Ahora que la selección argentina logró el oro de la tercera Copa del Mundo es justo reconocer el trabajo silencioso del otro Lionel, el director técnico Scaloni, el que no juega pero atesora el mérito de haber ganado a los 44 años este cetro y, además, la Copa América, en el Maracanazo de Brasil, los dos mayores títulos con los que superó en resultados a los otros dos entrenadores más importantes de la gloriosa historia del seleccionado nacional: el Flaco Menotti, campeón en Argentina 1978, y Carlos Bilardo, en México 1986, quienes no obtuvieron la Copa América. Además, la selección de Scaloni le ganó a Italia la Finalíssima, entre el ganador de la Copa América y el de la Eurocopa.
Menotti, uno de los mejores técnicos del fútbol argentino, le dio a la selección el reconocimiento del que carecía en nuestro país, en una tarea que continuaron Bilardo, desde afuera, y Diego Maradona, desde adentro, con su conmovedora defensa de la camiseta, como cuando se infiltró él mismo para poder jugar la semifinal contra Brasil, en el Mundial Italia 1990.
El Flaco Menotti ganó el título de local, con el inestimable apoyo de los hinchas, a diferencia de Bilardo, quien lo hizo en el verano de México, y de esta Copa de Scaloni, lograda en el otoño caliente de Qatar.
El técnico de Pujato aceptó conducir a un grupo que venía de sufrir varios golpes de nocaut, como la final del Mundial Brasil 2014 y las definiciones de la Copa América de 2015 en Chile y de 2016 en los Estados Unidos, ambas contra Chile, y con paciencia de artesano construyó un equipo sólido con jugadores de buen pie, que acompañaron al capitán Leo Messi.
Esta selección carece de un 5 clásico como Javier Mascherano -como además no abundan en el fútbol actual-, pero cuenta con volantes mixtos, de buen juego, que le dieron volumen y que, además, corren muchísimo, como Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y Alexis Mac Allister, a quienes se sumó la sorprendente aparición de Enzo Fernández, el pibe exRiver que hace dos años jugaba a préstamo en Defensa y Justicia y ahora firmó un contrato con Liverpool y fue elegido ayer como la relevacion del Mundial
A partir de la figura de Messi, el único jugador al que con un criterio entendible nunca saca de la cancha, Scaloni convocó a algunos laderos de su confianza, como Ángel Di María, que apareció como el segundo jugador más importante del equipo.
Di María fue un jugador clave en los primeros partidos, en los que Scaloni dosificó su desgaste hasta que se lesionó y debió dejarlo afuera hasta el encuentro de ayer, cuando acertó y sorprendió con su vuelta al equipo como volante izquierdo, con el que plantó un 4-4-2 con el que superó a Francia hasta los 80 minutos. A Di María le hicieron de entrada un penal “finito”, cuando Dembelé lo tocó desde atrás, con el que Messi abrió el camino al título. Sin embargo, Di María debió salir en el final, seguramente porque no estaba en condiones de jugar los 90 minutos porque volvía de una lesión muscular que lo había dejado varios partidos afuera del equipo y la selección sufrió su ausencia, al extremo que careció de ataques punzantes. Además, Otamendi no sacó la pelota como venía en un envío largo cerca del final y cometió el penal que convirtió Mbappé y que puso a Francia otra vez en partido.
Otro jugador clave de Scaloni era Lautaro Martínez, su centrodelantero titular en el comienzo del Mundial hasta que perdió el puesto con Julián Álvarez, un momento en el que el entrenador mostró la inteligencia de respetarlo y de darle la titularidad al que andaba mejor.
Scaloni acertó también con la convocatoria de algunos jugadores con poco recorrido en el fútbol argentino, pero que le rindieron como el Dibu Martínez, Nahuel Molina, el Cuti Romero -quien hace un puñado de años jugaba en Belgrano- y Giovani Lo Celso.
Scaloni levantó el ánimo del equipo luego de la impensada derrota contra Arabia Saudita en el debut, cuando ganaba con el penal de Messi, pero le anularon tres tantos por posiciones adelantadas sancionadas por el VAR y sufrió dos golazos en una ráfaga en el complemento. “Cuando perdimos con Arabia nos fuimos calladitos y al otro día volvimos a entrenarnos para levantarnos” recordó Scaloni cuando salió a defender a sus jugadores de las críticas aviesas de algunos cronistas nacionales y extranjeros por algunos incidentes que protagonizaron en el duro partido en el vencieron por penales a Países Bajos.
Desde entonces Scaloni mostró el mérito de conducir a un equipo que jugó seis finales porque desde el partido contra México estuvo obligado a ganar para seguir en el Mundial. Y el equipo aprendió a convivir con esa presión, con la que sorteó con un buen juego y autoridad la fase de grupos y los partidos contra Australia y Croacia.
El partido contra Países Bajos, que como el de ayer le empató en dos goles en los 90 minutos, sufrió más por yerros individuales que por errores del conductor. En este punto en el partido de ayer se le puede cargar a Scaloni no haber puesto antes a Leandro Paredes para compensar al equipo y cuidar el resultado, pero el técnico no es el único ni el último responsable de los errores puntuales de un jugador, que también son parte del juego.
"Contra Arabia recibimos una piña, por esas cosas que solamente pasan en este deporte, pero nos levantamos y segimos apostando por lo mismo, fuimos a buscar otra oportunidad y finalmente se nos dio porque los jugadores y Leo se lo merecen”, explicó ayer el otro Lionel, el conductor de la selección argentina que logró su tercera Copa del Mundo, con la que superó en resultados a Menotti y a Bilardo. Como el oro, que se prueba en el fuego, Scaloni aceptó conducir a un grupo golpeado, hizo un trabajo artesanal de construcción de un equpo solido desde el buen juego y ayer alcanzó el mayor logro del fútbol argentino en los últimos 36 años. Un logro tan valioso como sus lágrimas, las de Di María y las de cada hincha, que ayer colapsaron las ciudades y pueblos de la patria futbolera en el festejo más esperado. Como dijo el propio Saloni: “Hoy el país es un poco más feliz”.