Poco importa al público si es bolero o tango lo que sale de su voz, porque al final toda música que brota de los labios y de las manos de Diego El Cigala se transforma en flamenco. De todos modos, hay que acotar que hay algunas diferencias cuando el cantaor nacido en Madrid encara un tema u otro. Es decir, no es lo mismo una bulería de compás redoblado y rapidísimo que se presta como ninguna al jaleo y las palmas —tal cual diría un gitano— que “Nostalgia” de Cadícamo al ritmo de bulería.
Lo cierto es que El Cigala recorrió su repertorio fox export de tangos aflamencaos de su último álbum, “Cigala & tango”, el que preparó especialmente para esta gira latinoamericana. El tango, sí, una música del alma como el bolero y la rumba, músicas estas últimas que le posibilitaron a El Cigala asomar su cabeza por encima de la misa flamenca y hacerse famoso en buena parte del mundo con el disco “Lágrimas negras” que grabó en 2003 junto el pianista cubano Bebo Valdés.
También es cierto que a El Cigala se le desborda siempre la pasión al cantar, tanto que hasta duele. Y entonces, una noche casi dedicada exclusivamente al tango no está nada mal, aunque sea la primera vez que pisa un escenario rosarino.
Después de una intro de jazz-flamenco de sus músicos, El Cigala, de impecable traje negro (hasta su pañuelo era negrísimo) y camisa blanca y su característico acento flamenco encaró “Garganta con arena”, el tema predilecto de su repertorio milonguero. Luego se sucedieron “Las cuarenta”, “El día que me quieras” y “Soledad”. Algunos tangos se prestan en forma más natural que otros al cante del artista español. “Soledad” es uno de estos casos, lo mejor del repertorio tanguero; también “Tomo y obligo”, en cambio “El día que me quieras” y “Sus ojos cerraron” sonaron algo forzados. La zamba universal “Alfonsina y el mar” rápidamente se volvió mestiza en la voz del madrileño. Y la versión más jugada fue “Libertando” de Astor Piazzolla fundido con “Youkali”, un tango habanera de Kurt Weill.
Desde el centro de un escenario en penumbras, El Cigala, dijo estar feliz y emocionado de estar por primera vez en la ciudad, y agradeció la presencia del público a la vez que pidió a Dios que bendiga el tango.
Lágrimas. El concierto además incluyó un par de perlas de “Lágrimas Negras”, arrancando por “Inolvidable” y el tema que da título al álbum como cierre de la noche, en el único bis del show. Interpretó una gran versión de “La bien paga”, jazzeada al comienzo y virada al latin jazz sobre el final. Del CD de rumbas “Dos lágrimas” cantó “Dos gardenias”, en un set largo donde presentó a sus músicos: el guitarrista Diego El Morao, el contrabajista cubano Yelsy Heredia, el pianista Jaime Calabuig “Jumitus” y las percusiones de Sabú Porrina (excelente en el cajón) y Richard Molina en violín.
Después de una hora y media de tango, flamenco y algunos boleros y rumbas, de muchas emociones y nostalgia, El Cigala se despidió entre ovaciones y aplausos con una extensa interpretación de “Lágrimas negras”, que terminó a puro cante que, en una dosis mínima aplacó el deseo de escuchar soleás, fandangos, malagueñas y bulerías. Lo mismo, en el aire se notaba que todo fluía apaciblemente.
Está dicho, al final hubo muchos aplausos y sólo algunos olé.