Turismo

Tras las huellas de "El Patrón"

A 25 años de la muerte de Pablo Escobar Gaviria, el barrio, que lleva su nombre, le rinde culto al capo del narcotráfico.

Domingo 02 de Diciembre de 2018

En una colina de Medellín se encuentra una urbanización de amplias casas con jardín, suelos en baldosa y colores relucientes, donde habitan poco más de 16.000 personas que todavía hoy, 25 años después de la muerte de Pablo Escobar, recuerdan con religiosidad al capo que les brindó un techo a los "más necesitados". El barrio hoy es un atractivo turístico más de Medellín.

La entrada del barrio es por unas escaleras angostas y empinadas, enmarcadas por un gigantesco y colorido mural con la cara de "El Patrón" y la leyenda "Bienvenidos al barrio Pablo Escobar". El mural es la primera estación de un museo ubicado allí mismo, que es guiado por un joven de 21 años que cuenta con energía las aventuras de este "Robin Hood colombiano", como algunos prefieren llamar al líder del cártel de Medellín, abatido el 2 de diciembre de 1993.

"Aquí le contamos a quienes vienen cómo es que nosotros percibimos a Pablo, sabemos que hizo cosas malas pero preferimos contar lo bueno. Tenemos un techo gracias a él", indica Juan Esteban Valdéz junto a un busto de yeso con el rostro del narcotraficante, una de las piezas del museo artesanal.

Unos escalones hacia arriba vive Iván Hernández, de 81 años, uno de los fundadores del barrio "Medellín sin tugurios", como lo denominó allá por 1984 Escobar. "Este barrio se fundó hace 35 años. Como Pablo era tan entusiasta con la juventud, visitó algún día un sitio donde los niños jugaban fútbol, al lado de un basurero, en donde también vivían. Entonces dijo pesar, toda esa gente viviendo en esos tugurios", recuerda Hernández desde su vivienda de fachada amarilla en declaraciones a DPA.

El capo mandó a construir entonces 250 viviendas, relata Hernández. Y una noche, justo antes de que las autoridades demolieran las construcciones por no contar con permisos, ordenó a los habitantes del suburbio que se mudaran allí. "Cuando el gobierno se dio cuenta de que Pablo había construido un barrio, mandaron a tumbar las casas, que aún no estaban terminadas porque faltaban pisos, puertas, ventanas y alcantarillado.

A Escobar le avisaron y entonces llegó al suburbio y nos dijo como puedan que yo les mando camiones, y así fue", cuenta Hernández. De las entonces 250 viviendas se pasó a las más de 5.000 actuales. Los devotos a Escobar que allí residen son conscientes de que su amor y respeto por el hombre que le juró la guerra al Estado colombiano en los 90 les ha acarreado dificultades. "El barrio no ha sido reconocido por el Estado precisamente por ser de alguna forma herederos de Pablo Escobar, también han intentado desalojarnos varias veces y tuvimos dificultades en los inicios para acceder a servicios públicos", explica Uberney Zabala, presidente de la junta comunal del vecindario.

A quienes habitan aquí poco les importa que al capo se le atribuyan miles de muertes. "Por la mañana era bueno y por la tarde era malo, un día colocaba un carro-bomba y por la tarde le daba comida a los pobres, por la mañana mandaba matar a un ministro y después daba medicamentos a los ancianos", recuerda Zabala a Escobar.

Lo cierto es que los habitantes del barrio han sabido aprovechar la fama del hombre que hoy protagoniza series de televisión y aparece en la portada de numerosos libros. Las calles del vecindario no se sienten inseguras y escaleras abajo, a unos pasos del gran mural, hay una barbería llamada "El Patrón" con una pequeña vitrina que vende artículos recordatorios para los foráneos que vienen de visita.

El establecimiento es atendido por Yamile Zapata, y allí se encuentran camisetas, pocillos, llaveros y hasta fotografías originales de los animales exóticos que Escobar tenía en la "Hacienda Nápoles", que hoy en día es un parque temático administrado por el Estado. "Tengo dos proveedores para estos artículos, pues acá hay gente que no le gusta producir cosas de Pablo, gente que piensa en lo malo. En cambio a mi me gusta mostrar lo bueno: Escobar ya está muerto y el barrio ha cambiado", cuenta Zapata detrás de su vitrina. Hernández en cambio es más tajante. "Escobar fue uno de los hombres más inteligentes del mundo y habría merecido ser presidente de Colombia", dice, sentado en el jardín de su morada.

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