En relación a las tecnologías (diría, antes de la Pandemia) pensaba que una cosa era el mundo real (o presencial) y otra cosa muy distinta era el mundo virtual, el mundo de Internet. Pero algo cambió. Por mi trabajo, pude conversar con adolescentes que sufrieron ciberbullying y rápidamente comprendí que lo que se genera en el mundo virtual, no es para nada “simulación de lo real”, como antes definía a ese mundo.
La violencia que se ejerce “virtualmente” se sufre en “carne y hueso”, lejos de algoritmos.
Para la Ciberpsicología, que es un campo interdisciplinar en la que intervienen principalmente dos ciencias, la Psicología y las Ciencias de la computación es más prudente y preciso hablar de entornos online o digitales al hacer referencia a ese mundo virtual. En esos entornos es donde se realizan las actividades mediadas con tecnologías. Así, como en la realidad presencial los entornos en los cuales nosotros participamos están constituidos de manera tal que no podemos hacer cualquier cosa, lo mismo termina ocurriendo en los entornos digitales, online. Por ejemplo, algunas cosas podemos hacer en redes sociales como Instagram o Tik Tok, y otras en videojuegos como Mortal Kombat o en el Fifa.
Sebastián Bortnik, autor del libro Guía para la crianza en un mundo digital, destaca que en Internet, lo que las palabras connotan, es importante: “Decir que hay un mundo virtual, en el que hay amenazas virtuales es una manera de subestimar los riesgos o la idea de que lo que pasa en Internet no pasa”. Si les decimos a los chicos que Internet no es real, es muy probable que bajen las defensas porque ahí, no hay algo de qué preocuparse.
No creo que les enseñemos a los chicos cuando empiezan a salir solos a la calle que no hay accidentes de tránsitos, que no hay robos, o que no hay que hablar con desconocidos. O que un chico empiece a usar los cubiertos sin saber que el cuchillo es peligroso… ya se lo explicamos cientos de veces. Pero con Internet pasa algo distinto. Mi sensación es que se sobreestima el control que los chicos tienen sobre el uso de las tecnologías porque los vemos tan genios usándolas que confundimos facilidad de uso con educación y cuidado. Básicamente, les abrimos la puerta de Internet sin avisarles de los riesgos que hay en ese entorno. La idea generalizada es que los niños la tienen tan clara con la tecnología que no hay nada que hacer como adultos. Los chicos deberían saber en qué entorno digital hay que tener cuidado, o en qué situaciones hay que decir que no y en qué situaciones hay que pedir ayuda.
La tecnología está cambiando nuestra forma de ser, de comunicarnos. Hay un cambio radical respecto de lo que era la amistad y el juego. La educación tampoco es la misma. Hasta la forma de gobernar cambió. El escritor italiano Alessandro Baricco lo describe muy bien: “Lo que estamos viviendo no es una revolución tecnológica, es una revolución cultural”. Y si bien no hay que exagerar, para evitar generar más miedo y preocupación que conciencia, está bien darles a las tecnologías la magnitud que realmente tienen. Es ahora.