“Ponernos en la piel de un chico con trastorno del lenguaje que no entiende mucho lo que dicen o pasa a su alrededor es una sensación similar a la que experimentamos cuando viajamos a un país donde conocemos poco el idioma”, sostiene la fonoaudióloga Verónica Maggio respecto a la realidad que atraviesan muchos niños y niñas que manifiestan dificultades en el habla y la comprensión.
Junto a un grupo de colegas especializadas en el tema publicaron la segunda parte del libro Cuentos adaptados para curiosas y curiosos, de editorial La Crujía. La creciente manifestación de niños y niñas con dificultades en la comunicación y el lenguaje es una de las preocupaciones más latentes entre las especialistas en fonoaudiología, algo que se exacerbó durante la pandemia y que ante la escasez de profesionales en algunas partes del país hoy retrasa su tratamiento. Promover la lectura como herramienta para el aprendizaje de contenidos es el principio de esta nueva edición.
La imprenta mayúscula es lo primero que llama la atención del libro. Al recorrer sus páginas será también la forma de narrar una historia, y las hermosas ilustraciones de Anabella Albanese. Estas adaptaciones de cuentos clásicos están pensadas especialmente para chicos y chicas a partir de los cuatro años, y también para interesar a cualquier otro lector.
“Las dificultades en el lenguaje abarcan muchos modelos diferentes. Hay chicos que tienen problemas para entender y hablar, otros en cambio presentan problemas para expresarse pero entienden. También están quienes pronuncian solo algunas palabras o por el contrario, que hablan mucho pero no se entiende lo que dicen”, describe Maggio entre las manifestaciones más frecuentes.
adaptados.jpg
“El príncipe rana”, con la ilustración de Anabella Albanese.
Señales de alarma
La licenciada en fonoaudiología de la Universidad del Salvador e integrante del Área de Lenguaje del Servicio de Fonoaudiología del Hospital Universitario Austral, hace hincapié en las primeras pautas de alarma que se pueden detectar antes de empezar el nivel inicial. “Si un chico que tiene dos o dos años y medio no dice las primeras palabras, eso no quiere decir que tendrá un trastorno del lenguaje pero sí es un indicativo o alerta para realizar una consulta, y quizás con un poquito de estimulación mejore y solo en algunos casos necesite de un apoyo sostenido en el tiempo”, dice a La Capital.
“Encontramos salas de tres años donde la mitad de los chicos pronuncian muy pocas palabras, una situación que podría ser aceptable en sala de dos. Por eso hay que darles las herramientas a las familias y educadores para que puedan trabajarlo en la casa y en el aula. Sabemos que muchos chicos solo necesitan mayor estimulación y el material del libro puede ayudar. Se ha comprobado científicamente que la lectura de cuentos es la mejor herramienta para que los chicos aprendan palabras nuevas”, agrega.
Desde su práctica cotidiana en el consultorio remarca lo difícil que resulta a veces para un chico con trastorno en el lenguaje, aprender una palabra nueva. “Cuando en una situación normal se repite una o dos veces, en alguien con dificultades necesitamos hacerlo muchas veces. Para entender y evocar el lenguaje necesitan valerse de andamios como la lectura, el uso de gestos y pictogramas, porque los ayuda a comprender mejor el mundo y desarrollar una mejor habilidad comunicativa”, aporta Maggio.
Una compilación de historias clásicas
Los cuentos infantiles de autores como Hans Christian Andersen o los hermanos Grimm fueron adaptados en este nuevo libro, que también incorporó una sección de mitos griegos. “Resultó un desafío ya que son en cierta manera un resumen de la historia y de la humanidad, algo que creemos puede ser de interés para los chicos y chicas más grandes”, explica Maggio como compiladora de Cuentos adaptados para curiosas y curiosos.
“A diferencia del primer libro orientado al aprendizaje de palabras, esta publicación tiene un sentido más profundo porque hace referencia a las emociones y las propias acciones. Está orientado al desarrollo de la empatía y la socialización, y todas las actividades del libro se relacionan con eso”, detalla la fonoaudióloga.
Para la adaptación de un libro se tienen en cuenta principalmente dos grandes aspectos. “La parte literaria que trata de simplificar el contenido lingüístico de los cuentos, es decir recurriendo a frases cortas con un vocabulario sencillo que esté explicado dentro del mismo texto, tiempos verbales simples para hacerlo comprensible y correcto desde el punto de vista gramatical. Por otro lado, las adaptaciones con materiales gráficos que se hacen en el libro fomentan el vocabulario, y el entendimiento de determinados conceptos”, agrega respecto de un material que prácticamente no existe en escuelas y bibliotecas del país. “En general, las cosas que se van adaptando solo quedan registradas en los cuadernos del niño”, concluye la fonoaudióloga.