Cada 14 de junio, el mundo se detiene un momento para agradecer a quienes hacen posible algo extraordinario con un gesto simple: donar sangre. Este año, la Organización Mundial de la Salud eligió como lema de su campaña "Una gota de humanidad. Donemos sangre. Salvemos vidas". Y no es casualidad: cada donación lleva dentro compasión, solidaridad y cuidado hacia los demás. La fecha fue establecida en honor al nacimiento de Karl Landsteiner, el científico que descubrió el sistema de grupos sanguíneos ABO, un hallazgo que hizo posible las transfusiones seguras tal como las conocemos hoy.
¿Para qué se usa la sangre que se dona? "Mucha gente no sabe lo amplio que es el destino de una donación. La sangre y sus componentes son fundamentales en situaciones muy diversas", dice la Dra. Sofía Bonetti, Jefa del Servicio de Medicina Transfusional de Grupo Gamma. La donación no termina en una bolsa almacenada: atraviesa un proceso de fraccionamiento, análisis y clasificación antes de llegar al paciente que la necesita.
Las transfusiones de sangre son fundamentales para el tratamiento de numerosas situaciones médicas, entre ellas las anemias y otros déficits asociados a enfermedades oncológicas y hematológicas. También resultan esenciales ante hemorragias durante el embarazo o el parto, en casos de anemia grave en niños y niñas, y durante cirugías, trasplantes y procedimientos médicos de alta complejidad. Además, desempeñan un papel clave en la atención de emergencias, politraumatismos y catástrofes, donde la disponibilidad de sangre puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
"Hay algo más que muchos desconocen: el plasma de cientos de donantes que no se usa directamente en transfusiones puede transformarse en medicamentos vitales, como factores de coagulación, inmunoglobulinas o albúmina. Una sola donación puede tener un impacto mucho mayor de lo que imaginamos", agrega la especialista. Estos derivados plasmáticos son esenciales para pacientes con enfermedades raras, inmunodeficiencias o trastornos de la coagulación como la hemofilia.
Por qué es mejor ser donante habitual
Existe una diferencia importante entre donar sangre una vez —porque alguien cercano lo necesita— y convertirse en donante voluntario habitual. El donante frecuente no solo asegura que haya sangre disponible cuando más se necesita: también contribuye a que esa sangre sea más segura. Argentina todavía depende en gran medida de la donación por reposición, es decir, cuando un familiar o conocido del paciente dona para cubrir lo utilizado. El objetivo sanitario es avanzar hacia un modelo de donación 100% voluntaria y no remunerada, como recomienda la OMS.
Los estudios muestran que la incidencia de infecciones transmisibles por sangre es significativamente menor en donantes frecuentes. Quien dona con regularidad conoce su estado de salud, sabe cuándo está en condiciones y forma parte de un sistema de seguimiento continuo. Esa constancia genera confianza en el sistema y reduce riesgos para quienes reciben las transfusiones.
Mitos que ya es tiempo de abandonar
"A lo largo de los años, hemos visto cómo ciertos miedos alejaban a muchas personas de la posibilidad de donar. La buena noticia es que en las generaciones más jóvenes estos mitos están desapareciendo. Pero vale la pena desmitificarlos", afirma la Dra. Bonetti.
"Me voy a sentir mal todo el día": la gran mayoría de los donantes retoman sus actividades normales sin ningún inconveniente. "Me voy a contagiar algo": todo el material utilizado es descartable y de uso único, el proceso es completamente seguro. "Voy a quedar anémico/a": el cuerpo repone el volumen de sangre donado en pocas horas, y los glóbulos rojos se recuperan en semanas. "Hay que venir en ayunas": al contrario, se recomienda haber comido liviano y estar bien hidratado antes de donar.
¿Quién puede donar y con qué frecuencia? Los donantes deben tener entre 16 y 65 años, pesar más de 50 kilos y gozar de buen estado de salud. En términos generales, una mujer puede donar hasta 3 veces al año y un hombre hasta 4 veces, con un mínimo de 8 semanas entre cada donación. Antes de donar, el equipo médico realiza una entrevista con revisión de antecedentes, medicaciones, control de presión arterial y una prueba rápida para descartar anemia.
Donar sangre es uno de los actos más solidarios que existe: no cuesta nada, no duele demasiado y puede salvar hasta cuatro vidas. Quienes reúnen las condiciones necesarias también pueden inscribirse al Registro Nacional de Células Progenitoras Hematopoyéticas del INCUCAI, quedando así en lista para ser donante de médula ósea cuando un enfermo compatible lo requiera. "En Grupo Gamma invitamos a toda la población a ser parte de este movimiento", concluye la Dra. Bonetti.
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