La irrupción de Javier Milei sacudió toda la estantería electoral. Todavía desconcertada, la oferta establecida ensaya distintas estrategias defensivas frente al nuevo jugador que le come tanto a Unión por la Patria como a Juntos por el Cambio parte de su cuota de mercado. Pero lo que verdaderamente les inquieta es interpretar y reconquistar la demanda. Un electorado que parece moverse de acuerdo a nuevos patrones de consumo.
A tres semanas de las Paso, Sergio Massa y Patricia Bullrich todavía están procesando el resultado de las primarias. Con enormes dificultades, ambos buscan reacomodarse en la góndola. Mientras tanto, gobernadores, sindicalistas y dirigentes políticos de todos los colores ponen sus servicios a disposición del candidato de La Libertad Avanza, que necesita una logística más aceitada para las generales y abundantes recursos humanos calificados si llega al poder. En la política, como en la economía, mandan las expectativas.
Sin embargo, Milei también agitó a todo el tablero político santafesino. A menos de dos semanas para las elecciones para gobernador, Maximiliano Pullaro dijo en El Tres que frente a un balotaje entre Massa y Milei se inclinaría por el libertario.
Importan tanto el qué como el cuándo. El candidato de Unidos para Cambiar Santa Fe sabe que comparte buena parte del electorado con Milei y no quiere que se le caigan votos de la mochila en la recta final hacia el 10 de septiembre.
“La gente puso a Maxi del lado de lo nuevo y lo esperanzador”, señalan desde el laboratorio de Pullaro, que quiere romper la barrera del millón de votos. En una provincia huérfana de liderazgos de peso, podría salir convertido en el nuevo gran elector de la provincia.
De todos modos, si bien la ventaja de más de 500 mil votos contra el peronismo le permiten llegar con una tranquilidad relativa a las generales, en estos tiempos las mayorías son volátiles y deben revalidarse día a día ante una ciudadanía que elige con lógica de consumidor.
El posicionamiento de Pullaro dejó en un lugar incómodo a Patricia Bullrich. La ex ministra de Seguridad aterrizó esta semana en Rosario, compartió acto con Pullaro y Pablo Javkin y, si bien se fue aplaudida del Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, en el nuevo escenario quedó en el pasillo de lo convencional. El fichaje de Carlos Melconián, que viene con el bolso lleno de relaciones con el mundo empresario, apunta a presentarla como el cambio con gobernabilidad.
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Tironeado entre fuerzas que escapan a su control, el Partido Socialista tildó de autoritario a Milei, que había dicho que “un socialista es una basura, es excremento humano”, pero sus principales dirigentes se cuidaron de no confrontar con Pullaro. Al menos públicamente.
“Maxi es el golden boy. Senadores, diputados e intendentes dependen tanto de su arrastre que nadie atina a decir ni mu”, dice un integrante del armado del radical.
Con Pullaro cómodo en la categoría a gobernador, Unidos va por la mayoría en la Legislatura. Según los sondeos que manejan en distintos campamentos, Clara García supera a Omar Perotti y Amalia Granata aparece cerca en el tercer lugar.
Si bien la diputada pañuelo celeste come votos de manera transversal, al gobernador le serviría que la legisladora y mediática gane volumen para restarle a García. Atentos a las redes, en el socialismo detectaron el viernes en YouTube un anuncio que buscaba unir a Pullaro con Granata. El aviso, señalan desde el PS, fue rápidamente desactivado porque no estaba vinculado a ninguna cuenta verificada y estaba patrocinado por una empresa radicada en la ciudad de Buenos Aires y vinculada al esquema comunicacional del rafaelino. “Están tirando manotazos de ahogado, en esta última semana el gobierno tiene que garantizar que las elecciones se desarrollen en un clima de tranquilidad”, subrayan.
A la rama cambiemita de la familia ensamblada de Unidos le gustaría ver más gestos de García hacia la platea de JxC. Por ejemplo, que incluya en su repertorio la palabra orden. “Clara le ganó por 3 mil votos a Corral y por 30 mil a Scarpin, no es que le sacó 200 mil al segundo”, remarcan.
Cerca de García dicen que tienen planeado para el sprint final más apariciones con Pullaro, guiños de Carolina Losada —que esta semana volvió a escena después de las Paso— y actividades en Rosario y Santa Fe con el sector del PRO conducido por Federico Angelini.
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En contraste con las tensiones de crecimiento de Unidos, la situación del peronismo aparece mucho más convulsionada. En siete días el PJ puede atravesar un domingo negro. En ese marco, Perotti pateó el panal del peronismo cuando dijo que en una segunda vuelta entre Bullrich y Milei optaría por Milei. Después dio un paso atrás, pero el operativo desmarque, con Marcelo Lewandowski a la cabeza, ya estaba en marcha.
Cuesta descifrar la lógica detrás de las declaraciones del gobernador. El voto a Milei es fundamentalmente un voto anti establishment. Y si alguien encarna el statu quo en la provincia es el jefe de la Casa Gris.
La ola de rechazos a las declaraciones de Perotti revela un panorama inédito para el peronismo en el poder. Se rompió la vertical y cada tribu se entregó al sálvese quien pueda.
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“Está todo roto, no hay jefatura. Perotti nunca quiso ejercerla. Al principio había alguna expectativa con la gestión y que ordenara, pero ya a la mitad del mandato quedó claro que ahí no había ningún futuro”, señala un dirigente de un espacio que trabajó por Perotti en 2019 y se fue distanciando cada vez más de la órbita del gobernador. Las elecciones del próximo domingo revelarán si alguien se mantiene en pie en el ring provincial o queda un vacío que alguien, en algún momento, deberá llenar.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital
Más allá del debate técnico, debajo de la disputa entre Perotti y la oposición por los pliegos judiciales subyace una pelea sobre el próximo ciclo político. Unidos ya dio vuelta el reloj de arena y cree que la transición ya comenzó. En la Casa Gris aseguran que gobernarán hasta el último minuto. Tienen fresco el largo interregno de seis meses de hace cuatro años. En ese momento, el gobernador saliente, Miguel Lifschitz, que ya tenía garantizada la mayoría en Diputados, hizo un acuerdo con los senadores peronistas y votaron el presupuesto del año siguiente. Un anticipo de los conflictos que vendrían después y en los que perdieron todos.
En este contexto, la mayoría en Diputados es decisiva. Si la lista de Perotti saliera segunda, entraría en el reparto de las 22 bancas para las minorías. En distintos campamentos calculan que en ese escenario podría llevarse diez lugares. De ellos, sólo cinco pertenecerían al núcleo del actual gobernador. Un número que quedaría lejos de la cifra necesaria para tener poder de veto y obligar al próximo titular del Ejecutivo a negociar con él cualquier proyecto en la Legislatura.