"Lo cortés no quita lo valiente", nos inculcaba el profesor de Hidráulica en la secundaria y es hora de poner la máxima en práctica. Porque está claro que el 2007 ha sido el año de los regresos, con los millones de espectadores, y sobre todo de dólares, que eso significa. Led Zeppelin, The Police y Génesis son sólo ejemplos que se comparan, en escala, al retorno de los Soda. Y todos contentos, tanto aquellos que los disfrutaron cuando para hacer pogo no necesitaban preocuparse por la ciática, como los que supieron de su fama hace sólo algunos meses atrás. Aunque tanta alegría compartida entre familiares de varias generaciones, como se vio el viernes en el Monumental, puede delatar también un aspecto no tan positivo de nuestras vidas. Los retornos de los antiguos ídolos del rock a los escenarios es una muestra irrebatible de la cultura refrita que consumimos. Todos saltamos, cantamos y hasta lagrimeamos con Soda Stéreo, pero, como lo cortés no quita lo valiente, tanta emoción solamente sirve para acariciarnos el alma. Mientras, muchos seguimos esperamos, como cuando éramos más jóvenes, que la novedad nos sorprenda y nos haga sentir que la vida continúa.





























