Dicen que Piñón Fijo es Yabrán, que una ola de baba invade el país de la mano de
los gerontes Bussi, Menem y Menéndez y que una posibilidad para Argentina es cambiar el país y
ponerle otro nombre como Maradonia o Garquilandia. Estos son sólo algunos de los centenares de
títulos que ha llevado en su portada la revista Barcelona, "una solución europea para los problemas
de los argentinos", tal cual la presentan sus propios editores. Atención rosarinos, algunos de
ellos estarán en la ciudad el último viernes de agosto, y algo puede suceder.
Ingrid Beck y Mariano Lucano, directores fundadores, y Diego Parés, dibujante e
ilustrador de la revista, anuncian su desembarco en Rosario de la mano de la publicación pero con
un par de extras por demás de interesantes. Se trata de dos libros editados por Barcelona: Penas de
muerte, de Lucano, y La esperanza fue lo último que se perdió, de Parés (ver aparte), que serán
presentados junto a una muestra de tapas de la revista, en el Centro Audiovisual Rosario (parque
Urquiza), el viernes próximo, a las 19.
El anuncio de la visita acercó las voces de Barcelona hasta Señales a modo de
anticipo de lo que vendrán a charlar con los "comegatos", según dicen que se les escuchó decir. A
ellos se sumó vía email Pablo Marchetti, otro de los fundadores, además de periodista, poeta y
músico.
La cruel crisis de 2001, y su posterior despliegue en 2002, llevó a un grupo de
periodistas y dibujantes a aguzar sus sentidos. Nadie les proponía un trabajo inigualable ni un
gran medio les ofrecía un tentador espacio, simplemente se la vieron venir en cuanto a la
inestabilidad laboral y sin querer compraron eso de que las crisis pueden convertirse en
oportunidades. Así comenzaron a idear una publicación que utiliza como género a la parodia y como
objetivo de ella al periodismo argentino, en particular el gráfico.
Los integrantes de la revista son ante todo amigos, según ellos mismos se
definen. Hace años que vienen trabajando juntos. Se cruzaron en revistas como La Maga o La García.
Durante 2002 hicieron monos y números cero de Barcelona pero, claro, no eran épocas fáciles.
Lucano recuerda aquellos años: "Casi todos los que hoy formamos Barcelona nos
conocimos en La Maga. Después del 98, cuando cerró, otra revista nos juntó y empezamos a descubrir,
en una sección en especial que se llamaba sending fruit, cierto gusto por distorsionar o falsear
algún datito real, y empezamos a fantasear con hacer un medió así".
El entusiasmo los llevó a hacer monos y varios números cero. "Los primeros que
armamos eran bastante molestos porque tenían tamaño sábana. Cae De la Rúa y pensamos que a nuestros
monos nos lo íbamos a meter en el culo, porque cuando los paseábamos la gente se reía y nos decía
que nadie se iba a animar a sacar eso y menos en ese momento", recuerda Lucano.
En 2003 llegó la salvación, al menos del proyecto editorial. "Un tío de Ingrid
vio el mono, le gustó y nos ofreció prestarnos 5 mil pesos. Sacamos cuentas y decidimos hacer una
apuesta vocacional: no ganar un mango. Entonces armamos la redacción en mi casa, y sacamos el
número 1", dice Lucano.
Ingrid Beck agrega que ese tío por entonces vivía en China, pero la plata llegó
igual. Luego, el avance de la publicación hizo que devolvieran peso sobre peso, y si bien no pueden
vivir de la revista, Lucano al menos logró desalojar la redacción del living de su casa. "Ahora
tenemos una oficina", comenta aliviado.
Todo un estilo
La acidez que caracteriza a Barcelona ha llevado a más de uno a criticarla. Sólo
tienen dos pautas de trabajo: no chequear la información ni desgrabar. El sueño de entrecasa de
todo buen periodista.
Sus integrantes admiten que no hay límites al momento de imaginar. "Hacemos lo
que nos gusta", coinciden.
"Para cada revista trabajamos cinco días (con su respectivo fin de semana, acota
Lucano), y los temas salen por consenso", explica Beck. Esa es la forma; si los peros sobre un tema
siguen hasta el final, esa nota no se publica. "En general nos ponemos de acuerdo rápido", señala
Beck. El secreto: años de trabajo conjunto, códigos compartidos y amistad.
Si bien los socios fundadores coinciden en el carácter paródico de la revista,
al detallar el estilo cada uno opina lo suyo. Beck rechaza que el cinismo pasee por las páginas de
Barcelona. "Es bronca, estamos enojados", dice. Lucano cree más bien que los textos e ilustraciones
son producto de una lectura absurda o lisérgica de lo que publican los grandes medios y Marchetti
advierte: "Lo que hacemos es periodismo. Claro que hay un poco de catarsis, parodia y cinismo, en
la acepción más griega del término. Me refiero a los filósofos cínicos, como Diógenes, a los que
llegué vía Michel Onfray, un par de años después de que Barcelona estuviera en la calle. Pero creo
que en la revista hago lo que yo creo que es el periodismo"
"Somos muy respetuosos con el periodismo como género y muy irreverentes con el
resultado periodístico actual", afirma Lucano mientras Beck acelera: "Estamos más bien enojados o
indignados con la forma en que se hace periodismo, en general, con la falta de escrúpulos y de
seriedad para tratar algunos temas".
Marchetti, por su lado, explica qué es Barcelona: "Representa el hartazgo sobre
la idea de que los medios representan la realidad, cuando los medios no hacen más que construir un
relato de ficción con elementos de la realidad. Eso, para mí, es el periodismo. Algo que puede ser
muy interesante (como lo son los buenos relatos de ficción) pero que (como a los buenos relatos de
ficción) no debería tomárselos tan seriamente y, mucho menos, pensar que «eso es la realidad» o que
«eso es la verdad». Por más que, insisto, esos relatos estén construidos con muchos elementos
reales y verídicos".
Como una banda
El primer número de Barcelona salió en abril de 2003 y desde entonces ha
crecido, sin prisa pero sin pausa, para llegar por estos días a tirar 19.500 ejemplares cada quince
días.
Una decena de periodistas, dibujantes, diagramadores e ilustradores se encarga
de su realización. Funcionan de una manera particular: desde la fundación, su staff casi no cambió.
Son los mismos, no hay incorporaciones. Alguna vez sus mentores explicaron que son como una banda
de rock, tiene una formación básica cuyos miembros no varían.
Para su integrantes, diarios como Clarín "son una Biblia". Es que en ellos se
inspiran para organizar el sumario de cada edición. Donde ante todo buscan leer entrelíneas o el
absurdo de cierto lenguaje que encorseta la realidad dentro de determinados códigos. Igual, no
creen que el lugar desde el cual producen la revista pueda compararse con un tribunal que juzga lo
publicado.
Así lo define Lucano: "Si nos pusiéramos en el lugar de un tribunal
postularíamos una mirada y nosotros lo que hacemos es un ejercicio mucho más Dadá; lo que hacemos
es descalificar las miradas existentes, no postulamos una nueva mirada. Desde ese punto de vista no
coincido con lo del tribunal, si querés poné que somos unos boludos que nos la pasamos riendo de lo
que se nos cruza ante la mirada, pero no creo que estemos juzgando. Lo dirá el tiempo, la historia
nos absolverá o nos guillotinará".