Desde 1974 cada 20 de noviembre en nuestro país se conmemora el día de la Soberanía Nacional y desde 2010 es feriado nacional. Como toda efeméride que se precie tiene un acontecimiento, considerado importante que se recuerda. Ese acontecimiento según rezan los portales oficiales es el combate, ocurrido en esa fecha en la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, donde el Río Paraná hace un recodo que lo angosta.
En ese sitio se enfrentaron las tropas de la Buenos Aires rosista, comandadas por el General Lucio V. Mansilla contra las fuerzas anglo francesas que habían iniciado un bloqueo del puerto de Buenos Aires. Las intenciones de las potencias extranjeras eran custodiar barcos con mercaderías para comerciar directamente con los estados de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y el Paraguay, pasando por encima de la autoridad porteña. El objetivo estratégico era lograr la libre navegación de los ríos tributarios del Plata, y apoyar al Uruguay en su intención de ganar la disputa entre Montevideo y Buenos Aires por ser el puerto de ultramar privilegiado.
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Soberanía Nacional. En la ilustración se ven las barcas encadenadas que atravesaban el río Paraná en la batalla de la Vuelta de Obligado para evitar el avance de Gran Bretaña y Francia.
Fuente: www.argentina.gob.ar
Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, comisionó a Mansilla para que impidiera que los barcos extranjeros avanzaran sobre el río Paraná y planteó el tema como una lucha para conservar la soberanía nacional duramente conseguida en 1816. El resultado de la Batalla fue una derrota táctica del bando bonaerense, o una victoria pírrica del enemigo europeo, ya que el resultado final de ese conato de guerra fue que Gran Bretaña y Francia negociaran con las autoridades porteñas el reconocimiento de la soberanía sobre los ríos interiores.
Hasta aquí, muy sintéticamente los acontecimientos que fueron la base para que el exitoso historiador revisionista José María Rosa plantee, en 1974, dos acciones memoriales vinculadas entre sí, la repatriación de los restos de Rosas a la Argentina y la declaratoria de fecha patria del 20 de noviembre. La repatriación tuvo que esperar a realizarse recién en 1989, durante el gobierno de Carlos Menem y la declaratoria de feriado nacional no laborable se sancionó en 2010, en el gobierno de Cristina Kirchner. Que tres gobiernos peronistas retomen la simbología del revisionismo histórico aparentemente se correspondería con las premisas ideológicas del Justicialismo, en su lucha contra todo lo que se parezca al liberalismo.
Sin embargo, como lo han demostrado historiadores como Tulio Halperín Donghi y Alejandro Cattaruzza, entre otros, el primer peronismo estaba lejos de identificarse con los héroes del revisionismo, particularmente con Rosas. Basta con revisar los manuales escolares, que, junto con la profusión de imágenes de Perón y Evita, los cruzaban en la página siguiente con el “padre del aula”. No se registra en la nomenclatura de 1946 a 1955 ninguna calle ni monumento al caudillo bonaerense y entre los historiadores revisionistas algunos adhirieron al peronismo, otros no y algunos fueron directamente opositores.
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Soberanía Nacional. Ilustración del Ministerio de Educación que ubica la disposición táctica de Argentina frente al avance de Gran Bretaña y Francia por el río Paraná a la altura de San Pedro.
Fuente: www.educ.ar
El antiperonismo casi unánimemente asoció la figura de Rosas con la de Perón, llamando a su gobierno la “Segunda Tiranía” y esta asociación fue llevada hasta el paroxismo durante la autodenominada Revolución Libertadora. Había que desterrar simbólicamente al peronismo y para eso tenía que ser un paréntesis olvidable de la historia, como el período rosista, que fungía como tal entre la gloriosa Revolución de Mayo y la Batalla de Caseros. La resistencia peronista empezó a apropiarse de esta caracterización que hacían sus enemigos y adoptó las tesis del revisionismo histórico, con diversas variantes ideológicas e interpretativas.
Por ello, en el retorno de Perón y el peronismo al poder después de 17 años de proscripción una de las formas que se encontraron de restituir un “tiempo perdido”, fue cargar de símbolos revisionistas las nomenclaturas y las efemérides. También, en el caso del día de la soberanía, fue una forma de rescatar una anacrónica tradición antiimperialista, que estaba a la orden del día en la agenda política de los 70’. Cuando Juan Domingo Perón murió, se intensificaron los homenajes revisionistas, un ejemplo de esto fue la sustitución en nuestra ciudad del nombre de la calle 25 de diciembre por el de Juan Manuel de Rosas. Este acto también fue una sustitución de significantes entre Perón y Rosas, ya que el general había prohibido usar su nombre y el de Eva Perón en la nomenclatura, en aras de la unidad nacional. Ante esta prohibición la sustitución del nombre de la calle es clara, homenajear a Rosas era una manera de homenajear a Perón sin nombrarlo.
En 1989 Menem por fin hizo realidad la propuesta de José María Rosa de repatriar los restos de Rosas, pero esta vez el significado fue otro. En el más importante acto histórico que hizo Carlos Saúl Menem se propuso clausurar antiguas dicotomías y tradiciones históricas, reuniendo a descendientes de Rosas y de Sarmiento en un largo periplo que incluyó nuestro Monumento a la Bandera como uno de los escenarios. A partir de allí el gobierno propuso una suerte de épica hacia el futuro, en el que el pasado era sólo una referencia que no marcaba nuestro presente. Esto permitió que en los manuales escolares empezara a enseñarse la historia de acuerdo a unas bases conceptuales que cortaban amarras con las antiguas visiones liberal o revisionista. Se trataba de una historia más vinculada a la producción académica, en la que la historia se vinculaba más a otras ciencias sociales, como la economía, la sociología y la politología y buscaba explicaciones racionales al devenir de la sociedad argentina, más que establecer un panteón de héroes y traidores.
Esa nueva historia, expresada, entre otros, por José Carlos Chiaramonte podía cuestionar el relato nacionalista que ponía a Rosas como un luchador por nuestra soberanía. Era discutible que en 1845 hubiera algo como una “Nación Argentina”, las provincias eran unidades soberanas, sin un vínculo jurídico, salvo algunos acuerdos. Las fronteras territoriales no estaban claramente delimitadas y construir una Nación que incluyera el Sur de Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes, era una posibilidad entre muchas. Las disidencias con respecto a Rosas y los apoyos a los europeos que dieron algunos caudillos como el correntino Ferré, daban cuenta de esa diversidad que era la Confederación Argentina. En esa perspectiva el caudillo bonaerense quedaba reducido a ser un representante de los intereses de su región, aunque esto fuera en detrimento de otras.
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Soberanía Nacional. La batalla de la Vuelta de Obligado combatió contra las formaciones anglo francesas bajo las órdenes de Juan Manuel de Rosas.
Fuente: www.argentina.gob.ar
La historia que pretende ser científica va a contramano de la memoria y de los mitos, por lo tanto, no resulta adecuada para la demanda de identidad del poder político o de los movimientos sociales. Precisamente en 2010 el poder político había iniciado una nueva etapa, a la que la presidenta Cristina Fernández quiso darle una rúbrica simbólica, aprovechando el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Así echó mano nuevamente del relato revisionista, esta vez escrito por Pacho O 'Donnell, resucitando y cargando de nuevos sentidos la Vuelta de Obligado.
Hoy, 12 años después de ese nuevo rescate de un viejo acontecimiento, nos encontramos con que las discusiones políticas del presente están saturadas de pasado, y sobre todo del referido al siglo XX. Las polémicas a veces adquieren la forma de reproches hacia las actitudes que tal o cual persona, partido o corriente tuvo en el pasado. Preguntas casi absurdas como ¿Cuándo se jodió la Argentina?, hablar vagamente de los supuestos 70 años de peronismo o demonizar períodos completos de nuestra historia no contribuyen ni a la comprensión del presente ni a generar mitos identitarios que movilicen opiniones y proyectos políticos. Sólo reflejan pobreza de argumentos y ausencia de proyectos a futuro, quizás, como decía Reinhart Kosselleck habría que pensar el pasado como un espacio de experiencia, no importa si buena o mala, en función de nuevos horizontes de expectativas.
(*) Mario Glück es doctor en Historia por la Universidad de Rosario, profesor e investigador de la UNR.
Batallas de la libertad: La Vuelta de Obligado - Canal Encuentro