Por Orlando Verna / La Capital

Por Orlando Verna / La Capital
Un escenario, un micrófono, un actor y un texto de humor. En el stand up (parado, en inglés) no
hay disfraces ni escenografía, pero ofrece al intérprete la ocasión de mostrarse como es. Tal es el
riesgo que Andrea Fiorino tomó al dejar de lado sus caracterizaciones y a cara lavada presentar hoy
(y todos los viernes y sábados de febrero y marzo) “Para la cartera de la dama y el bolsillo
del caballero”, a las 23.30, en el teatro Mateo Booz (San Lorenzo 2243), pegadito a las obras
que presenta Juan Pablo Geretto.
—¿Cómo es el nuevo show?
—Es un monólogo casi al estilo del stand up. Digo casi porque no cumple con todas sus
premisas. Son monólogos, sin personajes, cosa que no hice nunca, así que imaginate como estoy. Es
un espectáculo al estilo de “Monólogos de la vagina” o “Confesiones de mujeres de
30”. Es un tipo de humor desde el actor, de frente y con la complicidad del público, que
habla de hombres, mujeres, amores, desencuentros, infidelidad, la crisis de la edad, que son los
temas que nos afectan a todos.
—¿Qué premisas del stand up no se cumplen?
—El stand up debe tener texto propio. En este caso, algunos son míos y otros de María
Rita Figueira. Hay monólogos que los organizé desde algunos tangos, porque sus letras dicen las
cosas que todavía sentimos. Son tanguitos cómicos. Además, tenía algunos textos de María Rita que
me había dado antes de editar “Mundo marido”, y ahora me permitió usarlos. Así que
desde ese lugar no es stand up.
—¿El actor de stand up debe ser popular o tener una fuerte personalidad?
—Igual hago personajes, sin caracterización. De todos modos es algo desconocido para
mí. Pero creo que sí, a mi me ayuda mucho el hecho de hacer monólogos desde hace muchos años y que
la gente sepa más o menos cuál es el estilo de humor con el que laburo.
—¿Te llega el reconocimiento de ser una cara conocida en el humor de Rosario?
—Tuve la suerte de laburar en la tele y eso hace que tengas otra llegada al público
masivo. Por eso la gente tiene más incorporada mi imagen que la de otros actores que hacen humor.
Pero además hay que pensar en que hace muchos años que vengo haciendo esto. La imagen se hace
muchas veces también a fuerza de laburo y de que siempre me fue bien. Sé lo que al público le gusta
y sé lo que quiero hacer.
—¿Qué diferencias hay entre éste y tus otros trabajos?
—Esto es humor, pero necesitaba un poco parar con eso del histrionismo. Con el que sí o
sí te impone el personaje. Haber elegido este tipo de espectáculo pasa un poco por ese lado. Y por
los años que hace que hago teatro, con mi edad y con mis gustos, que van cambiando.
—¿Pensás en caminos alternativos al humor?
—En eso pienso siempre. Si pudiera vivir cómodamente, por un tiempo dejaría de hacer
humor. Como actriz necesito entrenar otras cosas. Por ahí siento que si hago algo dramático, la
gente no va a ir porque no es lo que espera de uno. Por eso a veces el reconocimiento puede jugar
en contra: la gente que te va a ver espera reírse. Sin renegar de él, yo quisiera seguir eligiendo
el humor. No hacerlo porque es mi sustento. Pero no lo padezco, me fascina, sino no podría
hacerlo.



Por Fermín Sánchez Duque e Isabella Di Pollina