“Los pacientes que nosotros tratamos vienen a buscar una oportunidad”, dice Daniel Mahuad, médico especialista en vías biliares, páncreas y trasplante, y de inmediato agrega: “Y esa oportunidad no soy yo sino el proceso que uno debe garantizarle a esa persona”.
El profesional, de 43 años, es uno de los pocos en el país con esa formación específica. Se recibió en la Universidad Nacional de Rosario, siendo uno de los mejores promedios de su camada, e inició de inmediato un camino que lo llevó a ser hoy uno de los referentes en la temática, al punto de que los buscan desde distintas provincias, e incluso del exterior, para operaciones complejas que comprometen especialmente al hígado.
Durante la charla, el joven especialista, que ya cosechó un montón de méritos, hablará en más de una oportunidad de que su trabajo sería imposible de realizar sin un grupo de médicos, técnicos y asistentes que compartan los mismos valores y convicciones. “Es el trabajo en el equipo el que nos salva”, asegura Mahuad.
Es que en la medicina, y sobre todo en especialidades como las de Mahuad, donde en cada intervención se intenta ganar una carrera contra el tiempo, no alcanza solo con la vocación y los conocimientos, ni siquiera con el talento. Como lo describe el propio médico, “esta profesión es un estilo de vida” que implica enormes esfuerzos, dedicación casi absoluta, y una entrega que impide muchísimas veces compartir momentos con la familia (los cotidianos, las fechas especiales), tener espacio para el descanso y el ocio, una vida “más normal”.
“Dormí dos años en un sillón”, rememora, cuando repasa los tiempos de la residencia en el Hospital Austral de Buenos Aires, la formación específica en trasplantes y cirugía multiorgánica que también hizo en Favaloro, o cuando al principio, pasaba dos o tres días sin volver a su casa porque quería quedarse lo más cerca posible del paciente que acababa de operar, para controlar que todo estuviera bien o lo mejor posible.
Mahuad estuvo en España capacitándose en el Hospital de Clinic de Barcelona (“la meca de los trasplantes de hígado y el cáncer de hígado”) gracias a una beca que le otorgaron dos de sus grandes maestros: Gustavo Podestá y Oscar Andreani (“profesionales que aun hoy hacen la diferencia en esta especialidad en la Argentina”), y como muchos de sus colegas sigue estudiando a diario porque la formación en medicina no tiene una meta ni un punto a alcanzar.
Volver
Después de las experiencias en Buenos Aires y en el exterior, Daniel Mahuad, regresó a su ciudad. Con su mujer, Silvina, y ya con dos hijos (tiene tres: Rosario, Mercedes y Rafael) decidieron volver para darles una mejor calidad de vida que la que les ofrecía la gran urbe porteña. Sin embargo, durante mucho tiempo vivía en Rosario y seguía ejerciendo su profesión en Buenos Aires, part time.
Así, mientras trabajaba en el Sanatorio Los Arroyos, en el centro rosarino, y en el Austral, en Pilar, empezó a tomar forma el proyecto del Hospital Privado de Rosario que se inauguró en 2017. La Unidad de Hígado, que incluye al Equipo de Trasplante Hepático, fue presentada como una de las estrellas del flamante centro de salud. “Hacemos alta complejidad con todas las letras, y eso implica tener los quirófanos adecuados y un gran equipo sin el cual no podríamos hacer nada de lo que hacemos. Si yo no cuento con terapistas, anestesiólogos, enfermería y todos los profesionales que me son parte, no podría garantizarle al paciente ese proceso del que hablo, y es en lo que nos enfocamos, porque muchas veces las cosas salen bien y otras no. Es una especialidad donde la mayoría llega en situaciones extremadamente complicadas”, remarcó.
Los trasplantes de hígado se realizan por diversos motivos, entre los más frecuentes en adultos se encuentran: hepatitis fulminante, y cirrosis, otras enfermedades más raras, y ya se está avanzando en trasplante hepático en personas con metástasis en este órgano por un cáncer primario en colon. “Ya tenemos tres pacientes que estamos evaluando para este procedimiento”, comenta Mahuad.
El trasplante, en general, no se puede programar. Cuando se trata de un operativo con donante cadavérico (en hígado también puede hacerse con donante vivo, o autotrasplante en muy pocos casos), y ya sea que el paciente esté hace un tiempo en lista de espera o se trate de una emergencia, el desafío es contundente: hay que ganarle al tiempo.
Emociones
Durante la entrevista Mahuad hablará varias veces con los ojos repletos de lágrimas. Aquel chico nacido en Rosario, en República de la Sexta, hijo de un neumonólogo y una investigadora, guarda intacta su sensibilidad, algo que en realidad valora y agradece, aunque hacerse cargo de las emociones y dejarlas salir tenga, en general, un costo, en el sentido de que es muy difícil que poniendo cuerpo y alma en la tarea uno pueda desprenderse de su rol. “No puedo entender a la medicina alejada del paciente. Yo me involucro, muchos de ellos terminan siendo mis amigos porque, además, una vez que los opero los sigo viendo durante años ya que son situaciones que requieren controles, a veces otros tratamientos, nuevas operaciones. El compromiso y la empatía son fundamentales en esto”, destaca.
El médico recuerda en la entrevista a un montón de personas a las que le tocó operar y acompañar. Hombres y mujeres de todas las edades, algunos muy jóvenes. Aquellos que lo miraron a los ojos y le pidieron que les de algunos días o semanas más de vida. Los que la pelearon con toda y tuvieron la mejor atención pero igualmente no funcionó. Los que hoy lo van a ver, años después, y agradecen tener una muy buena calidad de vida cuando estaban casi sin ninguna chance.
“En esta especialidad, como decía uno de mis maestros, estás tan cerca del Premio Nobel como de la patada en el traste”, resume con sencillez el médico, dando cuenta de que la humildad es uno de los valores que más atesora, y “es lo que te permite seguir, y sobre todo, trabajar con una red, porque nadie es imprescindible”.