Si todos los seres humanos necesitan en algún momento de su vida ser cuidados, esa tarea estuvo asignada históricamente a un solo género, el femenino, además de no reconocerse como un trabajo (con la consiguiente traba al acceso de muchas mujeres a un empleo formal por fuera de la casa). Frente a este panorama se plantan cooperativas de cuidadoras –sí, con mayoría de mujeres– que brindan un servicio calificado y profesional, mientras luchan por una ley nacional que las encuadre. Representantes de dos entidades rosarinas recientemente formadas cuentan cómo buscan revertir desde la economía social la precariedad del rubro, generando puestos de trabajo y un trato digno y respetuoso hacia quienes por su situación de vulnerabilidad requieren cuidados.
Con el ímpetu del oeste
Angie Carranza es la secretaria de La Fuerza del Oeste, que surgió hace dos años por impulso de dos asociaciones civiles ubicadas en barriadas de ese distrito, La Hormiga y La Trinchera. “Es un proyecto conjunto para pasar de un marco precarizado a otro más formal, con un respaldo”, arranca la joven de 32 años, cuidadora, estudiante de la carrera de Ciencia Política en la UNR y una de las siete integrantes de la cooperativa, que busca ampliarse.
Asisten y acompañan a niños, ancianos, personas en situación de discapacidad o dificultades de salud crónicas o transitorias. “Las compañeras ya tenían experiencia transitando hospitales y sanatorios de Rosario, aunque no siempre continuidad. La cooperativa permite generar una rueda, una red, para que nadie se quede sin cumplir tareas y percibir ingresos, lo que además reduce la incertidumbre y da una visión de futuro”, explica Angie.
Una dificultad en torno a esta labor es confundirla con el empleo doméstico. “Muchas veces el cuidador realiza tareas de limpieza aunque en principio no está estipulado. Por eso firmamos un acta acuerdo entre las partes, para que quede claro el alcance del servicio en los domicilios”, comenta la secretaria entre las ventajas de este modelo de organización, además de la capacitación permanente de sus miembros. Para los clientes, por su parte, figura la seguridad de que contratarán a alguien entrenado en competencias específicas.
Son particulares quienes fundamentalmente las contactan, y para el cuidado de adultos mayores “no solo por enfermedad, también para acompañamiento, escucha y recreación”. Ahora la Municipalidad, que las había ayudado en los trámites de constitución de la cooperativa, las demanda en eventos masivos destinados a mujeres madres que no tienen con quién dejar a sus hijos, como una estrategia para garantizar participación o formación. “Prestamos servicios en domicilios e instituciones, con un valor hora aproximado de 850 pesos”, finaliza Angie con ímpetu.
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La cooperativa que nunca duerme
AVD (por “actividades de la vida diaria”) es la sigla que identifica a una cooperativa de cuidados de adultos mayores que nació en 2020 de la mano de la mutual Federada Salud (y de su Fundación 25 de junio), rememora la contadora Antonela Guareschi, tesorera y responsable de la grilla de turnos. Cuentan con siete auxiliares gerontológicos egresados de la escuela municipal, siete mujeres y un varón, y procuran sumar a otras dos personas porque tienen mucha demanda.
“Este trabajo está totalmente feminizado. La cooperativa es una oportunidad para que las mujeres puedan profesionalizarse, asegurar una fuente laboral digna, encontrar una contención en el grupo y un equilibrio con su trabajo en casa: a veces a las mujeres se les hace muy difícil tener un puesto formal que armonice con las obligaciones de cuidado del hogar propio”, profundiza Antonela. “Buscamos el precio justo pero a su vez que sea pagable, eso nos diferencia de las empresas privadas que buscan el lucro”, insiste sobre los criterios que rigen a las empresas de la economía solidaria.
AVD forma parte de la red argentina de cooperativas de cuidado, en cuyo seno interactúa con organizaciones como la pionera Soltrecha de Resistencia y la cooperativa Cuidadores Domiciliarios de Mar del Plata, de las más antiguas del país. También bregan por una Ley del Cuidador que encuadre su actividad, jerarquizándola (en mayo presentó un proyecto en el Congreso de la Nación sobre este tema la diputada por el Frente de Todos Mónica Macha). Ahora las cuidadoras rosarinas se encaminan hacia el primer encuentro nacional a celebrarse en marzo en Puerto Madryn, antes de lo cual planean un pre-encuentro en febrero en la provincia de Santa Fe.
“El cuidado que prestamos es especializado y apuntamos a servicios de larga duración, para lo cual generamos equipos de trabajo que concurren a los domicilios. Nos encargamos de las tareas de coordinación del equipo, absorbiendo lo que el familiar debería hacer si contratara a varias personas distintas por su cuenta”, detalla la tesorera de AVD, al frente justamente de cuestiones operativas, y con la salvedad de que el servicio no solo pretende ser eficiente y calificado sino sobre todo humano y digno, con respeto por la intimidad y los vínculos.
Los turnos máximos son de ocho horas pero abarcan todas las franjas horarias. Se podría decir en ese sentido, que la cooperativa nunca duerme. Y que además sueña, con el reconocimiento social, económico y de derechos de las cuidadoras.
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Delegar los cuidados, ésa es la cuestión (de clase)
“Estamos poniendo en valor las tareas de cuidado”, advierte el subsecretario de Desarrollo Humano de la Municipalidad, Lucas Raspall. Tan invisibilizado se encuentra el cuidado que el gobierno local debió hacer una intervención administrativa para que se lo considere jurídicamente como un trabajo y poder contratar a las cooperativas que prestan estos servicios, por ejemplo para una actividad que se realizó la semana pasada y donde concurrieron cientos de mujeres. Que las madres cuenten con un espacio para dejar a sus hijos más pequeños no es un detalle secundario sino definitorio: quienes no consiguen delegar el cuidado terminan fuera de los circuitos de participación y formación más temprano que tarde. Excluidas y autoexcluidas, sin acceso a derechos. “Si no disponemos de un lugar para que cuiden a los chicos de las mujeres que deben capacitarse, las mujeres no van. Hoy lo que estamos haciendo es sembrar, hay que cambiar la conciencia y la mirada. Esto es igualar”, subraya el funcionario.
“La Municipalidad acompaña los procesos asociativos de los cuidadores, poniendo a disposición la parte legal y contable porque no es fácil armar una cooperativa”, comenta Raspall, que tiene a su cargo el Plan Cuidar. “Pensamos al cuidado como una posibilidad de trabajo, buscamos formalizarlo porque esto garantiza derechos, a ser cuidado y para el que cuida. Siempre alguien cuida, ese alguien es una mujer y no puede salir a trabajar”, completa.