A partir de allí, los senderos se bifurcan. Un grupo que nuclea a gobernadores, legisladores e incluso sindicalistas ve en la escasez de fierros de Milei una oportunidad para intercambiar fondos por gobernabilidad.
Como las hormigas, frente al veranito libertario estos actores del PJ buscan acumular recursos para pasar un invierno lejos del poder nacional que nadie sabe cuánto se extenderá.
La colaboración con una administración no peronista en minoría en el Congreso marca una especie de revival del primer Cambiemos, cuando se modificó la ecuación del reparto de recursos en beneficio de las provincias.
Después de su amenaza inicial de fundir a todos los gobernadores, Milei cede en el terreno donde Macri todavía se arrepiente de haber escuchado demasiado a Rogelio Frigerio y Emilio Monzó y menos a su voz interior.
Para gobernadores como el salteño Gustavo Sáenz, el catamarqueño Raúl Jalil y el tucumano Osvaldo Jaldo, pionero en tejer entendimientos con la Casa Rosada, es todo negocio.
Reciben obras y recursos frescos para sus provincias, mientras la experiencia 2015-2019 demuestra que el colaboracionismo no es un obstáculo para luego acoplarse a los armados nacionales del peronismo.
La presión del ecosistema político y económico y las instituciones domesticaron al león que fantaseaba con devorarse a cualquiera que se pusiera en su camino. Aunque el instinto populista sigue latente.
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Entre febrero y junio Milei no sólo pasó de la intransigencia a negociar con los restos del sistema político. Después de delegar la tarea en Guillermo Francos, esta semana el propio presidente se sentó a la mesa y posó con los mandatarios provinciales. Una forma de refrendar el compromiso pero que diluye el componente anticasta original.
Es otro punto en común con el Néstor Kirchner que reivindican los libertarios por su rigor fiscal. Aunque está por verse que Milei y su equipo tengan la capacidad para relanzar un proceso de crecimiento económico a tasas chinas e inaugurar un largo ciclo político como sí hizo el patagónico.
Por lo pronto, Milei acepta a regañadientes participar de la cocina de la política con “p” minúscula (la rosca) que sustenta la política con “p” mayúscula (las leyes, las reformas) mientras se interesa más por los números de una macroeconomía que está lejos de estabilizarse y por seguir proyectando su figura internacional.
En el ámbito doméstico, la posición cooperativa de los gobernadores y legisladores que cobraron —políticamente hablando— el apoyo a la ley Bases y el paquete fiscal le resulta cómoda a dirigentes que se mueven en el plano subnacional pero no le calza a quienes le dan más valor a lo ideológico, provienen de territorios más hostiles a Milei, como las Buenos Aires, y pretenden representar al 44% que quedó huérfano tras el balotaje.
Triple crisis
Las tribus del peronismo que se pintan la cara para enfrentar a Milei parten de una hipótesis. La profundización de la recesión, que puede ir acompañada de un fogonazo inflacionario o cambiario, erosionará la base de apoyo al presidente, la oposición sin pliegues y el anclaje territorial del peronismo lo ubicarán en un lugar privilegiado para encabezar la alternativa a La Libertad Avanza. Según esta visión, la tarea es delinear la oferta para cuando la demanda esté lista.
Sin embargo, el problema del peronismo va más allá de las candidaturas, e incluso los liderazgos. Es también una crisis sociológica, de a quiénes representa, y programática: qué set de soluciones tiene para proponerle a la sociedad.
Una de las tantas novedades de Milei es que cosechó un voto sociológicamente transversal, después de casi siete décadas en que la política argentina se organizó con un clivaje de clase. Los trabajadores y los sectores populares votan (o votaban) al peronismo, y las clases medias y altas al no peronismo.
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Foto: Somos Télam
La performance gubernamental del gobierno, la reconfiguración del justicialismo y el resultado de las próximas elecciones dirán si Milei es un error transitorio en la Matrix o si esta conformación del sistema llegó para quedarse.
En este escenario de incertidumbre, La Cámpora y Guillermo Moreno buscan acumular desde la exacerbación de la identidad al borde de la caricatura, mientras Juan Grabois trata de posicionarse como un especie de Milei de izquierda.
La pelea bonaerense
Con Alberto Fernández anclado en la intrascendencia, Sergio Massa que continúa con su voto de silencio, Cristina con menos poder de fuego y desafiada como nunca y Martín Llaryora como heredero de la deuda de proyección nacional del cordobesismo, es Axel Kicillof quien se recorta como la principal referencia a futuro.
Sin diferencias en el terreno económico —o, al menos, no explicitadas— la disputa abierta entre el embrionario kicillofismo y el kirchnerismo residual es política. Tanto por quién conduce como por el instrumento político que hay que armar.
Más allá de la agenda de gestión, los encuentros con el chubutense Ignacio Torres y el santafesino Maximiliano Pullaro sugieren que el gobernador bonaerense se ve tentado por un “frente popular” a la brasileña que aglutine a todo lo que orbite por fuera de la galaxia Milei.
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Foto: LA CAPITAL/Celina Mutti Lovera
Se verá en ese trayecto plagado de obstáculos si Kicillof está dispuesto a llevar hasta el final el conflicto con el kirchnerismo, o apuesta a un acuerdo con Cristina y Máximo. Por ahora, el exministro de Economía pareciera confiar en que su conducción caerá por su propio peso, a pesar de que en política la inercia es una aliada ingrata.
El Congreso es otra sede de poder en la que al peronismo le cuesta hacer pie. Aunque sea la primera minoría holgada en ambas Cámaras, el PJ se encuentra con un techo difícil de perforar para construir mayorías y el acercamiento entre los gobernadores y la Casa Rosada podría abrir la puerta a nuevas deserciones en los bloques.
El peronismo de Santa Fe, en un lugar casi testimonial
En Santa Fe, el PJ se encuentra en una situación todavía más cuesta arriba. Pullaro y Unidos controlan los principales resortes políticos y buscan ampliar su hegemonía con peronistas con el pase en su poder.
A diferencia del peronismo nacional, al PJ local le conviene que Milei tenga éxito, y LLA puede armar en la provincia. Incluso llevándose una parte de Unidos.
De todos modos, un escenario de tercios es una condición necesaria pero no suficiente para pensar en un regreso del peronismo al poder.
La escenificación de unidad dos semanas atrás en la asunción de Guillermo Cornaglia como nuevo presidente del PJ no disimula la balcanización del PJ santafesino. Allí también se reproduce de la división entre cooperativos y confrontativos, que olfatearon “un tufillo cordobesista” en la asunción de la nueva conducción.
En minoría en Diputados y el Senado y con el Ejecutivo llevándose los focos de atención, el peronismo queda en un lugar apenas testimonial. “La Legislatura no es ninguna caja de resonancia, le hablás a nadie”, reconocen desde la fragmentada bancada justicialista en la Cámara baja.
Con la derrota de Omar Perotti y Marcelo Lewandowski tampoco quedaron en pie candidatos indiscutidos. “No hay más margen para personalismos, hay que formar dirigentes, y construir sin atajos desde los territorios”, plantea un intendente del sur provincial.
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La crisis que atraviesa el peronismo se parece menos al repliegue durante el macrismo y más a la hecatombe de los ‘80. Asociado a lo viejo, el justicialismo pasó una larga temporada de debate a cielo abierto, hasta que la crisis que se tragó al gobierno radical generó condiciones para el operativo retorno.
Esa debacle no la capitalizaron los renovadores encabezados por Antonio Cafiero, que habían aportado gobernabilidad y se habían mimetizado con el alfonsinismo, sino un riojano que se diferenció. Carlos Menem la vio.
>> Leer más: Tras el derrumbe, el peronismo santafesino empezó el largo camino de la reconstrucción
Luego de postergarlo dos veces, el Pacto de Mayo al que volvió a convocar Milei en Rosario para el 9 de julio en Tucumán puede profundizar la grieta en el peronismo.
Depende de la pericia política del gobierno montar un evento que deje a la oposición dura del PJ en el lugar de minoría obstruccionista del progreso y la libertad.
Además de su desgaste ante la sociedad, debajo del silencio ruidoso de algunas de las principales voces del peronismo subyace la continuidad de nombres entre el gobierno del Frente de Todos y el de LLA. También, la expectativa de que Milei sea el Remes Lenicov de esta época y se incinere con el ajuste que la dirigencia política no quiso o no supo hacer.