"Alguna vez dije que Fragmentos de un discurso amoroso sería mi libro más leído
y más rápidamente olvidado", dijo en vida el crítico literario y sociólogo francés Roland Barthes
(1915-1980). Un pronóstico equivocado, ya que la obra, a más de treinta años de su primera
aparición, sigue siendo publicada con gran interés del público.
Difícil de hallar hasta su reciente reedición por parte de Siglo XXI Editores,
Fragmentos de un discurso amoroso demuestra la actualidad de un texto que habla sobre la
trivialidad del amor pero también sobre su radicalidad, "asfixiado detrás del erotismo, la
sexualidad, la pornografía, la publicidad, el cuidado del cuerpo y el consumo mediático".
Erudito y transparente a un mismo tiempo, el libro es un muestrario de los
lugares comunes sobre el amor y una demolición de esos mismos lugares comunes, en una suerte de
tratado sobre el lenguaje amoroso, que va desde lo "adorable" y la "angustia", hasta la "espera",
lo "insoportable" y la "ternura".
En su primera conferencia en el prestigioso Collège de France (1977), y poco
antes de la aparición de esta obra, Barthes se definió a sí mismo como "un sujeto incierto",
demasiado literario para los lingüistas, que siempre lo consideraron un intruso; demasiado
lingüista para los críticos literarios, que pocas veces llegaron a entenderlo.
Fragmentos de un discurso amoroso se convirtió en uno de los grandes libros de
culto de la literatura francesa del siglo XX. Con este libro, el escritor francés sentó las bases
de una aproximación a la literatura que tomara los presupuestos del estructuralismo y la semiología
como fundamento para la creación de una verdadera ciencia del texto.
Barthes había pensado que Fragmentos... sería su libro "más rápidamente
olvidado", porque, según advirtió, llegó a un público que no era el suyo. "No era un libro muy
intelectual —dijo— sino bastante proyectivo, en el que uno puede proyectarse no a
partir de una situación cultural sino a partir de una situación que es la amorosa".
Sin embargo, los primeros 15 mil ejemplares aparecidos en 1977 se agotaron
enseguida y a fines de ese año el número llegaba a 80 mil copias. Mientras, el autor encontró un
nuevo y más amplio público para sus ideas, que incluía a la revista Playboy, Elle y una aparición
en un popular programa de la televisión francesa.
Mezcla de diario, ensayo y ficción, Barthes extrae fragmentos de textos de
origen diverso, como el Werther, de Goethe; El banquete, de Platón, del psicoanálisis (textos de
Freud) y de Nietzsche, entre otros, para zambullirse en "el discurso de un sujeto enamorado".
"El enamorado es el semiólogo salvaje en estado puro. Se la pasa leyendo signos.
No hace otra cosa: signos de felicidad, signos de desgracia. En la cara de los demás, en sus
comportamientos... Está realmente al acecho de los signos", sostuvo.
Autor de El grado cero de la escritura (1953), Sobre Racine (1964), S/Z (1970),
El imperio de los signos (1970) y El placer del texto (1973), Barthes murió en 1980, atropellado
por una camioneta de lavandería cerca de La Sorbona, en un hecho que su amigo Michael Foucault
clasificó como "la violencia estúpida de las cosas".