Javier Milei llega a todas sus reuniones con dos aparatos de teléfono celular. Uno, el de siempre, el que termina en 05, y el otro conocido por pocos. Muy pocos. Desde el primero es desde donde tuitea. “No entiendo qué les molesta. Es el derecho de un ciudadano común que posee en todos los países libres”, les dice a los que se atreven a sugerirle que quizá exagera su modo de comunicación por redes. “No pienso dejar de hacerlo. Si mienten, les contesto. Si les gusta el durazno, que se banquen la pelusa”, le dice a uno de los 10 empresarios más poderosos del país que lo escucha absorto y no se atreve a responder. Esta máxima, hecha pública cuando destrató a Lali Espósito, dice vale para todos.
El presidente de la Nación cree que ha fundado un nuevo tiempo político. Habla de sí mismo con adjetivos grandilocuentes. En privado y en púbico, como con este hombre de negocios. Exhibe en el haber de esa creencia, por ejemplo, el haber ganado las elecciones con un partido de un poco más de dos años de vida derrotando al otrora invencible peronismo y haciendo campaña con una promesa, de la que se siente cumplidor, más dura que el “sangre, sudor y lágrimas” conocida por los ingleses el siglo pasado.
Desde lo comunicacional, sostiene que él mismo decide a quién le concede una entrevista periodística y de qué modo. Le atribuyen decir: “A veces funciona mejor una charla por teléfono que media hora en el prime time”. Pero está convencido de que la primera persona de la red X es su palabra más poderosa. Cree que es una sutileza de los “progresos” cuando se le señala que a veces sus “me gusta” o “RT” convalidan groserías, insultos o descalificaciones.
Milei está convencido de que la mayoría de la ciudadanía, no sólo separa su rol de tuitero de la de presidente sino que aplaude sus modos en redes. Cree que a sus votantes y a los que lo siguen apoyando sin perder prácticamente nada de aprobación en las encuestas, les divierte ver que Milei sea un “igual” (sic) a la hora de los 140 caracteres.
Niega terminantemente que las cuentas Enfant Terrible, Agarrá la pala, Peluca Milei, doctor House u otras operativas respondan a su equipo de comunicación comandado por Santiago Caputo. La primera de ellas fue señalada por Carlos Pagni como de letra y música del asesor presidencial. “No hablo”, fue la respuesta que recibió este cronista cuando le propuso al joven Caputo charlar de actualidad. No se sabe si por disfonía pasajera o por estrategia política.
Idéntica posición ha tomado la híper ministra Sandra Pettovello, que concentra en sí tanto apoyo y afecto personal del presidente como competencias: desarrollo social, trabajo, cultura, educación y sus derivados. Tampoco habla. Llena biblioratos de documentación que luego -y eso está bien- vuelca a la justicia penal. A lo sumo, se puede acceder a algunos de sus colaboradores de gestión que, también, comunican en off.
Uno de ellos aseguró que por estos días se haría una rendición de cuentas de casi un centenar de alquileres de edificios que la gestión anterior contrató a precios siderales, fuera de mercado, o de tareas de refacción de oficinas públicas con tareas de “puesta en valor” que superan su precio comercial. Ejemplo: un viejo palacio del centro porteño, cercano al CCK, fue “restaurado” por 3 millones de dólares cuando su provecho en caso de venderse no llegaría a 2 millones. Dato: la refacción terminó un mes antes de dejar la gestión el gobierno K.
Ella decidió hablar
Victoria Villarruel también decidió hablar. Por más negativas que se hayan lanzado desde las dos partes, el nivel de tensión entre ella y Milei escaló alto. Muy alto. La desconfianza, sobre todo con Karina Milei, sigue intacta. El presidente es cortés con ella y apenas dice que son dos personas distintas. “Yo soy liberal libertario -también le dijo al empresario mentado-. Ella es conservadora. Es distinto”.
A la vice le sugirieron que saliera al público y limara asperezas. Quizá sea que este nuevo espacio de la política opere herramientas distintas para el pulido de tensiones. Pero basta un punteo no muy prolijo de lo dicho por la dama del Senado para poner signos de interrogación en lo dicho: no apoya la rebaja salarial de los senadores, no apoya las nominaciones a la corte, no apoya las modificaciones propuestas por los ministros de Defensa y Seguridad en cuestiones internas, no se olvida que nombrar familiares incluye a la hermana del presidente. ¿Algo más? “Soy brava, no me desvela ser presidente, pero no lo descarto”, dijo textualmente.
¿Cómo cayó en el Ejecutivo lo dicho por Villarruel que quirúrgicamente omitió hablar de su vínculo con Mauricio Macri? “Yo te diría que nada bien. Pero prefiero reservar que hablé con vos y lo que digo”, confía un ministro. “En estos tiempos una palabra de más o de menos, te liquida”, concluye la fuente del presidente que sabe del peso de comunicar por estos tiempos.