Nancy (Emma Thompson) es viuda y jubilada. Durante décadas fue profesora de estudios religiosos y fue parte de un matrimonio con una vida sexual totalmente rutinaria y frustrante, tanto que, a sus 63 años, nunca ha experimentado un orgasmo (“ni sola ni acompañada”, como ella misma aclara). Nancy ahora está nerviosa, esperando en una habitación de hotel. Y el que toca a la puerta es Leo Grande (Daryl McCormack), un joven irlandés muy seductor y seguro de sí mismo. Después de mucho pensarlo (meses, años), Nancy decidió contratar a un trabajador sexual para tratar de descubrir, por fin, de qué se trata el placer y el sexo. Ese es el punto de partida de “Buena suerte Leo Grande”, el cuarto largometraje de la directora australiana Sophie Hyde (“52 Tuesdays”, “Animals”), que pasó con éxito por los festivales de Sundance, Berlín y Tribeca.




























