama fugaz, que tiene que ver con ser un personaje público y notorio con una razón que no tiene nada que ver con mi profesión, parecía que acercaba público nuevo. Pero la verdad es que terminé trabajando con la gente con la que estaba trabajando siempre. De pronto lo que terminó pasando es que la gente se terminó acercando por la música, y justamente al no ser una música masiva, que no está en el mainstream, lo que termina pasando es que recorro camino y voy. Lo que siento es que lo que yo hago se vio interferido en un momento, pero la verdad es que no tiene mucho que ver mi desarrollo profesional con esa cosa de ser el nieto de..., o de haber tenido trascendencia una historia que es muy poderosa a nivel nacional. Son cosas que en una media me parece que van separadas, mucho más de lo que uno piensa.
—De todos modos, sentís que con el paso del tiempo tenés tu lugar.
—Lo del lugar, no sé si siento que tengo un lugar, pero me siento cómodo y muy respetado por mis colegas y siento que, si tener un lugar es poder hacer lo que hacés, como en mi caso, que puedo componer mi música y producirla y poder tocarla acá o en cualquier parte del mundo, capaz que lo sea. Pero ojo, no lleno un Gran Rex, a mis conciertos van más o menos gente, pero son públicos selectos, que son los que escuchan ese tipo de música. Capaz que es un signo de los tiempos, no sé, qué se yo, pero puedo hacer lo que siento que vine a hacer, y puedo viajar y puedo tocar, y tengo escenarios disponibles. Eso es tener un lugar.
—¿Cómo se dio la generación de ese espacio?
—En mi caso se dio como otra cosa, primero es que yo tengo que pelear contra el síndrome del impostor, porque hay una parte importante del país que me lo recalca muy a menudo y se encarga de hacérmelo saber de lo que piensan, que es que todo lo que hice, y que todo lo que logré, se debe exclusivamente a que yo soy el nieto de...Y eso me tiene un poco harto (risas). Mucha gente, debido a la grieta, en relación al apellido se pone en una situación retráctil y no quiere escuchar, por más que le encante la música que hago. En mi caso hay muchas cosas que me atraviesan, porque yo venía con cierta cosa armada, ya tenía un par de discos, venía tocando con muchos músicos, y si bien es cierto que desde el 2014 para acá multipliqué mi producción discográfica y de música, creo que esto también tiene que ver con que yo tomé una decisión.
—¿Cuál fue esa decisión?
—Esa decisión fue porque yo antes del 2014 tenía mucho trabajo en la docencia y venía pensando con retirarme y enfocarme en mi carrera musical. En el medio de todo el despelote que pasó en 2014 yo tomé esa decisión, sin problemas, y dije «me dedico 24 x 7 a componer música y a hacer mis proyectos». Claro, después me fundí a los dos años, y recién mucho después me pude acomodar a ser un músico free lance, de vivir de escribir música, de viajar al exterior, de tocar. Y todo lo armé en estos dos últimos años, producto de la trapisonda que pasó que se me dio vuelta todo. Capaz que esa decisión en otro momento me tomaba más tiempo, porque cuando te dedicás a la música y a la vez a la enseñanza, son dos cosas paralelas que te llevan un montón de energía. Yo veo retrospectivamente mi carrera y veo que hasta 2014 había grabado dos o tres discos haciendo lo que podía, y del 2014 para acá puse el pie en el acelerador. Después hay otra cosa, que no cuento mucho pero que es verdad, y es que la música fue mi refugio contra todo lo que me pasaba. Ahí fue entonces que mi producción se cuadruplicó.




