Lo cierto es que la confianza en la unidad del peronismo, tanto en las presidenciales del 2019 como en las actuales, responde a la evaluación hecha después de la derrota del 2015. Con un Florencio Randazzo ofendido por la poca consideración hacia su persona; con un Hugo Moyano y un Eduardo Duhalde modelando junto a Mauricio Macri, a escasos metros de la Rosada, en la inauguración del llamado primer monumento de Juan Domingo Perón en la ciudad de Buenos Aires; con un Sergio Massa que se fue por su cuenta y terminó acumulando en las generales nada más y nada menos que el 21 por ciento de los votos, la enseñanza fue más que contundente. Podemos decir que lo más notorio de aquella contienda no fue tanto un Cambiemos que ganó sino un peronismo, desunido, que perdió. La lección sirvió para afrontar el año electoral en que Alberto Fernández se transformaría en Presidente. Hoy, 2023, la receta se repite, sin reparos.
El inconveniente es que en la actualidad el panorama es otro. Si en el 2015 por primera vez en la historia, desde la promulgación de la Ley Sáenz Peña, ganó un partido que no es ni radical ni peronista; si, por primera vez, como apunta Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli en el informe que publicamos en la nota anterior, el capital financiero internacional logró una representación estable en el espectro democrático argentino sin recurrir al golpismo, hoy tenemos un nuevo ingrediente que, como sabemos, se llama Javier Milei. En caso de que Milei saque alrededor de un 20 por ciento, como indican la mayoría de las encuestadoras, estaríamos efectivamente ante un nuevo hecho en la Argentina, una novedad a revisar. ¿Es la primera vez que el liberalismo desbocado estaría cerca de sacar un porcentaje semejante? No, no lo sería. Baste recordar que en el año 2003 Ricardo López Murphy obtuvo un 16 por ciento. Es más: también muchas encuestas de aquel momento, como ocurría ahora mismo hace un par de meses, daban a López Murphy como ganador de la contienda, demostrando a posteriori, tal cual seguramente pase ahora, que su alcance era mucho menor.
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Elecciones 2023, frente de unidad de La Libertad Avanza con Javier Milei de la cabeza.
Foto: Natacha Pisarenko / AP
Como las situaciones no hay que pensarlas en el aire, la novedad se encuentra en el contexto donde se inserta la figura de Milei: mientras que Ricardo López Murphy se encontraba en un contexto en el que el peronismo, sumando los porcentajes de Carlos Menem y Néstor Kirchner, acumulaba el 46 por ciento de los votos, hoy el porcentaje posible de Milei se incrusta en un panorama donde Juntos por el Cambio no sólo obtendrá un gran protagonismo electoral sino que, decididos a dar batalla dentro las primarias, logró construir dos figuras, contrapuestas o no, semejantes o no, pero dos figuras al fin. Dentro de esta trama, Unión Por la Patria afirma que en realidad lo que se enfrentan son dos modelos de país. La afirmación puede ser correcta, pero el otro modelo de país está representado por tres figuras que se presentan como diferentes, cada una con su caudal de votos.
Que el primero de los spots publicitarios oficiales de La Libertad Avanza tenga semejanzas asombrosas con el ritmo discursivo de los spots de Fernando De la Rúa del año 1999 no debería sorprendernos. La lógica de su convocatoria está en la desesperanza, en el cúmulo de emociones negativas que supone una economía en franco retroceso redistributivo y del cual, con una sucesión de dos gobiernos de distintos signo, se pueda culpar tanto a los amarillos como a los albicelestes.
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Se menciona tanto, pero tanto, a la casta política, que muchas veces se olvida de aquella otra casta con poco poder de voto y gran poder de veto: la casta empresarial. A veces resultan tan pueriles las intervenciones de Milei, que se le ocurrió decir nada más y nada menos frente a Gustavo Weiss, titular de la Cámara Argentina de la Construcción, que lo primero que haría en su gobierno sería erradicar de un plumazo la obra pública.
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Horacio Rodríguez Larreta en la Sociedad Rural Argentina.
Fuente: Archivo Agencia Télam
Hoy el descontento, en su versión más radical, quizás no sea tan grande, pero en las capas más jóvenes seguramente lo es. La falta de certezas no sólo hacia el futuro inmediato sino también hacia el largo plazo, los índices de desocupación que los afectan, el alto valor de los alquileres que limitan su independencia, la imposibilidad para la gran mayoría de acceder a un nivel de vida que se prolifera y festeja en las plataformas sociales, la frustración que implica tener acceso irrestricto a la educación pública superior combinado con una rigurosa falta de salida laboral para los y las profesionales, la tentación que supone hacer “otra vida” en el exterior, hacen que ser joven hoy en Argentina resulte -para utilizar un modismo que aplica- un bajón.
En estas circunstancias, y frente a una falta enorme de vocación de poder de los discursos más progresistas, a los y las jóvenes los autodenominados libertarios los han seducido en gran parte. Concluir que esto signifique una nueva derechización de lo social puede ser un desatino. Por el momento pareciera que estamos lejos de responder a una serie de rituales masivos que responden a lo peor de la xenofobia, el racismo y la homofobia, que se reparte casi que por igual en boca de Milei y sus allegados como de lo más extremo del PRO y algunos referentes de los medios de comunicación. ¿La muestra de este desacuerdo? La barbarie que implicó cada palabra de Milei a lo largo de este año, hoy en los spots se ve edulcorada.
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Elecciones 2023, en la campaña santafesina Bullrich le pellizca los cachetes a Losada.
Fuente: Captura de pantalla spot de campaña
Por más que muchas veces se quiera negarlo, el votante promedio argentino tiene una franca responsabilidad para con el respeto de ciertas normas de convivencia, hasta podemos decir que tiene una gran afinidad por prácticas progresistas variopintas. Por esta razón, hemos llevado adelante juicios de Lesa Humanidad: la mayoría de las argentinas y los argentinos nos movilizamos por nuestros derechos y nos convocamos para espantar el horror. Que tenemos como sociedad un fuerte componente racista disfrazado la mayoría de las veces como meramente clasista es cierto. Pero la mayoría de la composición electoral de Milei no viene por ese lado.
Volviendo al principio, podemos decir que con la idea de unidad se pudo haber caído en el error de proponer recetas viejas para problemas nuevos. La mejor estrategia hubiese sido generar un contrapeso a Milei que no se identifique estrictamente con el consenso de la mayoría del peronismo. Así como Juntos por el Cambio generó un contexto en el que pudo acunar su espectro más extremo, el peronismo debería haber hecho lo mismo. Tener soldados de reserva para las próximas batallas, parece ser un requerimiento más que útil.
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Los pies de Patricia Bullrich en la conferencia donde presentaron la pre-candidatura presidencial en Rosario de cara a las elecciones 2023.
Foto: Virginia Benedetto / La Capital
Por más que la composición de Unidos Por la Patria pueda resultar interesante, concentrar todas las tácticas en un solo candidato tiene sus riesgos. Alimentar un poco más la candidatura de Juan Grabois quizás sea lo más prudente. Hacia dónde migrarán los votos de Milei en un contexto de posible ballotage es todo un misterio. Quizás migren hacia un partido que viene creciendo de manera crucial y del cual se habla muy poco: la abstención. Quizás no. El juego está más abierto que nunca.
(*) Ezequiel Vazquez Grosso es licenciado en Ciencia Política de la UNR y docente …
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