“Los niños han perdido su tiempo libre en la ciudad moderna. Hasta hace pocas décadas la vida de un niño se dividía entre el tiempo para la familia, el tiempo para la escuela y el tiempo libre. En ese tiempo el niño salía de su casa, buscaba a los amigos e iba con ellos a jugar”, plantea Francesco Tonucci en uno de los capítulos de su libro La ciudad de l@s niñ@s. Inspirada en este concepto de juego que promueve el pedagogo italiano, María Florencia Pasquali —docente de nivel inicial y facilitadora de yoga— creó durante la pandemia un espacio de juego libre para acompañar a las infancias.
“Ante la imposibilidad de jugar con otros y asistir a la escuela nació esta propuesta, que las familias consideraron en ese momento una oportunidad para que sus hijos salieran de sus casas. Al principio había niños que jugaban muy solos y otros que tenían miedo”, cuenta la acompañante del taller que en el marco del espacio “Floreciendo nutre tu camino” propone diversas actividades. En su mayoría al aire libre, que incluyen ejercicios de yoga y elaboración de alimentos saludables.
Las tardes en el taller transcurren entre juegos, y es el momento más esperado por niños y niñas. En la terraza de una casona ubicada en el macrocentro de la ciudad, la docente propone acompañar a las familias y valorar el tiempo del juego libre.
Tienen entre dos y cinco años, en sus juegos se percibe armonía y serenidad. En el arenero, Camilo prepara tortitas de chocolate, Amelia en cambio prefiere armar pulseritas con lana y a un costado Indra e Iris imaginan que son semillas y se animan a expresarlo con su cuerpo. Los más pequeños del grupo, Simón y Felipe, deambulan por la terraza empujando diferentes juguetes de plástico.
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Foto: Silvina Salinas / La Capital
Adultos que acompañan
“La idea es invitar a los niños al juego, en un escenario que será libre en la medida que el adulto intervenga poco. Estamos muy acostumbrados a decirle al niño lo que tiene que hacer, con quien jugar o qué juguete agarrar y eso no permite que se conecte con su propio deseo o potencial”, señala Pasquali sobre esta propuesta lúdica. Sin embargo, aclara que pueden requerir de la intervención de un adulto en el caso de existir algún conflicto o no cuidar los materiales.
¿Cómo se vinculan a través del juego? “No todos los espacios son para todos los chicos, y cada uno tiene que encontrar el suyo. Son sumamente amorosos entre ellos pero cuando se genera alguna diferencia por un juguete, los ayudamos a que puedan poner en palabras eso que desean”, responde la docente. También se refiere a la emoción que genera en la familia sentarse a presenciar los tiempos de juego de sus hijos.
“Cuando al juego lo dejamos ser se convierte en sanador. A veces les cuesta elegir y te preguntan si pueden jugar a lo que ellos quieren. En ese escenario de juego, observamos cómo se vinculan con otros, manifiestan sus gustos y pueden desplegar su ser”, agrega la coordinadora del taller haciendo hincapié en el rol del adulto que acompaña, respeta este espacio, y juega solo si el niño lo invita.
Entre los juegos espontáneos que suceden en la terraza del taller, recuerda uno en especial que llamó mucho su atención porque reflejaba el estado de conciencia acerca de lo que estaba sucediendo en pandemia y también su inocencia y amor para solucionarlo. “Un día jugando dentro de la casita de madera, los niños empezaron a decir que uno de ellos tenía el virus y que por eso no podían dejarlo entrar, hasta que una nena se puso una camisa blanca y con una varita hizo unos pases mágicos y aseguró haber curado a su compañero”, cuenta María Florencia Pasquali.
"Cuando al juego lo dejamos ser es sanador. En ese escenario observamos cómo se vinculan con otros y manifiestan sus gustos" "Cuando al juego lo dejamos ser es sanador. En ese escenario observamos cómo se vinculan con otros y manifiestan sus gustos"
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Foto: Silvina Salinas / La Capital
La presencia del otro
La educadora María Renée Candia —rectora del nivel superior de la Escuela Normal Superior Nº 2 Juan María Gutiérrez— también aporta su mirada respecto al juego libre e invita a salvaguardar la experiencia del jugar y comprometer a la familia en este objetivo.
Candia se refiere al juego libre como un concepto que a fines de la década del sesenta, y en un contexto militar, impulsó la licenciada en psicología y en ciencias de la educación Hilda Cañeque, con el objetivo de que las infancias pudieran tener otra versión de la realidad, sin intervención del docente y cuyos relatos narraban experiencias donde el adulto aparecía como un jugador más.
“El jugar no es innato y el desarrollo de la capacidad lúdica implica siempre un adulto que en la primera infancia introduce al niño en el campo ficcional y en una matriz lúdico corporal que dejará huellas para toda la vida. La idea de juego libre se asocia más bien con la realidad que viven hoy los chicos sobrecargados de actividades dirigidas, que necesitan desconectarse de la tecnología”, valora Candia.
Cada autor define al jugar de manera diferente. Algunos hablarán de aprender a jugar y otros de aprender a desarrollar la capacidad lúdica. “El jugar motiva la imaginación y siempre requiere de la presencia de otro, pero si tiene una función dirigida ya no será un juego. El adulto o docente es un jugador más y potencia el juego para que el niño se lo apropie y luego pueda modificarlo”, continúa la formadora docente.
"El desarrollo de la capacidad lúdica implica siempre un adulto que en la primera infancia introduce al niño en el campo ficcional" "El desarrollo de la capacidad lúdica implica siempre un adulto que en la primera infancia introduce al niño en el campo ficcional"
La experiencia del juego
Candia invita a pensar el juego libre como aquel que juega porque quiere hacerlo, que se ubica en un tiempo y espacio, sigue reglas, puede crear y es automotivado. “Los chicos están capturados por las pantallas y la experiencia del jugar tiene que ser salvaguardada por los adultos ofreciendo un tiempo y un espacio, entrando y saliendo del juego pero que todos sean jugadores”.
La profesora plantea cuatro miradas del jugar, aunque asegura que hay muchas más: existencial y filosófica, que permite poner al niño en existencia a través del juego; psicológica, porque posibilita la construcción de una subjetividad saludable; una dimensión política que permite la existencia de una realidad paralela y diferente, y en el campo educativo el niño se apropia de la realidad lúdicamente, aprende con otro interactuando.
También menciona algunas características de la acción de jugar planteadas por la doctora en educación Patricia Sarlé. La intersubjetividad donde existe un marco de significación compartida, la construcción de un marco de representación - ficción que hace que en el juego sea algo que en la realidad no lo es, el formato que tiene un juego y la automotivación.
Para Candia, “hay que tener una mirada política y filosófica del juego, que sea profunda y fundante de las infancias, teniendo en cuenta qué tipo de infancia formamos y queremos: una que consuma o que pueda elegir y tenga la presencia del adulto para alojar y contener”.