Con la lección aprendida del arrebato inicial contra la Casa Rosada que le generó a Llaryora una peligrosa fuga de apoyos ante su electorado, esta vez los tres mandatarios eligieron el momento justo. Lejos de las elecciones y cuando los bajos precios internacionales, la sequía, los costos en dólares y la tenaza impositiva ponen a un amplio sector de los productores al borde de la asfixia.
En la reunión de la Región Centro que se realizó este martes en Rosario, Pullaro, Frigerio y Llaryora se hicieron eco del reclamo que crecía de abajo hacia arriba contra un gobierno ideológicamente ecualizado con el sector. Por eso los gobernadores trataron de no sobregirarse y mantener el pedido en un tono firme pero medido.
“Hubo una gran inteligencia y Maxi jugó un rol fundamental. Nadie puede decir que los gobernadores especularon electoralmente, hicieron un planteo institucional que calzó justo”, dice uno de los principales dirigentes de Unidos.
Con equipos que monitorean en vivo el pulso de la opinión pública, los gobernadores saben que Milei conserva en sus provincias niveles de adhesión que superan el 50 o incluso el 60 por ciento.
Milei es un líder con apoyo federal no por sus políticas hacia el interior, sino a pesar de ellas. Además de sostener el esquema de retenciones durante más de un año, eliminó los subsidios al transporte, cerró los aportes de la Anses a las cajas jubilatorias provinciales y abandonó las rutas nacionales, uno de los reclamos principales de Pullaro. Como un búmeran, el libertario es un instrumento de castigo contra la dirigencia del Amba que se vuelve contra los intereses de las propias provincias.
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Lejos de un rapto de caridad de un presidente convencido en el darwinismo de mercado, la baja de las retenciones para la soja y otros cultivos y su eliminación para las economías regionales está movida por la intención política de desactivar un conflicto con un sector donde la palabra impuestos es sinónimo de confiscación y con probada capacidad para pasar a la acción directa. Pero también está motorizada por la necesidad económica de incentivar la liquidación de dólares para cumplir con las metas con el FMI, al que el gobierno ve como el cerrajero que tiene la llave para abrir el cepo.
A su vez, la medida aparece en un contexto de urgencia, en el que se adelantaron los tiempos de una decisión pensada para más adelante. En la primera quincena de enero el Banco Central quemó 619 millones de dólares para frenar las cotizaciones paralelas y esta semana las reservas perforaron la barrera psicológica de los 30 mil millones de dólares. La baja de las retenciones es una carnada para conseguir divisas sin tocar el tipo de cambio. “No devaluarás”, es uno de los mandamientos de Milei, que muestra el milagro del dólar planchado para renovar la fe de la sociedad.
De todos modos, el carácter temporal de la medida y el coqueteo del gobierno de Milei con abrir las importaciones de maquinaria agrícola —que enciende alarmas en el complejo industrial santafesino— anticipa nuevos focos de tensión.
El contraataque de Javier Milei
En cualquier caso, desde el comando central libertario mandaron al ejército virtual a atacar a Pullaro y a Llaryora por el costo político y los impuestos provinciales, en una disputa por la narrativa y el crédito del alivio a los productores.
“Es un contraataque, es la primera vez que Milei no marca la agenda”, reconoce un alto dirigente de la coalición santafesina, donde conviven —incluso dentro de los partidos— opositores viscerales al libertario, simpatizantes con su agenda y quienes ensayan una postura equilibrada.
Es un anticipo de las tensiones que marcarán el año electoral, en el que Pullaro y Milei tienen prioridades diferentes: al gobernador le interesa consolidar su proyecto provincial y al presidente sumar la mayor cantidad posible de legisladores en el Congreso. Eso abre la puerta a una competencia que implique el uso de armas políticas convencionales y no las nucleares.
Este miércoles, Unidos tendrá en Santa Fe una reunión ampliada del espacio para definir formalidades, como la inscripción de la alianza y la incorporación de nuevos partidos. En paralelo, avanzan conversaciones más reservadas sobre la arquitectura electoral, que tiene dos niveles: constituyentes y locales.
“Hay muy buen clima y estamos monitoreando cuál es la mejor estrategia. El marco opositor está muy convulsionado, ¿por qué vamos a tener una estrategia ya definida 15 días antes del cierre de listas? Una elección es lo que uno propone y lo que juegan los otros”, dice uno de los principales armadores de Unidos.
El peronismo, modelo para armar
En todos los campamentos políticos observan una crisis del kirchnerismo como identidad y la fortaleza de la marca La Libertad Avanza. “Van a hacer una buena elección, aunque el efecto se va a ver más en diputados nacionales que en constituyentes. Ahí Unidos tiene ventaja, porque somos los portadores de la reforma”, lee un dirigente del oficialismo provincial.
En efecto, en este momento el peronismo aparece como una fuerza sin cabeza e invertebrada. En ese marco, la principal carta electoral del PJ, Marcelo Lewandowski, tendrá en los próximos días una conversación con Cristina Kirchner.
“Personal o telefónicamente, Marcelo le va a contar cuál es su pensamiento, quiere evitar intermediarios”, dicen en el entorno del senador nacional, que venía armando una oferta por fuera del PJ y tiene conversaciones con el Movimiento Evita y otros espacios.
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Sin embargo, tampoco se ponen de acuerdo quienes se mantienen dentro de la cáscara del justicialismo. El massista Diego Giuliano amaga con bajarse de la lista si el peronismo no se ordena, mientras se trazó una mini grieta. De un lado, intendentes de Vamos y La Cámpora de Florencia Carignano, que pujan por la vuelta de Lewandowski y el Evita. Del otro, el sector de Agustín Rossi y los senadores, que tienen sus propios intereses: el exjefe de Gabinete quiere volver al Congreso y algunos representantes departamentales no están seguros de exponerse en la elección de constituyentes, podrían mostrarse vulnerables para dentro de dos años. En tanto, los intendentes quieren unidad pero avisan: “Los territorios no vamos a regalar más nada”. Un rompecabezas muy difícil de armar.
Un cruzado en el hemisferio norte
En simultáneo a la flexibilidad que mostró en el terreno económico con las retenciones, en Estados Unidos y el Foro de Davos Milei volvió a exhibir su costado más ideológico. Pragmático de local y dogmático de visitante.
Envalentonado por la asunción de Trump, una suerte de hermano mayor en la gran familia de la derecha global, Milei volvió a defender al controvertido Elon Musk y a atacar la agenda progresista con un nivel de virulencia impensado para un presidente. Por mucho menos, Mauricio Macri y Cristina Kirchner hubieran enfrentado movilizaciones multitudinarias, investigaciones judiciales de oficio o incluso pedidos de juicio político. Como la moneda o cualquier otro bien, la sobreoferta de agresividad la devalúa.
Otra vez, Milei usó los distintos escenarios como vidrieras personales y no como espacios para promover los intereses nacionales. No hubo anuncios de inversiones y sí música para los oídos de los magnates tecnológicos que sueñan con romper cualquier tipo de regulación estatal que los ate.
Si bien difícilmente prospere en el Congreso, el intento del gobierno de traducir la ofensiva antiprogresista en la derogación de leyes votadas por amplias mayorías —como el agravamiento de la pena por femicidio, de identidad de género y cupo trans— exhibe la impotencia, o el silencio cómplice, de aliados que aseguraban que iban a frenar las desviaciones de Milei. Los domadores terminaron domados.
Con el aval de un Trump que indultó a los asaltantes del Capitolio, la agresividad se encamina a escalar. Ya sea porque Milei lea que el apoyo a su gestión equivalen a una adhesión a su cruzada, o porque ante una crisis necesite encontrar chivos expiatorios para desviar la conversación.
Sin oposición todavía en la calle ni en la política, Milei podría incubar un problema en su propio éxito. La estabilización macro abre la puerta a nuevas demandas que el programa libertario podría no saber cómo procesar. En palabras de un dirigente de Unidos: “Milei era necesario, era el único que podía hacer este ajuste y no tiene horizonte político. Ahora le van a empezar a pedir otras cosas. Le pasa lo mismo a Maxi y a Pablo, cuando baja la inseguridad les empiezan a plantear por qué no está linda la plaza, cuando antes no podían ir por la violencia”.