Nadie se atreve a ponerle porcentaje, pero los registros de las inmobiliarias locales indican que por efecto de la crisis, hay una baja en la demanda de vivienda de jóvenes que vienen a estudiar a Rosario desde pueblos. La percepción de distintos organismos es que hay una búsqueda de alternativas al alquiler como viajar todos los días desde la localidad de origen, que más estudiantes se agrupen en una sola unidad o la opción de pensiones y alojamientos.
Si bien no hay mediciones estadísticas procesadas, el fenómeno viene siendo analizado desde el Colegio de Corredores Inmobiliarios de Rosario (Cocir) a través de 30 casos testigo ubicados de forma geolocalizada en lugares neurálgicos de la ciudad. Son departamentos distribuidos casi un 90% en el área central, micro y macrocentro, la zona delimitada por los bulevares 27 de Febrero, Avellaneda, Bordabehere y el Río. Esto incluye la zona de Francia hasta llegar a Avellaneda, más que nada por la parte estudiantil de barrio Agote y Echesortu con tipologías de monoambiente, uno y dos dormitorios.
Así, ven cómo van reaccionando frente a distintos fenómenos. Lo que observan es que entre noviembre y febrero, históricamente los meses que tienen mayor dinámica en cuanto a la concreción de contratos de locación para vivienda, principalmente en un ambiente y un dormitorio, bajó muchísimo el fluido de consultas, y por ende de concreciones de visitas y finalmente de contratos del perfil de estudiante universitario.
"Lo cierto es que este año los teléfonos no están desbordados con el perfil de búsqueda de estudiante, como sucedía en otros veranos, sino que se da de forma dosificada. Estamos viendo que claramente aumentó la cantidad de propiedades en alquiler, pero aún no se pudo equilibrar el proceso de oferta y demanda. Esto también magnifica el fenómeno, hay más viviendas para menos interesados de este tipo", explicó Alejandro Bassini, coordinador del departamento de Estadística del Cocir.
Ariel D'Orazio, coordinador del Consejo Asesor de la Vivienda de la Oficina Municipal del Consumidor relató que "ya se nota una caída de la llegada de estudiantes a la ciudad desde el interior de la provincia. Se debe al incremento de los costos y la pérdida de claridad en términos económicos de cómo se van a actualizar los contratos", dijo. También subrayó que hay una búsqueda de alternativas: o bien un hacinamiento con estudiantes que se agrupan en una misma casa, o que se inclinan por las pensiones y los alojamientos.
La voz estudiantil
Desde la Federación Universitaria de Rosario (FUR) comparten esta impresión. "El acceso a la vivienda viene siendo una problemática compleja para todos, en especial por la situación económica, los costos y la escasez de empleos con salarios acordes a los montos de alquileres y servicios. Como militantes estamos en constante diálogo con estudiantes de cada facultad y notamos que la dificultad para alquilar es un tema que está cada día más presente como una de las mayores preocupaciones a la hora de decidir empezar o continuar con los estudios", describió Flor del Alba Cruz Valdez, presidenta de la federación.
"Esto nos hace pensar que, para una mayoría de juventudes, el acceso a una casa propia dejo de ser un horizonte viable y para alquilar una vivienda, se presentan muchas dificultades: más requisitos y menos prestaciones. Por eso entendemos que es una problemática integral, que no va a encontrar solución sin la decisión política de incluir las problemáticas de las juventudes como prioritarias en las agendas de los gobiernos", insistió la referente de Franja Morada.
Enzo Balbuena, miembro de la Secretaría General de la FUR, apuntó que están notando una baja generalizada de la participación en los cursillos de ingreso, aunque no son obligatorios. En la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, por ejemplo, comisiones que eran de 200 personas, hoy tienen 30 o 40 alumnos. "Nos encontramos con una merma en los estudiantes que vienen de afuera, ya sea porque directamente desistieron de estudiar o porque decidieron que van a viajar todos los días en lugar de venirse a vivir a Rosario", marcó.
Se trata de personas que viven en Villa Constitución (57 kilómetros) o San Nicolás (a 70 kilómetros), lugares que no quedan cerca pero tampoco se ubican tan lejos como para viajar todos los días para venir a estudiar. "Son circunstancias que ya venían pasando, pero se acentuaron. Sobre todo, en una realidad muy afectada por el tema de los alquileres y el transporte, que también es carísimo", detalló el militante del Alde.
Así las cosas, y ante un brutal aumento del valor de los boletos interurbanos, el sostenimiento por parte del gobierno provincial del Boleto Educativo gratuito seguramente sea de gran ayuda para que las facultades de la UNR sostengan la matrícula, especialmente de aquellos que llegan a la ciudad a estudiar desde otras localidades cercanas, una proporción que se ha mantenido durante los últimos años alrededor del 50% del alumnado.